2020, el año que cambió nuestras vidas

La consultora Labrand estudia los efectos sociales, culturales y psicológicos que deja la pandemia

Ciudadanos protegidos con mascarillas pasean por las inmediaciones de la Mezquita, en Córdoba.
Ciudadanos protegidos con mascarillas pasean por las inmediaciones de la Mezquita, en Córdoba.

Cuando un nuevo coronavirus surgió en diciembre de 2019 en una remota ciudad de China, Wuhan, desde la perspectiva occidental se veía como una epidemia ajena, que no llegaría jamás y que no alteraría nuestra forma de vida. Pero llegó, como un mazazo, para cambiar radicalmente la vida de todos de la noche a la mañana.

La consultora de estrategias de marca Labrand ha elaborado un estudio acerca de los efectos sociales, culturales y psicológicos sobre las personas que deja la pandemia de Covid-19, titulado 2020: el año del coronavirus. Unos efectos que dejarán, probablemente, un mundo con otros valores.

“Han surgido ya miles de estudios, conferencias online y otras reflexiones alrededor de las repercusiones sanitarias, económicas o sobre las empresas de todo lo que está pasando. Pero nosotros queríamos fijarnos más bien en la gente. Cuáles son los efectos sociales, culturales e incluso psicológicos sobre las personas. Recoger cómo los hechos de estas semanas van a afectar a nuestra manera de pensar, de actuar, de consumir, de viajar o de vernos a nosotros mismos”, destaca Sergio Prieto, director general y de estrategia de Labrand Psicología de Marcas, de la que también es socio fundador.

La crisis sanitaria nos está poniendo delante de un espejo, para mostrar lo mejor y lo peor de la gente. La pandemia ha ayudado a muchos a priorizar lo importante, que siempre son las propias personas. Pero a la vez, se ha acentuado el egoísmo. Frente las redes de apoyo vecinales a los más necesitados, traslados solidarios de los taxistas a sanitarios y pacientes o la colaboración de las empresas poniendo todas sus capacidades al servicio de campañas solidarias, hemos asistido al incremento del cibercrimen, el auge de los grupos anticonfinamiento, la xenofobia contra la población china, e incluso la viejofobia, o las compras de acaparamiento.

La crisis nos está mostrando lo mejor y lo peor de la gente

El coronavirus es también una cura de humildad, que nos ha hecho ver lo vulnerable de nuestra forma de vida. “Ahora nos invaden reac­ciones tan humanas y de siempre como el miedo a lo desconocido, la incertidumbre del qué pasará o el temor a la muerte”, apunta Prieto. Y nos ha impuesto un nuevo presente, pues la obligación de parar nos fuerza a bajar el ritmo, olvidar los planes, trabajar en casa y entretenernos con los nuestros.

Un nuevo mañana

El estudio de Labrand plantea una serie de cuestiones macro así como otras de carácter micro. A nivel macro cabe preguntarse si estamos ante un nuevo mañana. Parece que hay unanimidad sobre la afectación de la crisis en nuestro modo de vida, pero no parece tan clara la profundidad y el alcance de este impacto. Puede que al final todo vuelva a la normalidad, o puede que nos afecte decisivamente a todos. Y no solo respecto a nuestro sistema de salud o a la economía (que ya acusa un fortísimo impacto), sino también a la cultura, referentes, estilo de vida o valores sociales.

¿Es el fin de la globalización?, se cuestiona el estudio. La crisis económica reforzará sin duda el proteccionismo y crecerá el apoyo a partidos radicales nacionalistas y de extrema derecha. Frente a esto, surge la creencia de que reforzar la cooperación y la confianza internacional son la única fórmula.

La obligación de parar nos fuerza a bajar el ritmo, olvidar planes y entretenernos con los nuestros

La pandemia deja también conatos totalitarios, pues frente al miedo y la incertidumbre, la gente suele buscar liderazgos fuertes y una autoridad que dé sensación de control. Y apoyados en la tecnología, se puede dar legitimidad a un sistema terrorífico de control, con la excusa de cualquier amenaza que surja en el horizonte. Sin embargo, la sociedad parece aceptar las condiciones del confinamiento no por la penalización, sino por la solidaridad.

Entre las consideraciones micro que plantea el informe de Labrand está la digitalización de la vida. La revolución digital está siendo completada por la pandemia. Así, hemos asistido a una evolución meteórica del teletrabajo y hemos abierto las puertas a realidades paralelas, pues el confinamiento ha multiplicado las propuestas virtuales para casi todo: entretenerse, aprender, evadirse, compartir…

Pero el confinamiento también nos aleja de nuestros seres queridos y nos llevan a idealizar el contacto físico. Y así se han multiplicado las llamadas y videollamadas. Pero este también es un momento de auge del individualismo y, ante el peligro, las personas a nuestro lado son vistas como una amenaza, no como un aliado.

Nos enfrentamos a una fuerte bajada de consumo por la crisis, el aumento del paro y la reducción de los salarios. Se pronostica una cuarentena de consumo que deberá hacer que la gente se acostumbre a comportamientos más responsables y sostenibles. E igual pasará con el turismo. La restricción total de movimientos coincide con una creciente consciencia sobre la sostenibilidad del modelo turístico, que hará probablemente crecer una sensibilidad sobre la necesidad de cambiar la manera en que viajamos.

“La tormenta pasará y el mundo seguirá evolucionando. Pero de las decisiones que tomemos hoy todos, Gobiernos, empresas, organizaciones y ciudadanos, se conformará nuestro mundo en los próximos años”, reflexiona Sergio Prieto.

¿Un planeta más limpio?

Familias de jabalíes recorriendo núcleos urbanos de ciudades como Barcelona o Madrid, delfines acercándose hasta las ahora transparentes aguas del puerto de Barcelona o cisnes sobre las inusitadamente cristalinas aguas de los canales de Venecia. Los efectos sobre la naturaleza de nuestro confinamiento son cada vez más visibles: menor contaminación, aguas más limpias, mayor presencia de animales... la naturaleza recupera su sitio. Todo ello está llevando a una reflexión, por parte de algunos, hacia la necesidad de tener comportamientos más responsables con el planeta. Además, el parón económico provocado por el virus muestra beneficios medioambientales, como demuestran fotografías de la NASA.

Sin embargo, Greenpeace y otros activistas medioambientales alertan a la población de que no se deje engañar por las buenas noticias de aires más limpios o aguas más cristalinas. Se trata de un paro y no garantiza un mundo más sostenible. Pero sí permite que se entiendan los beneficios de un planeta más sano y eso empuje a cambios en ese sentido.

Son varias las voces que hablan de la influencia del cambio climático en el desarrollo de este tipo de epidemias de largo alcance. La ruptura del equilibrio natural, dicen, ha jugado un papel decisivo en la situación.

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