Carlota Pi: “Cuanto más sube la luz más sentido tiene la revolución de los tejados”

Acaba de recibir el Premio CincoDías al directivo más innovador del año. La clave de su liderazgo: el optimismo y buscar soluciones. El objetivo para 2023 es alcanzar un millón de clientes y 50.000 instalaciones fotovoltaicas en España

Carlota Pi, cofundadora y presidenta ejecutiva de Holaluz.
Carlota Pi, cofundadora y presidenta ejecutiva de Holaluz.

Está satisfecha porque asegura que este reconocimiento es fruto del trabajo bien hecho, que recoge en nombre de todo el equipo. Se siente una más entre las casi 300 personas que lo componen. Carlota Pi (Barcelona, 1976) es cofundadora, junto a Oriol Vila y Ferran Nogué, y presidenta ejecutiva de Holaluz, compañía que ha revolucionado el sector eléctrico español con su apuesta de conectar a las personas a la energía. Y si algo derrocha esta ejecutiva es energía y optimismo, convencida de que cada persona, desde su ámbito, por pequeño que sea, puede contribuir a cambiar el mundo. Su propósito: que el planeta se mueva gracias a las energías renovables. Ingeniera industrial y máster en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), cuenta con un MBA de IESE y otro en Business Management por la New York University (NYU). Durante una década fue profesora de Eficiencia Energética y del Máster en Gestión de Energías Renovables de la Universitat de Barcelona (UB). Acaba de recibir el galardón al directivo más innovador en 2021 en los Premios CincoDías a la Innovación Empresarial.

Cuando montaron Holaluz, ¿pensaron que llegaría a ser una compañía tan innovadora?

Ya cuando fundamos la compañía pensamos en crear una herramienta poderosa que cambiara el planeta. Y luego, desde mi experiencia vital, creo que las personas han de estar cien por cien empoderadas y en el ejercicio salvaje de la libertad para contribuir a ese cambio. Además, desde mi experiencia, tuve que crear un modelo de empresa basado en la productividad y la confianza. Cumplimos los criterios ESG, que miden factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo, y tenemos el certificado con ese rating, que todos los fondos de inversión tienen obligación de mirar. En este sentido, somo el número uno del ranking mundial de ESG en compañías eléctricas, de las que hay 436, de Sustainalytics, la agencia que se encarga de medir estos parámetros. Estamos en alineación con los intereses de nuestros accionistas, de nuestro equipo, que va en sintonía con la ejecución de nuestros valores. Somos capaces de ganar dinero gracias a hacer el bien, con unos valores alineados con la empresa.

¿Son una empresa contemporánea, en línea con lo que demanda el mercado?

Es lo que te pide el regulador. Nadie va a invertir en alguien que no tenga un mínimo de este tipo de valores. En las empresas no puede haber brecha salarial ni mano de obra ilegal. Los inversores tienen la obligación de invertir en empresas que tengan ESG. Y eso es lo que hemos hecho nosotros, montar una empresa sobre nuevos valores, y eso está certificado. Creemos en el movimiento de capitalismo consciente, que está de rabiosa actualidad y es casi de obligado cumplimiento. Al ser una empresa cotizada en Bolsa tenemos la obligación de entregar valor a los accionistas y a los stakeholders. Hace diez años nos miraban como bichos raros y hoy es casi una obligación.

¿Cuál es la clave de su liderazgo?

Si tengo que elegir algo sería el optimismo, soy una defensora de pensar bien, de que cualquier cosa es posible. Hay que rodearse de gente optimista y buscar soluciones a los retos que se van planteando. Pero no hay que confundir el optimismo con el buenrrollis­mo. Lo primero tiene que ver con alcanzar cualquier meta desde el punto de vista de que todo es posible. No entiendo el liderazgo desde el machaque, sino desde del optimismo. Y esto desencadena muchas cosas, como dar espacio a las personas para que se puedan equivocar y hacer que las cosas pasen.

Después de haber salido a cotizar en 2019 en el BME Growth, ¿en qué momento se encuentra Holaluz?

Hemos tenido siempre una mezcla de optimismo e inconsciencia. No nos fijamos en lo que hace la competencia, porque nuestro objetivo es cubrir metros cuadrados de tejados solares. Hemos alcanzado más de 378.000 clientes y más de 6.000 instalaciones fotovoltaicas en diez años, y mantenemos el objetivo de alcanzar el millón de clientes y 50.000 tejados en 2023. Ahora, con el Covid, con precios históricos de la luz, el gas caro y contaminante que procede del grifo ruso y del argelino, todo esto nos da la razón a nosotros. El viento es fuerte, hace frío, pero nosotros vamos bien abrigados. Cuanto más sube el precio de la luz y el gas, que además es contaminante, más sentido tiene la revolución de los tejados. Nosotros entregamos ahorro por el uso intensivo de la tecnología y de los datos. De 27 millones de tejados hay 10 que tienen un tejado técnicamente viable para ser verde. Y esto va a ser tan estándar como lo es tener cuarto de baño o tener un smartphone. Tener placas solares fotovoltaicas va a ser algo normal. Y cuando triunfe esa revolución será cuando tengamos 100.000 tejados verdes, será entonces cuando habremos cambiado la forma de producir luz en el país del sol. Vamos a ser capaces de convertir los tejados en productores de electricidad verde, y eso va a repercutir en el precio, ya que se necesitarán menos megavatios, a la vez que resuelve un problema medioambiental debido a la reducción del CO2.

¿España ha entendido tarde el cambio de modelo energético?

La política energética desde 2018 es favorable a las renovables, pero vamos por detrás de la Unión Europea. Hay más paneles solares en Bruselas que en toda España. Podría ser más favorable, pero la regulación va por detrás de la realidad. De todas formas, nosotros seguimos a lo nuestro, que es entregar ahorro a nuestros clientes de entre el 10% al 70% en la factura. Nos queda mucho por hacer, y lo bueno es que nos seguimos divirtiendo, con la intención de escalar, con un equipo de tecnología más sofisticado. Nos queda todo por hacer.

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