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Los pecados capitales de la inversión ‘value’

Los gestores especializados en buscar gangas y esperar a que se revaloricen acumulan la peor racha de su historia

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Dos palabras. Solo dos palabras han bastado para sacudir los pilares de la estrategia de inversión más admirada: el value investing. “Tonto” e “idiota”. Ambas las pronunció el gurú de esta filosofía y el tercer hombre más rico del mundo: Warren Buffett (con una fortuna de más de 82.000 millones de euros). La primera, la dijo en 2017. “He sido muy tonto para no darme cuenta de que Jeff Bezos [fundador de Amazon] podría tener un éxito tan colosal como el que ha tenido”. El Oráculo de Omaha reconocía, humildemente, que había errado al no haber invertido en compañías como Amazon, Google o Apple, las firmas que han liderado el crecimiento bursátil en Estados Unidos durante la última década. Ese mismo año, Buffett empezó a comprar acciones de Apple. Dos años después se animaba, al fin, a comprar acciones de Amazon. “He sido un idiota por no haberlo hecho antes”.

Con estas dos operaciones –que por ahora han sido muy rentables para el inversor más famoso del planeta–, Buffett rompía un principio básico de la inversión en valor: comprar acciones baratas y esperar a que el mercado reconociera que había infraestimado su precio. Amazon, en concreto, la adquirió con un PER de casi 80 veces beneficios. Prácticamente un sacrilegio dentro de los cánones del value investing, establecidos por Benjamin Graham en los años 40 del siglo pasado.

Tecnológicas

La relación de Buffett con Amazon, Apple o Google puede parecer anecdótica. Un simple error de omisión. Pero no lo es.

Una de las consignas del value ha sido no invertir en negocios que no se entienden. Tras el pinchazo de la burbuja puntocom en 2000 y 2001, muchos inversores se fraguaron una leyenda al haber evitado el Nasdaq y este tipo de compañías tecnológicas (con ingentes pérdidas y valoraciones muy infladas). El problema llegó 15 años después, cuando también evitaron invertir en empresas tecnológicas que sí han acreditado una gran capacidad para crecer, generar valor y ofrecer beneficios millonarios.

“Es cierto que los inversores value han tendido a evitar las grandes tecnológicas al entender que cotizaban a precios muy caros. Al final, han buscado otros sectores que se han quedado más rezagados”, apunta Francisco Rodríguez D’Achille, responsable de desarrollo de negocio de la gestora francesa Amiral.

Disrupción

La omisión de la inversión tecnológica está conectado con otro error: haber su­bestimado el poder de las empresas disruptivas que han revolucionado sectores como el financiero, la publicidad, el entretenimiento o el turismo.
“Muchos gestores value se han desconectado de la realidad. Invierten en compañías que están baratas, no porque el mercado no haya valorado bien sus flujos futuros de ingresos, sino porque han caído en una trampa de valor, de la que ya no saldrán”, explica Javier Galán, gestor de fondos en Renta 4 Banco.

Tipos cero

Otro factor que no han tenido en cuenta en sus ecuaciones de inversión los gestores value han sido los tipos cero. Los bancos centrales de todo el mundo adoptaron una política monetaria excepcional para que las economías se recuperaran de la crisis de 2008. Aún hoy, el Banco Central Europeo tiene los tipos de referencia al cero. Y la Reserva Federal mantiene el precio del dinero en niveles históricamente bajos.

“Los bajos tipos de interés tienen un efecto muy directo en la valoración de las compañías. Especialmente al traer a valor presente los futuros flujos de caja”, explica Mario Lafuente, socio de la firma de asesoramiento Atl Capital.

Cuando los tipos de interés son altos, el cálculo de los ingresos futuros tiene menos valor presente. En cambio, cuando los tipos son bajos, apenas hay que depreciar los beneficios de los próximos años. “Esto ha provocado que las compañías de perfil value hayan tenido un comportamiento mucho peor que aquellas con un perfil growth, que están en fase de expansión y sus ingresos no paran de crecer”, apunta Lapuente.

En los cuatro últimos años, el índice bursátil mundial MSCI de empresas de crecimiento se ha revalorizado un 75%, prácticamente el doble del rendimiento obtenido por el MSCI World value (+43%).

Terquedad
En España, el caso más llamativo de malos resultados en el mundo del value es el de Francisco García Paramés. El gestor de fondos, que se labró una merecida fama en Bestinver, lanzó hace tres años su propia gestora, Cobas Asset Management. Desde febrero de 2017, los clientes que le confiaron su dinero para el fondo Cobas Selección (la joya de la gestora), han perdido casi un 23% de su inversión. En este mismo periodo, el índice bursátil MSCI World Net Total Return ha subido un 41%.

Su gran apuesta fue Arytza, una firma suiza que fabrica los panecillos de las hamburguesas de Burger King y de McDonald’s. La fe de Paramés en el equipo directivo le hizo aumentar posiciones sin parar, a pesar del mal comportamiento de la acción. La puntilla fue cuando Arytza anunció una ampliación de capital que devaluaba con fuerza la participación de los accionistas previos. La devaluación de las acciones del fabricante de pan en los últimos tres años ha sido del 83%.

“Fue una apuesta muy arriesgada y, cuando vio que iba mal, en lugar de reconocerlo y deshacer la posición, se ha empecinado y ha seguido comprando. Ahora es muy difícil que se recupere”, apunta un competidor.

Gestión pasiva

Otro de los factores que más mencionan los gestores especializados en inversión en valor para explicar la mala racha es el auge de la gestión pasiva: fondos cotizados que replican la evolución de índices. Para Fernando Bernad, socio de Azvalor, estos vehículos “invierten sin atender a los fundamentales de las compañías, ni su valoración”, lo que perjudica a compañías pequeñas y que están al margen de los índices.

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