Tableros agotados y avalancha de aprendices: el resurgir del ajedrez en España con Beth Harmon

La serie de Netflix pone en jaque el inventario de las fábricas y tiendas especializadas en el país

Gambito de Dama Ajedrez
Una mujer entra a Liceum Gimnasios de la Mente, en Madrid.

El ajedrez en España sigue con resaca de Beth Harmon. Los tableros se han agotado en las tiendas y en las fábricas. La cadena de producción, en jaque desde diciembre, intenta seguir el ritmo del interés de los nuevos consumidores de este deporte, reavivado por la serie de Netflix Gambito de Dama. Pero a los nuevos jugadores les interesa algo más allá de la calidad de las piezas: quieren saber cómo moverlas. Verse tan habilidosos como Harmon.

Netflix ha hecho más por el ajedrez que las subvenciones exiguas que dan a este deporte todas las arbitraciones locales, autonómicas, estatales”, admite Juan Alberto Ramírez, gerente de Liceum Gimnasios de la Mente. Desde diciembre, tras el estreno de la serie que ha alcanzado unos 62 millones de espectadores mundialmente, se han duplicado las matrículas para aprender ajedrez en este centro y ha pasado a suponer el 50% de las actividades de Liceum, un 20% más de lo que representaba el ajedrez hasta octubre.

Juan Alberto Ramírez, gerente de Liceum Gimnasios de la Mente.
Juan Alberto Ramírez, gerente de Liceum Gimnasios de la Mente.

Las incorporaciones han sido sobre todo de mujeres mayores de 50 años, según Ramírez y cuenta que los nuevos estudiantes, que alcanzan edades hasta de 92 años, buscan ser más técnicos en el juego. “Alberto, he visto la serie. Aprendí ajedrez de pequeña, pero me ha picado la curiosidad de jugarlo de nuevo”, relata como una de las conversaciones más habituales que sostiene recientemente.

Tableros españoles codiciados

La mayor avalancha de los aficionados al ajedrez la ha registrado la empresa Rechapados Ferrer, de apenas 14 trabajadores y autores del tablero negro con una marquetería especial roja y amarilla que aparece en la gran final entre Beth Harmon y Vasily Borgov. El pequeño taller de marquetería de La Garriga, en Barcelona, fabrica unos 20.000 tableros anualmente, pero ya tienen una lista de entrega de pedidos hasta 2022, tras recibir una demanda que duplica su capacidad de producción.

Fotograma de la escena de la gran final, de Gambito de Dama.
Fotograma de la escena de la gran final, de Gambito de Dama.

"Son, probablemente, unos de los mejores tableros en el mundo", afirma Daniel Elguezábal, director desde hace 25 años de la Casa del Ajedrez, uno de los centros a los que distribuye Rechapados Ferrer. "Somos sus clientes desde siempre y nos han dicho que seguirán respetando a sus compradores habituales, a pesar del aluvión de pedidos", confirma aliviado Elguezábal, a la espera de la reposición de tableros pautada para mayo.

Esta ventana madrileña al mundo del ajedrez era casi exclusiva para los aficionados de este deporte antes del boom de la serie, según su director. Pero desde entonces, ha aparecido mucha gente nueva, no conocida entre el círculo más cotidiano, que atribuye a Beth Harmon la inspiración para sumegirse entre los tableros y los libros de ajedrez.

Solo en diciembre, vendieron más de 1.000 tableros de plástico y madera. "La serie ha salvado el año —sostiene Elguezábal—. Tuvimos muchos meses cerrados o con ventas muy malas. Esto lo arregló un poco, por suerte, y esperamos que siga así este año". Su inventario, aún desabastecido tras las compras navideñas, espera también para julio reposición de piezas de madera que vienen desde la India.

La escena se repite en otras tiendas como Cuarto de Juegos. De acuerdo con su encargado, Michael Sullivan, suelen trabajar con ocho modelos distintos de tableros de ajedrez pero actualmente están todos agotados. “La serie de Netflix está teniendo mucho impacto. Nunca se nos había acabado el stock completamente. Muchas familias han querido introducir a sus hijos”, afirma Sullivan mientras posa junto al único tablero con piezas disponible en la tienda.

Michael Sullivan, encargado de Cuarto de Juegos.
Michael Sullivan, encargado de Cuarto de Juegos.

A menos de un kilómetro, en la calle madrileña Alcalá, cada día, cuatro o cinco personas cruzan la fachada verde de Don Juego. Prueban suerte para encontrar un tablero de ajedrez, pero la tienda solo tiene un modelo completo disponible. En diciembre vendieron unos 200 de todos los tamaños y precios. Cada vez que reponían el inventario con 30 tableros, se vendían en dos días. Algunos compradores se llevaban solo las piezas por 160 euros. Incluso los tableros más caros, de 300 euros, se agotaron.

“Nunca se había visto la cantidad de compradores de ajedrez. No hemos conseguido reponer el stock”, comenta Karen Hernández, encargada de la tienda desde hace dos años. En su caso, ha notado un mayor interés también en los niños. “Ahora hay mucha influencia de los padres para hacer que los niños empiecen a jugar ajedrez”, explica.

La deuda en la meca del ajedrez

El despertar del ajedrez en España ha dejado al descubierto el abandono que sufre esta práctica en el país. Aunque se celebran unos mil torneos al año, la realidad en la meca del ajedrez se asemeja más al sótano en el que Beth Harmon aprendió sus primeros movimientos en el tablero.

Ramírez, que también es presidente del club de ajedrez de Liceum, denuncia que algunas sedes de clubes públicos se han instalado en pasillos de polideportivos, por la falta de recursos. “El ajedrez necesita dinero, como todo. Debe haber subvenciones para que tengan locales, materiales”, explica.

Juan Alberto Ramírez, durante una partida de ajedrez.
Juan Alberto Ramírez, durante una partida de ajedrez.

La deuda se resiente en todos los niveles. Incluso para los profesionales se hace cuesta arriba vivir solo de las competencias. Pedro Martínez Reyes es Maestro Fide, campeón nacional de ajedrez de Venezuela y campeón absoluto de la Comunidad de Madrid. Tras superar seis días de torneo de la Federación Madrileña de Ajedrez, Martínez se hizo en 2020 con su primer título en España y un premio de 800 euros.

“Es una cantidad simbólica si la comparamos con torneos en Estados Unidos o Rusia”, admite Martínez, y explica que para vivir del ajedrez como deportista hay que conquistar el top 100 del mundo. Entre los 50 mejores, la ganancia media es de unos 29.000 euros anuales, según los datos de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE).

Al respecto, Ramírez insiste en que el ajedrez es un deporte verdaderamente maltratado. “No sé a qué esperamos para darle un impulso al ajedrez en España. ¿A Beth Harmon?”.

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