Orona completa el círculo virtuoso de la solidaridad

El proyecto Jakioro transforma el excedente agrario de los caseríos vascos en menús para personas vulnerables

Xabier Mutuberria, director general de Orona; Arantxa Tapia, consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras; el cocinero Federico Pacha; Beatriz Artolazabal, consejera de Empleo y Políticas Sociales, y Peio Garciandia, director de presencia externa e institucional Orona, posan junto a una muestra de los productos elaborados para el proyecto Jakioro.
Xabier Mutuberria, director general de Orona; Arantxa Tapia, consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras; el cocinero Federico Pacha; Beatriz Artolazabal, consejera de Empleo y Políticas Sociales, y Peio Garciandia, director de presencia externa e institucional Orona, posan junto a una muestra de los productos elaborados para el proyecto Jakioro.

Con la crisis sanitaria controlada, que permite ir avanzando en la desescalada, el foco está ahora puesto en atajar las graves consecuencias sociales derivadas de la pandemia. El cierre obligado de los negocios ha provocado despidos, por un lado, y por otro, ha impedido el normal desarrollo de las cadenas de producción y de la actividad económica, agravando la situación de la población más vulnerable.

Un ejemplo de estas consecuencias está en el canal horeca. El cierre casi completo de hoteles, restaurantes, bares y cafeterías ha dejado en el paro a miles de trabajadores y además ha cortado de raíz el abastecimiento de los productores agrarios y ganaderos, que se vieron de pronto con un excedente de producción abocado a malograrse.

Para paliar esta situación, la cooperativa guipuzcoana Orona (una de las líderes en España en el sector de elevación), a través de la Fundación Orona, y el Gobierno vasco, a través de la Fundación Hazi, pusieron en marcha ya a mediados de marzo el proyecto solidario Jakioro, una iniciativa de apoyo a las familias vulnerables que consiste en la elaboración de raciones de comida diaria que se reparten, con la ayuda de Cruz Roja, entre las personas más afectadas por la crisis económica que ha provocado el Covid-19.

La iniciativa exige una estricta coordinación. La Fundación Hazi, dependiente del departamento de Agricultura del Gobierno vasco, que tiene como misión impulsar la competitividad y la sostenibilidad del sector primario, alimentario y del medio rural y litoral vasco, asume la coordinación y la logística; Hazi compra a los caseríos el exceso de producción y lo transporta hasta la Fundación Orona. Esta se encarga de transformar y cocinar el producto y prepararlo en raciones individuales en táperes ultrasellados. Y finalmente, la Cruz Roja se responsabiliza del reparto de las raciones de comida entre las familias necesitadas.

En las cocinas de Diámetro 200, el chef Federico Pacha y su equipo elaboran 2.000 raciones diarias

Chillida Leku

“Nosotros tenemos un modelo alimentario en Orona con Diámetro 200, que además lo tenemos extendido a la Fundación Chillida con el restaurante Lurra Café, basado en el kilómetro cero, que lleva seis años funcionando”, señala Peio Garciandia, director de presencia externa e institucional de Orona. “Este modelo lo ponemos al servicio del sector primario de los caseríos que está en una situación precaria porque no puede vender su producción, y que es materia prima de primera necesidad y de primera calidad, kilómetro cero total, no estamos hablando de invernaderos ni de explotaciones a gran escala. Y además estamos dando una solución a todas esas personas necesitadas. Por tanto, es un círculo virtuoso”, añade.

Diariamente en las instalaciones de Diámetro 200, ubicadas en el Parque Científico y Tecnológico de Gipuzkoa, en Hernani, sede de Orona, se da de comer a 600 personas, empleados de la compañía, que tiene más de 50 delegaciones repartidas por toda España y está presente en 12 países. La plantilla total se compone de más de 5.400 trabajadores. Al frente de esta cocina está el chef Federico Pacha, natural de Hernani, que es la persona que coordina el proyecto Jakioro, junto a un equipo de cuatro cocineros dedicados a tiempo completo al mismo.

Pacha y su equipo elaboran unas 2.000 raciones diarias, con menús basados en tres platos, en función del producto de temporada. Desde que el proyecto se activó a mediados de marzo, se ha hecho entrega de 45.000 raciones de alimentos, que son verduras, básicamente preparadas en puré, legumbres, garbanzos, alubias, etc., e incluso frutas, en función de la temporada. Ahora se abre también la temporada del cordero. Los menús se reparten dos veces a la semana y tienen una caducidad de siete días.

“Es un ejemplo de economía circular precioso, con el que estamos evitando el despilfarro alimentario que ya se estaba produciendo al comienzo de esta pandemia, por el efecto perecedero que tienen estos alimentos de kilómetro cero”, destaca director de presencia externa e institucional de Orona. El acuerdo entre la dos fundaciones para desarrollar esta iniciativa estará vigente durante los próximos meses, en función de las necesidades y disponibilidad de los recursos.

“Es un proyecto muy coherente a nuestros principios de empresa, de sostenibilidad, y una labor social propia de una empresa cooperativa, que tiene una función social que realizar importante”, subraya Garciandia.

Una iniciativa kilómetro cero

El proyecto Jakioro (jaki en vasco significa alimento y oro, todos) participa de la filosofía instaurada por la cooperativa Orona en su restaurante Diámetro 200, situado en el Parque Empresarial y Tecnológico de Gipuzkoa, en Hernani. Esta filosofía se basa en utilizar productos locales, de temporada y a ser posible de origen ecológico, que haya crecido o madurado a menos de 200 kilómetros de Hernani, de ahí su nombre. Al frente de la cocina está el chef Federico Pacha, quien coordina además la parte culinaria del proyecto Jakioro.

El modelo Diámetro 200 se ha extendido también al Museo Chillida Leku con Lurra Cafe. Liderada también por el chef hernaniarra Federico Pacha, Lurra cuenta con una carta que cambia periódicamente en función de la disponibilidad de los productos de mercado, ofrece desayunos y pinchos en horario de mañana, así como almuerzos y platos fuertes a lo largo del día.

Su propuesta se apoya en el trabajo de los baserritarras –agricultores y ganaderos locales–. De esta forma Lurra (la tierra, en euskera), alude tanto en su nombre como en su carta a un profundo vínculo con el territorio, un principio que caracteriza tanto a la obra como a la figura de Eduardo Chillida.

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