Banca

S&P rebaja la nota de Sabadell y mejora su visión sobre Santander y BBVA

La agencia confía en que el equipo directivo sea capaz de mejorar la competitividad y la rentabilidad de la entidad que dirige César González-Bueno

Logo de S&P Global en sus oficinas de Nueva York. REUTERS
Logo de S&P Global en sus oficinas de Nueva York. REUTERS

La agencia de calificación S&P ha rebajado este jueves un escalón la calificación crediticia del Banco Sabadell, al tiempo que ha mejorado la perspectiva sobre el Banco Santander, el BBVA, Bankinter e Ibercaja Banco, que pasa, en todos los casos, de negativa a estable 15 meses después del inicio de la pandemia.

De este modo, la deuda de Sabadell deja de tener un "aprobado" y se queda con un "aprobado bajo", es decir baja de "BBB" a "BBB-" en el argot de la agencia, si bien la perspectiva de la entidad, la única con una rebaja del "rating", es estable.

Aunque en el informe la agencia asegura que la perspectiva estable equilibra la rebaja y confía en que el equipo directivo se capaz de mejorar la competitividad y la rentabilidad del banco gracias a una capitalización "suficiente" par afrontar el deterioro esperado de la calidad de los activos.

En el caso del Banco Santander, así como su filial Santander Consumer Finance, BBVA, Bankinter e Ibercaja Banco, S&P mantiene sus respectivas calificaciones y mejora la perspectiva sobre ellas.

La agencia confirma además la nota de Kutxabank y su visión sobre la entidad, que sigue siendo estable.

En su informe publicado este jueves, S&P recuerda también que califica a CaixaBank, Cecabank, Caja Laboral, Abanca, Grupo Cajamar, y Mulhacén, la sociedad de cartera de Wizink, sin embargo, ninguna de estas entidades ha formado parte de la revisión del sistema financiero español llevada a cabo por la agencia de calificación.

Esto se debe a que la perspectiva sobre todas estas entidades ya era estable y "no están sujetas a presión a la baja", con la excepción de Mulhacén, en negativo por sus propias razones.

EL EFECTO DE LA PANDEMIA

S&P explica que su revisión de la banca española concluye 15 meses después del inicio de la pandemia de la COVID-19 y llega cuando se ven avances en la vacunación y signos incipientes de un fuerte repunte económico que hacen pensar que los peores impactos ya han pasado.

España, recuerda, fue una de las economías más afectadas por la pandemia en 2020, con una caída del PIB sin precedentes del 10,8 %, en parte debido a la importancia del turismo para el país y cierres más prolongados y estrictos.

Pero S&P cree que la respuesta a la pandemia también fue "significativa" y aunque supuso un aumento de la deuda pública neta de 12,1 puntos del PIB, demostró ser eficaz para contener los daños a empresas, hogares y, en última instancia, los bancos.

En este difícil entorno operativo, las entidades demostraron ser "bastante resistentes" y aunque los resultados empeoraron por el aumento de las provisiones, la agencia subraya que el capital no se debilitó y la liquidez ha aumentado.

No obstante, subraya, que en la agencia son "conscientes" de que aún no han aumentado los préstamos morosos y se espera que esto ocurra "muy probablemente" en la segunda mitad de 2021 y hasta 2022, a medida que venzan las moratorias.

Sin embargo, con la recuperación económica en marcha, S&P cree que los préstamos problemáticos serán "manejables" por los bancos y ve capacidad para seguir dotando provisiones con sus propios resultados, sin tener que empeorar su posición de capital.

Aun así, advierte de que la pandemia ha intensificado los desafíos de rentabilidad de los bancos españoles en un momento en el que la demanda de digitalización de los clientes está aumentando y ve difícil que supere el coste de capital teniendo en cuenta los tipos negativos y las inversiones en tecnología.

RECORTES DE PERSONAL, SUCURSALES Y FUSIONES

S&P pone el foco en el esfuerzo de los bancos por reducir costes mediante ajustes de plantilla y cierre de sucursales, además de la "ola de consolidación" que acelerará la reestructuración del sector.

Pero la agencia cree que llevará tiempo ver resultados tangibles y piensa que los bancos medianos probablemente se enfrenten a más obstáculos, dado su menor flujo de ingresos diversificados y el mayor peso de la cartera hipotecaria.

A diferencia de otros países europeos, la situación económica de España es un riesgo para el sector porque, aunque hay indicios de un fuerte repunte en marcha, el sector turístico no recuperará los niveles de 2019 hasta 2022 o 2023.

Como resultado, a pesar de que el crecimiento del PIB real alcanzará el 6,3 % este año, España tardará más que otros países europeos en cerrar la brecha de producción perdida en 2020, que también fue más grande

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