Los músicos se deshacen de sus canciones para asegurar sus ingresos

La incertidumbre por la pandemia impulsa a los artistas a vender sus catálogos

Discográficas y fondos de inversión asumen el riesgo de que los derechos no alcancen los ingresos estimados

De izquierda a derecha y de arriba abajo: Bob Dylan, Sting, Shakira y Bruce Springsteen. Todos ellos han vendido sus catálogos de canciones a grandes discográficas o fondos de inversión en los últimos meses.
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Bob Dylan, Sting, Shakira y Bruce Springsteen. Todos ellos han vendido sus catálogos de canciones a grandes discográficas o fondos de inversión en los últimos meses. Getty Images

El récord lo batió Bruce Springsteen cuando en diciembre vendió su catálogo musical por 500 millones de dólares a Sony Music, pero son muchos los artistas que han tomado la misma decisión recientemente. Como Bob Dylan, que después de vender los derechos de autor de sus composiciones a Universal por más de 300 millones de dólares, en enero traspasó su catálogo de grabaciones y los derechos de sus futuros lanzamientos a Sony por unos 200 millones más. Shakira vendió todos los derechos de sus 145 canciones (no se sabe por cuánto) a Hipgnosis Song Fund en enero de 2021, y uno de los últimos ha sido Sting, que este febrero vendió todo su catálogo en una operación valorada en más de 250 millones de dólares a Universal.

Los catálogos musicales han sido objeto de comercialización desde hace años, pero a partir de 2020 estas transacciones se han vuelto una práctica habitual por tres principales motivos, según explica la abogada de Legal & Arts Paula Sánchez: la cancelación de eventos en directo por la pandemia, la desaparición de las ventas físicas de álbumes sustituidas por el streaming y el retraso en el cobro de los royalties en este formato. “Para el artista es beneficioso en términos generales, pues los impuestos que se abonan por los royalties, los llamados impuestos artísticos, son mayores a largo plazo en cada liquidación que los impuestos pagados por una transacción de esta magnitud”, asegura.

En cuanto a los riesgos, la abogada reconoce que, en general, son asumidos por la compañía discográfica o el fondo de inversión. “Apuestan por artistas en auge que puede que al cabo de los años desaparezcan de las principales listas y no generen los ingresos esperados, dado el carácter cambiante de esta industria”, resume Sánchez.

En el caso de Hipgnosis, que además de la discografía completa de Shakira también se ha hecho con el repertorio de Neil Young, Enrique Iglesias, Red Hot Chili Peppers o 50 Cent, entre otros muchos, los pronósticos no solo se están cumpliendo, de momento, sino que incluso se han superado. “El VAF [variación contra el pronóstico, por sus siglas en inglé] para todos los catálogos poseídos al 30 de septiembre de 2020 fue de +0,4%, lo que significa que los ingresos del estado de regalías son, en conjunto, más altos que los pronosticados en el momento de la adquisición”, afirma en su página web. En total, la empresa británica fundada por Merck Mercuriadis cuenta con 146 catálogos y 65.413 canciones que lideran las listas de éxitos de todo el mundo.

Este tipo de fondos de inversión, según indica el director de la firma legal especializada en industria musical Sympathy for the Lawyer, Manuel López, son un actor nuevo en el negocio de la música y tienen una posición independiente frente a las entidades de gestión colectiva. “Eso va a influir en la presión que ejercerán para negociar un cambio en las condiciones económicas para sus catálogos, sobre todo en el reparto del dinero que llega del streaming (cuánto va para el propietario del máster y cuánto va para el de los derechos de autor de la composición)”, advierte.

En cualquier caso, López insiste en que la propiedad intelectual vinculada a la música es un valioso negocio porque permite proyectar a futuro la generación de unos ingresos estables sobre catálogos consolidados: “Hay muchas opciones para abrir nuevas vías de ingreso a canciones que estaban acumulando polvo sin que nadie las moviera por el mundo audiovisual, comercial, videojuegos u otros sectores que podrían interesarse en música como elemento de valor”.

Aun así, en España es difícil que ocurra. Por una parte, la Ley de Propiedad Intelectual no permite vender los derechos de explotación sobre las creaciones, solo cederlos por un tiempo y territorio determinados, y, además, para formar parte de la SGAE los autores deben adquirir, al menos, el 50% de los ingresos que se van generando con la explotación de su obra. “Esto complica la aparición de este tipo de transacciones, pero ya son numerosas las voces que abogan por un cambio en la ley que flexibilice la situación y abra la puerta a otro tipo de transmisión y comercialización de los derechos sobre las obras”, confiesa Sánchez.

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