Banca

Adiós a Bankia y a la ilusión de sus ‘bankeros’

La marca que desaparecerá se presentó a bombo y platillo en 2011

Su origen, Caja Madrid, es el inicio de la historia de las cajas

La aprobación de la fusión de Bankia con CaixaBank se produce antes de que se conozca la sentencia de la Audiencia Nacional sobre la salida a Bolsa de la entidad en julio de 2011. Este hecho hubiera ensombrecido esta operación, que dará lugar a la creación del banco más grande de España, fruto de la unión de dos ex cajas de ahorros, constituidas a su vez por la fusión de 18 antiguas cajas, casi la mitad de este sector financiero que desapareció con la crisis de 2008.

Tras esta operación Bankia desaparecerá como marca, poniendo fin a una historia de menos de 10 años en la que había logrado reponerse tras los escándalos de las tarjetas black, la propia salida a Bolsa o el rescate que puso en jaque al conjunto de la economía española.

También se entierra la historia de la caja más antigua del país, Caja Madrid, cuyos orígenes se remontan a 1702, año en el que se fundó el primer monte de piedad en España por el sacerdote aragonés Francisco Piquer.

Aunque el germen de Bankia se fragua desde 2010, la historia real de la entidad comienza en marzo de 2011, cuando el entonces presidente del grupo, Rodrigo Rato, presenta la marca en un acto multitudinario en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Un nombre corto y potente, sin ningún guiño a las marcas de las siete cajas que la integraron –Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias y las cajas Laietana, Ávila, Segovia y Rioja– y en el que no se dudó en invertir para darlo a conocer.

Sonora fue la campaña de publicidad con la que Bankia se estrenó y que la justicia trata de esclarecer aún si sirvió para que Rato cobrara comisiones en la adjudicación de estos contratos, con anuncios en la calle, en radio y televisión que animaban a ser “bankeros” participando en la inminente salida a Bolsa.

El salto al parqué se vivió entonces como una cuestión de Estado. La crisis financiera ya había mostrado sus dientes, y el éxito o no de esta salida a Bosa podía significar un hundimiento de mercado o la tabla de salvación para devolver el optimismo a la economía. Inicialmente pareció lo segundo, aunque pronto la operación fue duramente criticada y acabó sentando en el banquillo a la antigua cúpula, que aún sigue esperando la sentencia de la Audiencia Nacional.

Aunque la marca Bankia convivió casi un año desde su creación con la denominación de las antiguas cajas de ahorros en sus territorios de origen, poco a poco se fue imponiendo el nuevo nombre y la idea de que era una nueva entidad, aunque acarreara lastres del pasado.

El debut bursátil de Bankia fue uno de los grandes golpes para la marca Bankia, pero no el único, pues también se vio salpicada por las preferentes; el escándalo de las tarjetas black, que mantiene a Rato en prisión, y por el rescate del grupo. Es ahí cuando entra en acción José Ignacio Goirigolzarri, que relevó al ex director gerente del FMI en la presidencia de Bankia en mayo de 2012 y planteó una recapitalización de 22,424 millones de euros, que parece casi imposible devolver.

 

 

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