La papelera Lecta ficha a Rothschild para reestructurarse y evitar la quiebra

La empresa pierde 12 millones en el primer semestre

Lecta pulsa en la foto

CVC, uno de los gigantes del capital riesgo más activo en España, afronta inminentes match balls financieros en dos de sus apuestas en España. Uno es el enésimo rescate de Deoleo; el otro, la complicada situación de Lecta, dueña de Torraspapel, donde sus problemas para adaptarse al nuevo modelo de las papeleras (más enfocadas al cartón empleado en el comercio electrónico y menos al papel tradicional) ha lastrado sus cuentas y ha puesto sus bonos en la picota. Para resolver esta complicada situación la compañía se ha encomendado a Rothschild y Evercore para que piloten la refinanciación y reestructuración de la compañía.

Lecta entró en pérdidas en el primer semestre del año, de 12,63 millones de euros, según los resultados publicados ayer. El resultado estuvo lastrado por la caída del 10% en la facturación de su división de papel estucado. El ebitda total, por su parte, cayó un 18%, a 53,5 millones, pero la última línea de las cuentas se ve afectada por elevados costes financieros (30,8 millones) y fuertes depreciaciones (29,2). El área de papel estucado, en plena crisis, supone en torno a la mitad de sus ventas, mientras que la de cartones (altamente demandados por el boom del comercio electrónico) poco más de un tercio. Y el objetivo es que cada vez gane más peso.

Esto ha provocado una difícil situación en dos de sus plantas. La reestructuración de la planta italiana de Riva del Garda (Trento) ha restado 1,9 millones de ebitda en el segundo trimestre. Más delicada es la situación de la francesa Condat, donde una de sus líneas de producción lleva cerrada desde finales de abril, penalizada por la caída de la demanda de papel. La compañía busca soluciones después de que la Comisión Europea rechazase, de entrada, concederle ayudas de 35 millones de euros. No obstante, la compañía no tira la toalla y espera que una mejor estructura de capital allane el camino ante Bruselas.

El precio de los 600 millones en bonos que emitió la empresa en 2016 se ha hundido hasta el 35% sobre el nominal desde el 100% de inicios de año, tras varias rebajas de rating de las agencias de calificación. El último movimiento fue de Standard & Poor's, que le dejó la nota en CCC, que implica una calidad crediticia muy pobre. Los bonistas, por su parte, han contratado a Houlihan Lokey –que ha participado en las reestructuraciones de Abengoa, Dia o Codere– para negociar una reestructuración del pasivo. La caída del rating, y en consonancia con la del precio de los títulos, ha dado paso a la entrada de hedge funds, que negocian ya con la compañía. Una vez que, según indican fuentes financieras a CincoDías, ya han tenido lugar los primeros contactos entre las partes, se empiezan a dibujar las soluciones al problema. Una de las fórmulas que los asesores manejan para que Lecta ponga orden en su estructura de pasivo es instar a una conversión de al menos una parte de la deuda en capital. Un acuerdo reforzaría los fondos propios de la empresa y evitaría el concurso de acreedores.

También se baraja la posibilidad de refinanciar otra parte de los bonos y que sus actuales propietarios ayuden a la empresa con más liquidez, actualmente en el entorno de los 50 millones (véase gráfico). Esta solución implicará, previsiblemente, un incremento en el coste de financiación de Lecta, que actualmente paga por estos bonos entre el 6,35% y el 6,5%. Los hedge funds llegaron a prestar efectivo nuevo a Abengoa a precios superiores incluso al 10%.

El otro camino pasa por que los bancos asesores busquen nuevos socios que entren en Lecta a través de una eventual ampliación de capital y aporten así dinero fresca a la empresa. Esta alternativa abre la puerta a que el propio CVC, que controla el 61,1% de la sociedad desde hace más de 20 años, busque una salida y se diluya o abandone del capital. En junio de 2017, Lecta trató de salir a Bolsa con una ampliación de capital pero no logró demanda suficiente.

La empresa, con sede en Luxemburgo, cuenta con siete fábricas localizadas en España, Francia e Italia. En Leitza (Navarra), Motril (Granada) y Almazán (Soria), Sant Joan Les Font (Gerona) y Zaragoza se ubican las españolas. Su número de trabajadores en todo el mundo a cierre de junio ascendía a 3.170 personas y de esta cifra más de la mitad están en nómina de Torraspapel.

La historia de una firma que busca reinventarse

  • Grupo KIO. Torras, que fue la cabecera del grupo KIO (Kuwait Investment Office) en España, fue excluida de Bolsa en 1990, y en 1999 el fondo británico CVC, capitaneado en España por Javier de Jaime, la compró para integrarla en Lecta. Se completaba así el grupo, tras haber adquirido la italiana Garda y la francesa Condat. Lecta está en el podio de los productores de papel estucado para Europa junto a la sudafricana Sappi y a la finlandesa UPM. Con la ampliación de capital planteada hace dos años para salir a Bolsa, Lecta pretendía captar 315 millones de euros, a través de la emisión de 525 millones de acciones nuevas. Con ese dinero, la empresa quería amortizar el 100% de los bonos por 225 millones que lanzó en 2016, que pagan el 6,375% anual y que vencen en 2016, y también se proponía eliminar hasta el 35% de los 375 millones que emitió en la misma fecha. El gran motor de crecimiento de Lecta está en los denominados papeles especiales, utilizados en el comercio electrónico. En el primer semestre del año, su facturación en esta área alcanzó los 248 millones de euros, un 8% más que en el mismo periodo de 2017. Pese a representar el 36% de las ventas, supuso un ebitda de 30 millones, el 56% del total.
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