Pedro Rica: “En España, los arquitectos deberíamos ser tan mediáticos como los cocineros”

De su estudio de arquitectura han salido proyectos como el hotel Akelarre

Pedro Rica: “En España, los arquitectos deberíamos ser tan mediáticos como los cocineros”

Forma parte del estudio de diseño Mecanismo, fundado con otros dos socios en 2013. Pedro Rica (Madrid, 1988) trabaja en la oficina de Madrid, que se ocupa de toda la producción, ubicada en un señorial edificio del barrio de Salamanca, aunque disponen de otra en San Sebastián, dedicada a la supervisión de proyectos. Cree que la principal aportación que realizan al mercado es no dejarse influenciar por un arquitecto o estilo, sino generar el suyo propio, marcado por los diversos intereses que los fundadores tienen en diferentes disciplinas, como el arte, la gastronomía, los viajes o la vida misma. Uno de los proyectos que salió de esta factoría es el hotel Akelarre, del cocinero Pedro Subijana, en San Sebastián, o la ampliación del restaurante Martín Berasategui. “Vamos poco a poco, sin ambición y teniendo paciencia, porque cuando emprendes tienes que saber que gran parte de los proyectos se caen, pero lo importante es tener perseverancia’, afirma Rica.

Cree que para un arquitecto, a pesar de la criba debido a la crisis económica, siempre hay sitio “para el que hace las cosas bien, con valor añadido, dándole calidad a lo que hace, y eso es lo que marca la diferencia, porque desde el momento en el que acabas la carrera entras en la misma liga”. “Además, hoy, con la tecnología, han cambiado las cosas, y aunque puedes ser conocido en todo el mundo –a nosotros nos dieron un premio en China–, se compite con internet, y se puede perder valor por la imagen y perder interés por llegar al mensaje”, explica.

Asegura que en España la figura del arquitecto genera pensamientos contradictorios. Por un lado, “se le ve como un profesional que aporta un extra a la sociedad, pero también el público medio lo relaciona con la burbuja o con una figura egocéntrica o ligada al mundo de la imagen y tiende a generar rechazo porque creen que es un coste extra”. Y le gustaría que su profesión tuviera “el mismo reconocimiento que tienen los arquitectos de otros países. En España deberíamos ser tan mediáticos como los cocineros, así se conocería bien lo que hacemos”. E insiste en que el fin del arquitecto, más que el dinero, debe ser aportar algo a la sociedad, “eso haría que fuéramos una figura más cercana y que nos vieran más próximos a la hora de hacer cualquier reforma”.

También habla sobre el ego que surge en este tipo de profesiones y que hace que se marquen distancias. “Un proyecto se gene­ra entre las partes, no imponiendo solo nuestro criterio”. Según Rica, en España se debería invertir más en arquitectura, “ya que, además de pasar la mayor parte de nuestras vidas dentro de edificios, la mayoría de las ciudades viven de la imagen”. Y cita el caso de Sídney en Australia, con la Ópera, o la Torre Eiffel de París, “que genera un gran movimiento social y turístico; la arquitectura es un foco de atracción de turistas”. Y opina que uno de los problemas que tienen las grandes ciudades, entre las que se encuentra Madrid, es el tráfico: “No es fácil, pero hay que resolverlos; además de que va cambiando la mentalidad de la gente, hay que invertir en infraestructuras y transporte público”.

Pedro Rica trabaja en un amplio espacio, siempre con las puertas abiertas, con un cuaderno siempre sobre la mesa en el que plasma dibujos e ideas y un lápiz. A su alrededor, cuadros de Jaume Plensa, sillas de diseño y libros que denomina referenciales, que le ayudan a aprender otras cosas y a tomar decisiones, así como planos abiertos, todo impreso, ya que considera que en su ámbito “la información digital no es muy útil”. Y orden, mucho orden, y poca decoración.

Cuenta que Mecanismo recibe el nombre del proyecto que realizó de fin de carrera en el CEU, una estructura desmontable que hizo para unos empresarios de la plaza de toros de Zaragoza, y que se podía desmontar y trasladar a la plaza de Guayaquil en Ecuador. “El nombre de la empresa debe ser algo neutro, que no te ate a los nombres de los fundadores, porque lo importante es generar una marca que tiene que ver con nosotros, pero que vaya más lejos que nosotros”.

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