Siderúrgica

Santander sale de Celsa, que se queda en manos de los fondos

El resto de las entidades que refinanciaron su deuda ya salieron de la compañía

Logotipo de Banco Santander
Logotipo de Banco Santander REUTERS

Hace casi dos años que la compañía catalana Celsa lograba cerrar un acuerdo con los bancos para su refinanciación, con Santander a la cabeza, que contaba con el 21% de la deuda y que siempre ha mantenido una posición dura. La familia Rubiralta conseguía refinanciar los 2.600 millones de deuda financiera a tipos más bajos y con unos plazos de vencimientos más amplios.

Los bancos a su vez lograban ejecutar los créditos y convertirlos en acciones si Celsa no cumplía con los calendarios de pago.

Pero al final, la firma siderúrgica no ha conseguido sus objetivos, y la banca ha ido vendiendo su deuda y sus bonos convertibles.

El último en adoptar esta decisión ha sido Banco Santander. La entidad que preside Ana Botín, acaba de concluir la venta de prácticamente toda su deuda con esta firma catalana.

Ha vendido, como lo hicieron el resto de los bancos con anterioridad como BBVA, Bankia, CaixaBank y Sabadell, su deuda heredada del crédito sindicado que facilitó la banca a Celsa, de 160 millones de euros. A ello se suma también los bonos convertibles por 249 millones de euros.
Santander también, como hicieron el resto de los bancos, ha vendido su posición en la principal compañía industrial de Cataluña a fondos de inversión.

Los principales acreedores de la siderúrgica, encabezados por BBVA, Bankia, CaixaBank y Sabadell, ya se desprendieron antes del verano de 1.250 millones de euros de deuda calificados por las propias entidades de no sostenibles, con pérdidas para sus arcas del 50%.

El banco que preside Botín se resistió entonces a vender sus créditos, aunque sí optó por ir poco a poco soltando lastre, hasta ahora, que ya ha finalizado la venta total de su posición en la compañía. Aunque el banco no ha querido hacer comentarios sobre esta operación, fuentes financieras mantienen que la venta se ha realizado con unas pérdidas muy similares a la del resto de los acreedores. Eso sí,Santander sigue trabajando con Celsa a través de la financiación del working capital.

Todos los bancos, incluidos Santander, han decidido salir de Celsa al considerar que era prácticamente imposible recuperar el crédito sindicado firmado a finales de 2017 dada la evolución de la siderúrgica de la familia Rubiralta. 

El préstamo suscrito hace dos años tenía parte de su deuda convertible, lo que habría provocado que las entidades se convirtieran en accionistas de la multinacional que cuenta con más de 9.300 empleados en todo el mundo.

Para firmar su refinanciación, Celsa entregó un plan de negocio aprobado por KPMG por mandato de las propias entidades, en el que se comprometía a reducir deuda en 840 millones hasta 2021, y la apertura de una nueva planta en Francia, lo que haría subir el ebitda de 280 a 450 millones de euros. La firma mantiene que el plan de negocio se está cumpliendo. Además, la nueva planta de Francia está en construcción.  

Fuentes de Celsa mantienen que hasta la fecha la empresa no ha incumplido ninguno de los compromisos adquiridos con sus acreedores, en particular en lo relativo a la devolución de la deuda y el cumplimiento de covenants. En esta línea, el próximo 4 de noviembre el Grupo realizará un pago de 98 millones de euros según previsto.

Condiciones de la refinanciación

Dos tramos. El acuerdo cerrado a finales de 2017 se estructuró en dos tramos. El primero, por 1.425 millones, se calificó como la deuda que la empresa podía amortizar en un plazo máximo de cinco años, hasta noviembre de 2022. Este primer tramo estaba compuesto por 525 millones de euros de financiación del circulante y otros 900 millones con amortizaciones ordinarias semestrales crecientes a partir de mayo de 2018.El segundo tramo ascendía a 1.250 millones con vencimiento hasta 2023 en un solo pago.

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