La fiesta creativa de Dubuffet se exhibe en Bilbao

El Guggenheim examina en 'Jean Dubuffet: ferviente celebración' las décadas decisivas de la carrera del artista

Una mujer observa la obra 'Nunc Stans' (1985).
Una mujer observa la obra 'Nunc Stans' (1985).

Pintura, dibujo, collage, litografía, escultura, performance. Diferentes disciplinas en un mismo artista, que se mueve entre la figuración y la abstracción, ahondando en diversas composiciones alejadas de normas y encorsetamientos. Porque si algo pretendió Jean Dubuffet (El Havre, Francia, 1901, París, 1985) a lo largo de su prolífica carrera fue compartir con el público nuevas y sorprendentes perspectivas. Una muestra de todo este trabajo puede verse desde este jueves y hasta el 21 de agosto en la exposición del Museo Guggenheim de Bilbao, que examina en Jean Dubuffet: ferviente celebración, patrocinada por BBK, las décadas decisivas de la carrera del artista, desde el comienzo de sus creaciones artísticas en los años 40 hasta las últimas series que completa en 1984.

A pesar de que comenzó a estudiar a los 17 años en la reconocida Académie Julien, empezó a trabajar en un negocio familiar de distribución de vinos y no comenzó a dedicarse a su verdadera vocación hasta 1942, con 41 años, en Paris, que en ese momento estaba ocupada por los nazis. Hasta el final de sus días y aquejado de fuertes dolores de espalda, estuvo trabajando con dificultad, que solventó pintando diferentes hojas que unía para resolver la pieza artística. Se puede observar, por ejemplo, en la obra Mira G 132 (Kowloon), pintado dos años antes de su muerte, un préstamo que la pinacoteca bilbaína recibe, como buena parte de la muestra, de los fondos del Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, institución que mantuvo una estrecha relación con el artista, complementados por una selección de obras procedentes de la Peggy Guggenheim Collection de Venecia.

En el recorrido destacan los tres paneles de más de ocho metros de longitud que componen la obra más conocida del artista, El momento propício (1962), que a pesar de lo que parece no es un obra abstracta. En su laberinto incluye cuatro caras, que al final se extienden por toda la pieza, en un juego entre la percepción y la realidad. Si por algo destaca es por su capacidad para crear confusión. Es en la década de sesenta cuando inicia el ciclo Hourloupe, con una serie de pinturas y esculturas en las que destacan sus celdas entrelazadas, repletas de rayas paralelas, fundamentalmente en color rojo, azul y blanco. Esta época está representada en piezas como Nunc Stans (1965) o Bidon /Esbroufe (1967).

Desde la primera etapa de su carrera ya comenzó a repensar el concepto de belleza y se esmeró en demostrar que cualquier situación cotidiana o cualquier material por simple que sea puede ser digno de admirar. Un ejemplo de ello: Retrato del soldado Lucien Geominne (1950) o en la serie titulado Cuerpos de damas (1950-51).

Durante su última fase creativa, Dubuffet se centra en los mecanismos de la mente, especialmente en lo que respecta a su relación con el mundo exterior. Se observa en la anteriormente cita da Mira G 132 y en Premisa (1984), en las que destaca un laberinto de líneas en las que no se reconoce ninguna iconografía. Una muestra en la que el artista contagia al visitante su manera de expresar la frágil línea que separa lo real de lo soñado.

Normas
Entra en El País para participar