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Qué ha sido de las 26.000 oficinas de banca desaparecidas desde 2008

España ha pasado de ser el país del mundo con una mayor red de oficinas a cerrar el 56%

Ser el director de una sucursal bancaria era ser el rey del mambo. La burbuja inmobiliaria gestada entre 2001 y 2008 hizo que cajas de ahorros, bancos y entidades extranjeras abrieran sucursales en cada rincón de España. El pinchazo de la burbuja acabó llevándose consigo a un sinfín de entidades e iniciando el declive de la sucursal. El director de la oficina dejó de ser el rey.

Ahora, con la pandemia y la aceleración de la digitalización en el acceso a los servicios bancarios, el reguero de cierres se ha reactivado. Desde 2008 hasta finales de 2021 habrán desaparecido más de 26.000 sucursales, dejando en muchos casos una herida en el tejido urbano difícil de cicatrizar.

El número máximo de oficinas bancarias se alcanzó en 2008, con 46.221 agencias. Por aquel entonces, la pequeña caja de ahorros de Baleares, Sa Nostra, tenía sede en Móstoles (al sur de Madrid). El gigante estadounidense Citibank contaba con oficinas en Vigo y Soria, y el banco público portugués Banca Geral de Depositos tenía un potente programa de expansión por toda España.

Con el goteo de cierres, muchos locales empezaron a quedar vacíos, en una época en que la crisis económica golpeaba al país. Poco a poco, nuevos negocios fueron ocupando el lugar que iba dejando el sector financiero en su retirada. La oficina de Caja Madrid de Aldea del Fresno (un pueblo de Madrid) se convirtió en un bazar de alimentación. Lo mismo ocurrió con la oficina de La Caixa en la Plaza del Amanecer en Méndez Álvaro (Madrid). La de Caixa Sabadell, en la Avenida Onze de Setembre de Sabadell, pasó a ser Unnim (tras una fusión de cajas), luego un BBVA (tras la compra de la alianza por parte del banco), para acabar convertida en un Telepizza.

Así, las decenas de miles de sucursales cerradas pasaron a convertirse en panaderías, supermercados, zapaterías, academias de percusión y de zumba, papelerías, tiendas de cartuchos de tinta, clínicas de fertilidad, restaurantes de comida asiática, gimnasios, casas de apuestas... Incluso cines, como los Cines Embajadores, en Madrid.

Augusto Lobo, director del área minorista de la consultora inmobiliaria JLL explica que “a medida que han entrado en el mercado más y más oficinas de banca, han ido bajando los precios de alquiler de los locales que ocupaban. Salvo en el caso de las calles principales de localidades potentes, en otros muchos casos se han tenido que revisar a la baja los alquileres”.

La difícil digestión de la mayor red de oficinas del mundo

  • Densidad récord. La burbuja inmobiliaria fue inflada, en buena medida, por una favorable fiscalidad en la compra de vivienda y un furor competitivo entre bancos y cajas. En 2008, cuando se alcanzó la cifra de 46.000 sucursales, la densidad era de 96 oficinas por cada 100.000 habitantes. Así, un pueblo de 3.000 habitantes podía tener tres sucursales distintas. Se trataba de la densidad bancaria más alta del mundo. España tenía tantas agencias bancarias como Alemania, pero con la mitad de población.
  • Regulador. No solo los bancos comerciales tenían una extensísima presencia por todo el territorio. El Banco de España también llegó a contar con oficinas en todo el país. En su máxima expansión disponía de 69 sucursales (en todas las capitales de provincia, pero también en Alcoy, Cabra, Don Benito, Linares, Haro, Valdepeñas...). Incluso disponía de delegaciones en Larache, Tetuán, París y Londres. Muchos de esos edificios ocupan lugares prominentes en las capitales. Hoy solo quedan 15 oficinas. Entre 2002 y 2011 cerró la mayoría.
  • Sedes. Los bancos también han tenido que dar salida a los edificios administrativos donde tenían los cuarteles generales. Su vuelta al mercado ha sido más complicada que con las oficinas. Es el caso del complejo de Mesena, que albergaba la sede de Banesto. Lleva años disponible, con interés por parte de multinacionales como Acciona o Allianz, pero no ha llegado a cuajar una operación.

En los casos más sangrantes, esos locales ubicados en zonas secundarias han acabado vacíos durante más de una década. Es el caso de la oficina de Caja Madrid en el número 219 de la calle Embajadores de Madrid. Desde que se cerró a principios de 2009 ha estado desocupada ininterrumpidamente.

Hay casos más extremos. En esa misma calle, la oficina de Caja Madrid (luego Bankia) del número 46 fue clausurada a comienzos de 2016. Al año siguiente, el local fue okupado por el autodenominado Banco Expropiado La Canica. Desde entonces, es el lugar de encuentro de un grupo de autoconsumo vecinal.


Obra social

No solo han quedado abandonadas miles de oficinas bancarias. También las sedes que albergaban la obra social de las cajas de ahorros han tenido una evolución difícil. En ocasiones, las administraciones locales o provinciales han aceptado hacerse cargo. Pero las arcas públicas también han atravesado momentos delicados y ha habido edificios históricos que se han quedado sin utilidad. Es el caso del Palacio de Mansilla, en Segovia. Este edificio estaba controlado por la obra social de Caja Segovia. Ahora, con las cajas convertidas en bancos y la obra social descapitalizada, ninguna institución ha podido hacerse cargo del mismo.

Entre 2008 y finales de 2020 han cerrado unas 23.000 oficinas. Pero ahora llega otra fuerte oleada. La absorción de CaixaBank por parte de Bankia va a sumar otros 1.400 cierres. Santander cierra otros 1.000 locales, BBVA unas 500... También Sabadell, Unicaja, Liberbank...

Cuando acabe el año, el nivel de oficinas bancarias en España será el más bajo de los últimos 44 años. Hay que remontarse al final del franquismo para encontrar menos sucursales.

Entre 2008 y 2012 la mayoría de los cierres de sucursales se produjeron entre cajas de ahorros, que habían vivido una fulgurante expansión tras liberalizarse el sector y permitírseles salir de sus territorios originales. En cada nueva ampliación urbana de Madrid, Salamanca o Málaga empezaron a aparecer oficinas de cajas de otras regiones, ávidas por crecer. Al pinchar la burbuja tuvieron que plegar y velas y dejar un reguero de deudas que fue cubierto en buena medida por dinero público.

“Yo formé parte del equipo que abrió una oficina de Caja Navarra en el barrio de Arganzuela, de Madrid. Luego nos integramos en Banca Cívica. Cuando esta fue absorbida por CaixaBank sobrábamos empleados y acabé dejando el sector financiero”, explica Juan, que ahora se dedica a la importación y exportación. En la sucursal que abrió ahora hay una empresa de remesas.


Banca extranjera

Tras la retirada de las cajas llegó el repliegue de bancos extranjeros como Espirito Santo, Caixa Geral, Deutsche Bank o Citibank. Y luego el de los bancos convencionales. Sobre todo con las fusiones, como la absorción de Banesto y Banif por parte de Banco Santander. La absorción de Banco Pastor por parte de Banco Popular, y el rescate de este último por parte de Santander.

La progresiva concentración del sector no solo ha traído despidos masivos y cierres de oficinas. También se han quedado vacías muchas oficinas centrales. Con las sinergias, tras una fusión hay muchas funciones duplicadas (servicios jurídicos, contables, tramitaciones, evaluación de riesgos...).

En la plaza de los Bandos de Salamanca tenía su sede el Banco de Castilla. Este fue absorbido por Banco Popular y luego este por Santander. La oficina a pie de calle se ha mantenido, pero las plantas superiores quedaron desocupadas. En Burgos, en la Plaza de Santo Domingo Guzmán estaba la sede de la banca privada de Caja de Burgos. Luego fue la sede de la banca privada de Banca Cívica, para la ciudad. Con la absorción por parte de CaixaBank, las plantas bajas del edificio acabaron siendo alquiladas a la cadena de ropa H&M.

A lo largo de 2021 se han anunciado cierres de otras 3.400 oficinas. Es un un momento en que las compras online han puesto en jaque el modelo de negocio de muchos comercios minoristas. “Estamos empezando a ver que la única salida para algunas sucursales es la conversión en viviendas, en trasteros para particulares o en almacenes de reparto para grandes cadenas de distribución”, apunta Augusto Lobo, de JLL.

Mientras tanto, Banco Santander ha tomado una medida sin precedentes. Para poder gestionar de forma eficiente el cierre de un millar de oficinas ha decidido crear una nueva sociedad para alquilar o vender todos los locales cerrados. “Creo que otras entidades seguirán sus pasos, porque es la forma más razonable de tratar de dar salida a la ingente cantidad de locales de bancos que van a entrar en el mercado”, apunta Lobo.

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