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Las ‘fintech’ quieren comerse ya la nómina del cliente bancario

Los neobancos han comenzado a captar nóminas, mientras que los fondos arañan a la banca cada vez más negocio en la financiación a empresas

Rodrigo Buenaventura, presidente de la CNMV
Rodrigo Buenaventura, presidente de la CNMV

El Banco de España, e incluso el Banco Central Europeo, han tirado de las orejas a los responsables de las entidades financieras españolas. La razón: pecar de optimistas antes de que la crisis económica derivada del Covid haya llegado a su fin y, sobre todo, antes de que el Estado haya suprimido las ayudas para evitar la caída en picado del tejido industrial con la pandemia iniciada en marzo de 2020. Los resultados de las entidades, la mejora del negocio, una morosidad controlada hasta el momento y un alza en las cotizaciones del sector han subido los ánimos de los bancos, a lo mejor por encima de lo que se debiera aún. Aunque se tengan ganas, tras un año y medio de penurias y tristezas.

El pasado jueves, la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, fue la encargada de recordar a los banqueros que las incertidumbres derivadas de la crisis se mantienen, al comentarles que a lo mejor se estaban llevando por un “excesivo optimismo”.

“Algo que quiero recalcar es que hay que ser cautos y vigilar la evolución de aquellos préstamos concedidos bajo alguno de los paraguas de protección o medidas de apoyo aprobados durante la pandemia. Más aún porque estas operaciones se concentran en los sectores potencialmente más afectados por la crisis”, resaltó la número dos del supervisor nacional.

Solo como ejemplo, el viernes Credit Back, empresa de soluciones frente a la morosidad, dio a conocer los resultados de su II Barómetro de la morosidad correspondiente al tercer trimestre del año. Según este análisis, las empresas españolas han experimentado un crecimiento de la morosidad de 5 puntos en relación con el primer semestre del año, lo que “confirma la percepción declarada en el barómetro del primer semestre, donde el 88% de las empresas esperaban un incremento de la morosidad en el segundo semestre del año”.

Las nuevas alternativas
a las entidades financieras tradicionales pueden llegar, incluso, a ser más baratas para los usuarios

La subgobernadora reclamó a la banca que siguiera con sus ajustes, dícese cierre de oficinas, recorte de plantillas, e incluso que estudiasen más fusiones, que sitio para más, haberlo, haylo. Pero también abogó por las inversiones en tecnología para mejorar su digitalización y por defender el cobro de los servicios bancarios que hasta ahora eran gratuitos. Eso sí, abogando por la transparencia en sus aplicaciones.

Esta medida supone ya una destacada fuente de ingresos para la banca, lo que contribuye a mejorar su rentabilidad. Lo malo es que cada vez es mayor la competencia de las fintech en todos los negocios más rentables de la banca. De hecho, también es cada vez mayor la competencia entre los propios neobancos, que crecen como setas en todo el mundo. Dicho esto, la competencia es sana.

La rivalidad es tan sana que las fintech han comenzado a pedir el IBAN español para llevar a cabo más actividades y, sobre todo, para poder captar nóminas, su último objetivo. El reto es hacer masa crítica de negocio.

Las nóminas son uno de los pilares del negocio de la banca tradicional, ya que con ellas logran una mayor vinculación con el cliente. El juego es que las fintech operan con una clara ventaja sobre las entidades financieras tradicionales: sus costes son infinitamente menores al carecer de estructuras tan costosas y plantillas tan elevadas. Además de que sus requisitos regulatorios también son más ligeros. Conclusión, pueden ofrecer así productos o servicios con comisiones más reducidas, e incluso nulas. Y es que a los bancos les puede pasar como a las cajas de ahorros, pueden morir de éxito.

De momento, los bancos cuentan a su favor con el apoyo de los supervisores, conocedores de que contar con un pasaporte europeo para operar no es una garantía infalible. Hay países de la UE con regulaciones más flexibles que conceden licencias con las que se puede operar en todo el territorio comunitario, pero la supervisión y requerimientos normativos son bastante más laxos, caso de las licencias lituanas, según coinciden varios expertos.

Esto es lo que les pasa a las entidades financieras en su actividad con particulares. Pero la competencia en su negocio de banca corporativa no está exenta tampoco de nuevos actores que han irrumpido con fuerza en esta actividad, y que cuentan con la aprobación de los supervisores, según dejó claro la semana pasada el presidente de la CNMV, Rodrigo Buenaventura.

Buenaventura fue tajante al defender el papel cada vez más destacado de la “banca en la sombra”. Considera que es complementaria al sector bancario tradicional “no excluyente, sino simbiótico con ellas, en aras de una transformación necesaria de nuestra economía”, declaró el miércoles pasado. Afirma que esta denominada banca en la sombra (intermediación financiera no bancaria como cree la CNMV que debe denominarse) será necesaria para financiar la transformación ecológica.

“No hay forma, ni sería deseable, que la banca financie el 100% de esa inversión extraordinaria y adicional de las empresas españolas”. “Las empresas van a necesitar muchos recursos propios adicionales para esa inversión extra y eso lo proporciona el mercado de valores y el capital riesgo”, sentenció. Buenaventura apoya el sistema de financiación de Estados Unidos, en el que el 30% de la financiación a empresas es concedida por fondos, mientras que la banca aporta el 70% restante, mientras que en Europa el papel de estos intermediarios financieros no bancarios suman el 12% de los créditos corporativos.

El número uno del supervisor del mercado va más lejos en su opinión sobre la banca en la sombra. Cree que las quejas de las entidades financieras tradicionales sobre estas firmas son “demasiado generalistas”, al apoyarse en el argumento de que este sistema alternativo de financiación cuenta con una regulación más laxa.

El consejero delegado de Banco Santander, José Antonio Álvarez, fue el encargado de responder a Buenaventura. “Los reguladores minusvaloran los riesgos de la banca en la sombra y sobrevaloran los de los bancos”, declaró. Pero da igual, la banca en la sombra también está comiendo terreno a la banca tradicional. Ahí lo dejo.

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