Juicios telemáticos, luces y sombras tras un año de pandemia

Los abogados se quejan de la falta de homogeneidad entre juzgados

Juicio telemático celebrado en Navarra.
Juicio telemático celebrado en Navarra.

Cumplido un año de pandemia, puede decirse que la popularización de lo telemático ha alcanzado a todos los ámbitos de la vida, y el judicial no ha sido menos. La necesidad creciente de trabajar de manera no presencial ha acelerado un proceso de digitalización antes latente y que ahora avanza de manera inexorable, si bien lenta y para algunos insuficiente.

Palabras antes extrañas como Zoom, Teams o webinar son ahora el pan de cada día de jueces, abogados y otros profesionales jurídicos, que han tenido que actualizar sus modus operandi sobre la marcha. No es que lo telemático no existiera antes; simplemente ha cobrado una relevancia inusitada para evitar los riesgos de contagio de covid-19 y, de paso, ahorrar costes y molestias.

Recuerda, por ejemplo, Alfonso Peralta, juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Roquetas de Mar (Almería), que ya antes de la pandemia tomaba declaraciones por videoconferencia, pero ahora “se ha hecho indispensable para los reconocimientos judiciales de incapacitados e internamientos”, así como “para trámites judiciales de poco tiempo y no muy complejos, como audiencias previas en juicios civiles”.

Según Vicente Magro, magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, puede decirse que “la apuesta por los juicios telemáticos es una realidad”, que además ya está “optimizando de una forma exponencial el rendimiento” en las salas o las deliberaciones de los órganos colegiados, que al poder deliberar a distancia “han agilizado la respuesta de la sentencia”, su firma y su notificación.

Abogados

Para los letrados, esta batería de medios también se ha convertido “en una herramienta fundamental y esencial” que, en opinión de Lara Ruiz, abogada procesal del bufete Allen & Overy, ha aumentado la eficiencia sin conllevar “una pérdida de cercanía”.

No obstante, el auge de estas herramientas no ha venido exento de sombras. Las quejas se dirigen sobre todo a su inconsistente uso en sus juzgados, que según Ruiz han dado una respuesta “muy dispar”. Beatriz Gil, abogada y profesora en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona, asevera que los avances en las salas están “encalladísimos” y que hay jurisdicciones donde las actuaciones telemáticas “son prácticamente inexistentes”, a lo que se suma, denuncia, la debilidad de las medidas anticovid.

Esta abogada considera además que las vistas telemáticas no están funcionado, porque realmente “la sala se constituye presencialmente” señala. En su opinión, existe cierta “resistencia al cambio” en la administración de justicia e incluso “falta de voluntad política”. Un problema que también se da en algún sector de la abogacía, al que califica “negacionista”, que rechaza los cambios. Y es que, “no se dan las mismas garantías al arrebatar al letrado la posibilidad de ver y escuchar todo lo que pasa en la sala, quedando limitado a lo que muestra la pantalla”, apunta Gil.

Es evidente que no todo son ventajas en el mundo telemático. Alfonso Peralta indica, por ejemplo, que al perderse el “elemento humano” se resiente la capacidad para mediar y que las partes lleguen a un acuerdo extrajudicial.

Deficiencias

Dentro del aparato judicial se reconocen las deficiencias. El juez Peralta admite que ha habido una adopción “precipitada” de las nuevas formas de trabajar, y que se ha hecho “sin contar con los usuarios y profesionales”, derivando en inconvenientes como “problemas de conexión habituales o falta de formación por profesionales judiciales”. Es indudable que los cambios, en ocasiones, provocan “rechazo”, por lo que, según Peralta, su implantación en los juzgados ha dependido en gran medida “de la buena fe y voluntad de adaptación de abogados y procuradores”, que en general califica de “muy buena”.

A pesar de los problemas, está claro que el uso de estas herramientas ha llegado a la justicia para quedarse. La abogada Lara Ruiz confía en que se mantengan definitivamente al menos “para trámites sencillos y puramente procedimentales”. Por su parte, Beatriz Gil señala que, aunque a su juicio se ha perdido el primer tren para acometer una modernización realmente ambiciosa de la justicia, al menos “se ha abierto un debate” del que, a buen seguro, se seguirá hablando en adelante.

El próximo paso, actualizar la ley

  • Reforma. Si en algo parece haber consenso es en la necesidad de actualizar tanto las leyes procesales como los cauces administrativos para adaptarlos a esta nueva realidad. La implantación de los expedientes judiciales electrónicos, programas de transcripción automática o sistemas de tramitación digitalizadas son sólo algunas de las asignaturas pendientes en este sentido. “Hay que hacer un reset y partir de cero, y hacerlo desde dentro”, dice la letrada Beatriz Gil.
  • Protocolo. A la espera de que lleguen reformas, por lo pronto existe ya un protocolo de juicios telemáticos que elaboró el Consejo General del Poder Judicial. El objetivo, explica Vicente Magro, es unificar criterios para que los juicios a distancia puedan celebrarse “con todas las garantías”. No obstante, como atestiguan las fuentes consultadas, aún existe una clara disparidad entre las distintas administraciones de justicia e incluso dentro de los juzgados que gestiona cada una, pues la mayoría sólo tienen algunas de sus salas habilitadas para albergar actuaciones a distancia.
  • Jurisprudencia. Magro recuerda, por otro lado, que hay un gran obstáculo a salvar: la necesidad de que el acusado esté presente en la sala en los juicios penales, cuestión sobre la que se pronunció el Tribunal Supremo en 2005.
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