Régimen fiscal

Los argumentos de las islas para abrirse camino en el trabajo remoto

Los argumentos de las islas para abrirse camino en el trabajo remoto

Canarias se encuentra alejada de los polos económicos de mayor envergadura en el mundo desarrollado. Pero para el trabajo remoto, ese nuevo paradigma que se abre paso al amparo de una pandemia que dura ya casi dos años, es posible formular la pregunta al revés: ¿lejos de dónde está Canarias? Para empezar, las islas cuentan con el aval de ser un destino turístico de una calidad acreditada, lo cual ha derivado a su vez en un aserto un tanto masoquista interiorizado por la sociedad de las islas: somos un buen lugar para vivir, pero no para trabajar. ¿Y para hacer ambas cosas? Entonces la reflexión cambia de tono y aparecen los elementos favorables, auxiliados además por un régimen fiscal más benigno y mejorable en algunos aspectos concretos.

Es la conclusión alcanzada por los expertos en trabajo remoto que se reunieron hace días en Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y la ahora azotada isla de La Palma. Todo ello bajo una premisa elemental: el Covid-19 ha provocado “el avance del trabajo remoto que podíamos esperar en una década”, según el criterio de Mario Zamorano, cofundador de Coliving Hotels, una plataforma andaluza que busca acomodar el interés de los trabajadores remotos con la oferta alojativa que el archipiélago tiene.

Así que buen clima, infraestructuras del primer mundo e impuestos más bajos. Comencemos por esto último. “Lo más interesante para desarrollar el trabajo remoto es el régimen fiscal especial de las islas y en particular la Zona Especial Canaria”, afirma el economista Eduardo Sánchez, especializado en asesoría tributaria, “porque las multinacionales están impulsando el trabajo remoto y gracias a la ZEC pueden tener establecimientos permanentes en Canarias pagando un 4% sobre los beneficios generados por esa sucursal, todo ello en un contexto que ofrece una calidad de vida que también redunda en la productividad”. No obstante, matiza, “es importante distinguir al trabajador remoto del nómada digital, que va por el mundo desarrollando su actividad por lo general en condición de autónomo”.

Sánchez pone el acento en la oportunidad que supone la política de descentralización acometida por las empresas, “porque en ocasiones tener a trabajadores dispersos sin una sede fija puede conllevar problemas fiscales para las empresas, un riesgo que queda excluido cuando hay una sede que ofrezca cobertura a estos trabajadores remotos. Y para eso está la ZEC, a la que hay que promocionar entre estas empresas que fomentan la movilidad de su personal”. Eso sí, cumpliendo los requisitos fijados por la propia entidad pública dependiente del Ministerio de Hacienda: cinco empleados y una inversión mínima de 100.000 euros en las islas de Gran Canaria y Tenerife, que son tres trabajadores y 50.000 euros para las cinco islas restantes del archipiélago.

Autónomos

Pablo Hernández, presidente de la zona de baja tributación en las islas, confirma este enfoque y añade algún otro. Por ejemplo, que algunos beneficios fiscales pueden ayudar también a los trabajadores autónomos, por la naturaleza de su actividad. Pero, en el caso de la fiscalidad empresarial, su criterio es coincidente: “Las empresas, por lo general, se muestran recelosas con la idea de los establecimientos permanentes para sus empleados remotos, básicamente por razones fiscales, y nosotros queremos convencerlas de lo contrario, porque siempre se van a beneficiar de un régimen tributario más beneficioso”.

Hernández extiende esta opción a los innovadores “que empezaron como nómadas digitales y que luego han constituido startups, porque con una localización fija en la ZEC tienen un régimen fiscal que les ayuda a captar capital riesgo”. Añade a ello otros beneficios complementarios contemplados en la legislación estatal, “como la bonificación del 40% en la cuota de la Seguridad Social para las pymes innovadoras”.

Así que trabajar en buenas condiciones y con impuestos más bajos. ¿Y dónde vivir? Aquí aparece la intermediación con la planta hotelera de las islas, que ofrece calidad y flexibilidad. Para Mario Zamorano, “en España hay un 20% de habitaciones vacías, un activo que puede ser utilizado por los trabajadores remotos: nómadas digitales, trabajadores desplazados, profesionales liberales, estudiantes, combinación de trabajo y vacaciones, etcétera”. Zamorano cree en la idea de “democratizar la experiencia de estar en un hotel”, y destaca que las islas disponen de una planta hotelera capaz de ofrecer todos los servicios precisos para esta actividad. Se abre paso, a su juicio, “un modelo híbrido hotelero con turistas e inquilinos, que ocupa las habitaciones vacías a buen precio y cobrando por adelantado”.

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