Inversión

La AN analiza la primera macroquerella por presunta estafa con criptomonedas

300 inversores demandan a Javier Biosca, que aseguraba ser un bróker

El supuesto fraude se eleva a más de 250 millones de euros

Fachada de la Audiencia Nacional
Fachada de la Audiencia Nacional

Las demandas por presunta estafa por cambio de las condiciones en los contratos de forma unilateral en los intereses a percibir por la compra de criptomonedas empiezan a aflorar. Unos 300 pequeños inversores han presentado ante la Audiencia Nacional una querella contra Javier Biosca por presunta estafa de más de 250 millones de euros en inversiones en criptomonedas. Esta es la primera macroquerella depositada ante la Audiencia Nacional, pero no es la única.

La abogada que lleva el caso, Emilia Zaballos, ha explicado a este periódico que la demanda se presentó el pasado 17 de marzo, pero posteriormente se ha remitido otra contra la plataforma también de criptodivisas Kuailian.

Zaballos comenta que la querella que ha presentado no se ha dado a conocer hasta que ha finalizado el plazo para la presentación de los contratos y otros documentos aportados por los, en general, pequeños inversores, “ahora unas 300 personas, pero el número crece día a día”, explica la letrada, que es a la vez la presidenta de la Asociación de Afectados por Inversores por Criptomonedas (AAIC).

La supuesta estafa suma de momento un monto de 250 millones de euros, “aunque puede superar los 3.000 millones de euros, según los precios que alcanzan estas divisas” virtuales, señala Emilia Zaballos. La querella ha recaído en el Juzgado Central de Instrucción número 1, cuyo titular provisional es Santiago Pedraz, quien se espera que decida sobre su previsible admisión en los próximos días.

El caso se remonta a 2019, cuando Biosca ofrecía a sus clientes, inicialmente sus vecinos, ganancias semanales de entre un 20% a un 25% por su inversión en criptomonedas (principalmente bitcóin, ethereum o litecóin, que él se encargaba de comprar y vender, según se recoge en la querella.

Los clientes recibieron durante mucho tiempo estos intereses, y el boca a boca de estas operaciones con sus atractivos intereses fue atrayendo a más clientes, según explica la letrada y presidenta de la plataforma demandante, y se recoge en la querella. Pero posteriormente estos intereses se redujeron a un 10% u 8%, a partir de enero de 2020. Pese a ello, los inversores seguían creciendo y confiando sus ahorros a Biosca, que decía ser un bróker, aunque su firma Algorithms Group no figura en el registro de la CNMV, según respondió ayer la propia Comisión.

El mismo tribunal ha recibido otra denuncia contra la plataforma Kuailian

Pero al parecer, la pelota era ya tan grande que era imposible controlar el dinero y las devoluciones de intereses, y en noviembre de 2020, Biosca dejó de abonar los intereses y desapareció.

La querella presentada por el despacho Zaballos Abogados se dirige contra Javier Biosca Rodríguez, su esposa, Paloma Gallardo, y su hijo mayor Sergio Biosca, por presunta estafa, y otros nueve delitos más entre los que destacan apropiación indebida, recepción y blanqueo de capitales, asociación ilícita, delitos contra la Hacienda pública, cohecho, delitos societarios, encubrimiento y falsedad en documento público. Los demandantes han solicitado la imposición de medidas cautelares, como búsqueda, captura y detención de Biosca, ahora en paradero desconocido.

Entre los afectados hay diversas tipologías, desde empleadas domesticas, jubilados, parados, hasta notarios, algún juez, abogados o inspectores de Hacienda, o dueños de pequeños comercios que entregaron sus préstamos ICO para poder invertir y salir a flote durante la pandemia, explica la abogada.

La operativa


75 millones en el wallet. Según las conclusiones del informe pericial, realizado por Marcos Carrera, Javier Biosca contaba en su wallet un total de 1.532,55 bitcóins, equivalente a precio de 15 de marzo a 75 millones de euros, según la documentación presentada.

Forma de operar. Los clientes entregaban el dinero a Biosca de cuatro formas diferentes, por transferencia bancaria; a través de wallets (monederos de criptomonedas), desde los que se les transfería el interés; mediante la entrega de efectivo, o en especie, aunque esta forma era la menos usual. Todo con contratos personalizados. Biosca contactaba con todos los inversores de forma personalizada a través de WhatsApp. Tras el mensaje sobre sus ganancias, el cliente decidía si cobraba los intereses o reinvertía.

De 19 clientes a 4.000 en un año. En 2019 comenzó con 19 clientes, todos conocidos. Un año después ya tenía 500. Su operativa, según la abogada, era muy rústica, funcionaba con un ordenador en su casa, sin más infraestructura.

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