Canarias

La sanidad privada cae en cifras de dos dígitos pese a la pandemia

El colapso turístico y los esfuerzos que el sistema público dedica a la Covid-19 lastran las cuentas de las clínicas canarias

Hospital Quirón Salud, en el sur de Tenerife.
Hospital Quirón Salud, en el sur de Tenerife.
Las Palmas de Gran Canaria

Una pandemia mundial provocada por una terrible enfermedad infecciosa puede ser un buen negocio para algunos agentes del sector sanitario, aquellos vinculados a la respuesta inmediata al desafío (empresas de suministros, testeo y demás) o, más aún, los relacionados con la solución del mal (laboratorios que diseñan y fabrican vacunas, antivirales, etcétera). Para otros, sin embargo, deviene en incómoda gripe con riesgos de convertirse en enfermedad crónica. En este juego de pocos ganadores y múltiples damnificados las clínicas privadas de Canarias se colocan sin ambages en el bando perdedor.

Por dos motivos: el primero, que sin turistas no hay actividad para los hospitales vinculados a la demanda originada en las instalaciones hoteleras; y en segundo lugar, porque el sistema público está gripado por la pelea cotidiana con la enfermedad, y a partir de ello se produce una parálisis en cascada en detrimento de aquellos agentes del sector sanitario especializados en la actividad diagnóstica y quirúrgica. Porque sin especialistas que ordenen operaciones es imposible abrir quirófanos, sean estos públicos o concertados.

“Todo el sector sanitario canario está en pérdidas, sin excepción”, afirma el presidente de la Asociación de Clínicas Privadas de la provincia de Las Palmas, Sebastián Sansó que sitúa en dos dígitos la merma en facturación experimentada por los hospitales privados durante la pandemia. “Aunque hay diferencias: las clínicas ubicadas en zonas privadas han caído en torno al 15%, simplemente porque los pacientes dejaron de ir por miedo al contagio en los meses de confinamiento; sin embargo, para las zonas turísticas ha sido mucho peor, con caídas del 30% y superiores”, añade. Le secunda el consejero delegado del Grupo Hospiten, líder en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y sólidamente instalado en los espacios turísticos de las Islas, Juan José Hernández, quien recurre a un ejemplo elocuente: “Hay especialidades que han sufrido especialmente, por la propia mentalidad ciudadana y los temores que ha generado la pandemia: urgencias y pediatría han sufrido muchísimo, y ahora, con las nuevas restricciones, volvemos a caer”.

El sector sanitario privado canario ha forjado un estrecho vínculo, no exento de controversia política, con el sistema público a través de los conciertos sanitarios que permiten a hospitales privados de las Islas participar en los presupuestos autonómicos vía derivación de procesos. Pero esta dinámica se ha detenido también como consecuencia indeseada de la pandemia, que paraliza pruebas diagnósticas y suspende todas las intervenciones quirúrgicas no urgentes.

El resultado es una paradoja: clínicas vacías en medio de una crisis de salud pública sin precedentes. “Es exactamente así: los pacientes covid estaban en los hospitales públicos y el Servicio Canario de Salud paralizó toda la actividad programada, de modo que los quirófanos solo abrieron para atender casos urgentes, de riesgo vital; todo esto es lógico, pero ha provocado consecuencias devastadoras, en lo sanitario y en lo económico”, explica Hernández, quien a su vez ofrece las capacidades del sector privado en cualquier estrategia futura para revertir la lista de espera disparada que saldrá de la pandemia.

La respuesta de la Administración, aunque sin concretar, es un rotundo por boca del director del SCS, Conrado Domínguez: “Cuando superemos la pandemia vamos a lanzar un plan de choque para bajar las listas de espera sanitarias, con todos los recursos a nuestra disposición y con la ayuda del sector privado. Y tenemos presupuesto para ello, es sobre todo una cuestión de organización”.

Para abrir boca, las clínicas privadas canarias ya tienen asignada una tarea a corto plazo en la ejecución de los planes de vacunación contra la covid 19: proteger a sus compañeros del sector sanitario que están fuera del sistema público, es decir, odontólogos, farmacéuticos, fisioterapeutas, etcétera. “Ya estamos formando al personal y concebimos las clínicas como centros de vacunación para grupos concretos”, explica Conrado Domínguez.

Sebastián Sansó extiende la idea a otros colectivos a los que la sanidad privada ofrece su capacidad logística, “como empleados públicos, trabajadores turísticos, en centros de trabajo, polígonos industriales, allí donde podamos contribuir a la inmunidad de grupo”. “Y lo haremos no para ganar dinero, que no lo haremos, sino porque superar la pandemia es la única medida que nos sacará de esta”, sentencia el presidente de las clínicas privadas de Las Palmas.

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Un sector anticíclico. “Los pacientes volverán, el sanitario es un sector anticíclico, resistente, y así lo entienden los inversores”, afirma Juan José Hernández, consejero delegado del Grupo Hospiten, empresa tinerfeña de origen familiar con 354 millones de euros de facturación en 2019 y centros abiertos en Canarias (siete), la Península (tres) y el Caribe (diez). “Ahora bien, esa recuperación no la veo en verano, como se ha dicho, sino a finales de este año, por los obstáculos que hemos visto en el proceso de vacunación”, matiza.

La incógnita de los asegurados. Los pacientes asegurados son otro de los nichos de negocio de las clínicas privadas en las Islas. El panorama se ha mantenido estable durante el año 2020, algo que sin embargo no pueden decir aquellos médicos que prestan servicio como colaboradores de los hospitales privados, porque la carestía de pacientes se refleja directamente en la facturación. “Y vamos a ver si los asegurados se mantienen en un contexto de crisis económica, porque lo que hasta ahora ha sido tomado como una garantía sanitaria en el futuro puede ser visto como un lujo”, afirma Sebastián Sansó.

La telemedicina acelera el paso. La pandemia de coronavirus ha acelerado tendencias que se abrían paso en el ámbito de la gestión sanitaria, tales como la telemedicina, que, según Sansó, “antes era algo complementario y ahora está totalmente asumido por pacientes y médicos, hasta el punto de que algunas especialidades se mantuvieron gracias a ella”. “La telemedicina y los procesos de digitalización han avanzado con la pandemia, en la certeza de que no supondrá ofrecer un peor servicio, al revés”, añade Juan José Hernández.

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