Directivos que enseñan y aprenden de universitarios

Estudiantes aprenden las habilidades que demanda el mercado laboral

sociedad

Las últimas crisis económicas han dejado huella en un mercado laboral que, además, se encuentra en reestructuración a raíz de la digitalización. A este hecho se ha sumado la situación de la pandemia y el vertiginoso dinamismo de la sociedad actual. Esto ha hecho que la incertidumbre se haya adueñado de muchas de las personas en búsqueda de empleo. Pero, los más afectados de todos son las generaciones más jóvenes, con unas cifras de desempleo en España del 40,7%, cuando la media europea está en el 17,8%, según datos de Eurostat.

Por ello, la Fundación CYD ha iniciado la octava edición de su Programa de Mentores, cuyo plazo de inscripción se extenderá hasta el 1 de marzo. La iniciativa pone en contacto a estudiantes de su último año de grado universitario con directivos y empresarios de España. Su principal objetivo es que los alumnos identifiquen y potencien las competencias necesarias para su éxito profesional y, así, tomar decisiones sobre su futuro. Concretamente, desde la fundación han afirmado que esto les permitiría reforzar las “competencias que más se demandan actualmente en el mercado, las soft skills: la creatividad, disciplina, motivación y liderazgo, entre otras.

A través de este proyecto, los estudiantes podrán vivir un semestre de mentorización junto a un profesional de renombre y con años de experiencia que les ayude a lanzarse al mercado laboral. Algunos de los mentores –todos miembros del patronato de la fundación, presidido por Ana Botín– de esta convocatoria serán: Rafael Fontana, presidente de Cuatrecasas; Salvador Sánchez-Terán, socio director de Uría Menéndez; Joseba Arano, director de calidad y gestión de Pascual, o Carlos de la Iglesia, director de comunicación de Microsoft Iberia.

Sobre ello, Rafael Fontana, con experiencia en este tipo de convocatoria, comenta que le parece “una idea buenísima para compartir experiencias y ayudar a jóvenes que traten de despegar”, y defiende que son la generación “mejor preparada en aspectos técnicos”. Por su parte, el socio director de Uría Menéndez, Salvador Sánchez-Terán, aclara que “el programa no pretende transmitir competencias específicas, sino orientar, solucionar dudas y aportar luz sobre las salidas profesionales que mejor pueden encajar con cada persona, en atención a su perfil y a sus estudios”.

Por otro lado, el programa también tiene como objetivo que los propios mentores aprendan de sus alumnos, técnica a la que llaman formación inversa. Carlos de la Iglesia señala que es una excelente ocasión para obtener “una visión fresca y diferente por parte del alumno sobre determinados aspectos de la gestión empresarial”. Y desde la Fundación CYD aseguran que apuntan a “acercar dos mundos distanciados, donde las motivaciones no son las mismas”, ya que las nuevas generaciones ensalzan los paradigmas de algunos temas, como el cambio climático y la responsabilidad social, por encima de cuestiones más materiales como ha sido lo tradicional.

En cuanto al proceso de emparejamiento, desde el propio programa afirman que “la clave está en la concordancia de los perfiles”. Aunque también dejan clara la pertinencia de la carta de motivación, “si sus motivaciones están centradas en fortalezas de los directivos o si quieren enfocar su futuro profesional hacia áreas que algún experto haya desarrollado en sus años de experiencia”.

Para el propio proceso de selección, subrayan la importancia de dicha carta, incluso por encima del resto de requisitos, como puede sen un excelente expediente académico y un currículo. Con estos criterios compitieron cerca de 200 candidatos en la convocatoria de 2020, de entre los que finalmente fueron seleccionados solo 30 estudiantes.

Uno de ellos, Paula Rodríguez Ródenas, fue dirigida por Joseba Arano. Graduada en Economía y Finanzas, asegura que el programa la ha orientado en un momento clave, y sostiene que le ha ayudado “de manera más tangible y práctica” que la universidad, donde “una de las principales carencias se encuentra en la escasa parte práctica”. Sobre su mentor, el directivo de Calidad Pascual, destaca la capacidad de haberle enseñado “a no tener prisa” por alcanzar sus objetivos, y a “no dejar de tener curiosidad” por aquello que le interesa, a la vez que valora su “energía, determinación y opinión formada”, un talento que requieren las empresas.

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