Cuadros, muebles y capillas que revalorizan una vivienda de lujo

Cerca de la mitad de operaciones de casas de alto 'standing' incluyen obras de arte y muebles de diseño

Vivienda en Madrid que incluye una capilla.
Vivienda en Madrid que incluye una capilla.

Cuando se tiene dinero a raudales y llega la hora de adquirir una vivienda, aspectos tan básicos y que estarían en la cabeza de todo hijo de vecino como la localización del inmueble, el número de metros cuadrados o la necesidad de empezar una obra ni siquiera preocupan al comprador. “En el mercado exclusivo se da por hecho que la ubicación y el tamaño de la casa son los que el cliente quiere. Y tener que afrontar una reforma no incomoda más que por el tiempo que tarda la vivienda en estar a punto”, cuenta Stéphanie Leclerc, directora de marketing de Barnes en Madrid.

Lo que sí se tiene en cuenta, sin embargo, es todo aquello que aporta un valor añadido a la transacción y que convierte la casa en algo especial, digno solo de los bolsillos más acaudalados. En este contexto, las piezas y obras de arte, las antigüedades, los muebles a medida o los diseños arquitectónicos o paisajísticos se han convertido en elementos trascendentales que pueden marcar el buen desenlace de una transacción. O, por el contrario, echarla por tierra.

Según los datos que maneja Barnes en Madrid, algo más del 50% de las operaciones inmobiliarias de alto standing incluyen obras de arte valoradas entre los 1.000 y los 50.000 euros, aunque hay algunas que alcanzan incluso los 250.000, en función del autor y del acuerdo entre ambas partes. Por eso, en algunos casos, estas piezas pueden llegar a representar hasta el 10% del valor total de la operación. “Es algo que empieza a interesar a los compradores de América Latina y América del Norte y también a los clientes asiáticos”, señala. Ocurre, prosigue Leclerc, que en el mercado exclusivo, siempre que no se hable de obra nueva, es muy común que gran parte de los compradores vean las viviendas en el estado en el que se encuentran mientras siguen ocupadas. “En estas visitas, muchos clientes ven determinadas piezas u objetos y se enamoran de ellos, por lo que intentan incluirlos en la venta renegociando el precio inicial”.

Los cuadros, retratos y fotografías de autor representan el 70% de los casos en los que las piezas forman parte de la operación inmobiliaria, y el precio medio de cada uno ronda los 25.000 euros. Detrás están las esculturas, con un 20% de los casos y un precio cercano a los 10.000 euros y, por último, el 10% restante lo ocupan sillas, espejos, armarios, lámparas o instrumentos de música, que pueden llegar a valer hasta 15.000 euros. “Hablamos de viviendas que parten del millón de euros, aunque las más comunes están entre los tres y los seis millones. Y en este tipo de ventas, casi todo es negociable”, apunta Leclerc.

Masía con un jardín diseñado por el paisajista Lluís Cantallops.
Masía con un jardín diseñado por el paisajista Lluís Cantallops.

En el caso de Barnes, por temas de confidencialidad de los clientes, es complicado conocer episodios concretos que se enmarquen en esta situación. Otras inmobiliarias, aunque asegurando la privacidad de los datos, sí explican casos reales que marcaron el futuro de la compraventa. “En una ocasión, una vivienda de Madrid terminó costando 50.000 euros más porque el comprador se enamoró de una chimenea de acero que había en el salón”, explica Oscar Larrea, director general de Engel & Völkers en Madrid. Otra vez, la venta de un piso de 3,5 millones levantado en la calle Reina se cayó porque el vendedor no quiso incluir en la transacción tres o cuatro lámparas hechas a mano, que había recibido en herencia, y que databan de varios siglos atrás. “El comprador se enfadó, entre comillas, y la operación no salió adelante. A veces hay rencillas”, dice Larrea.

En otra ocasión, la venta de un piso prácticamente dobló su precio, porque la compradora se encaprichó de los muebles que había, “que eran de diseño”, y los incluyó en una venta que partía sin amueblar. Quizá uno de los casos más llamativos que recuerda Larrea es el de una casa que guardaba en su interior una capilla de madera tallada a mano. “El edificio era un antiguo convento, y daba la casualidad de que la casa en venta tenía dentro una de las capillas. El comprador, que era coleccionista, la vio y negoció incluirla”.

En opinión de Tom Maidment, socio de la inmobiliaria Lucas Fox y adscrito a la Costa Brava, los cuadros, obras de arte y mobiliario son elementos muy importantes en las primeras residencias o en las casas de las grandes urbes. Lejos de la ciudad, sin embargo, las viviendas más exclusivas suelen estar destinadas al periodo vacacional o a los fines de semana, por lo que los elementos que revalorizan la compra son otros. Hace relativamente poco, esta filial vendió dos masías en el Ampurdán en las que el jardín estaba diseñado por un conocido paisajista. “Tenían varias plantas que podían transportarse y esculturas pensadas para ese lugar. Si no hubiesen estado incluidas en la venta el precio tendría que haber bajado, porque el jardín, sin varios de sus elementos, perdía valor”, asegura Maidment.

Vivienda que se vendió con varias obras de arte.
Vivienda que se vendió con varias obras de arte.

En otras ocasiones, la venta de estos inmuebles también puede incluir coches cuatro por cuatro y motos que los propietarios utilizan para moverse por la zona. “Una vez una casa contaba con un embarcadero privado, así que los compradores negociaron para quedarse con un pequeño barco, de menos de nueve metros de eslora, que allí tenían”, señala. En cuanto a las obras de arte, continúa, en estos casos tienen menos valor. Y suelen incluirse en la venta porque las pinturas muchas veces están relacionadas con el lugar o firmadas por un artista conocido en la región. “Son cuadros en los que aparece una playa o un pueblecito de la zona que quedan muy bien en ese entorno”. En estos casos, matiza Maidment, todos estos elementos suelen suponer un porcentaje menor del total del valor, “cercano al 3%”.

Pero por mucha pieza de coleccionista u obra de arte que sean, estos objetos no siempre son bien recibidos por los compradores de la casa en aquellos casos en los que la vivienda se vende amueblada. “Sucede cuando el nuevo inquilino viene con todo comprado o con una idea preconcebida de lo que quiere. Ocurre poco, pero a veces estos objetos son muy grandes o no pegan con el diseño que el cliente quiere”, cuenta Larrea. En estos casos, las inmobiliarias se cubren las espaldas, y contratan los servicios de diferentes empresas y casas de subastas especializadas que tasan todas las piezas y compran las que pueden ajustarse a su cartera. “Nosotros tenemos un acuerdo con Durán, que va al piso, valora y tasa todos los objetos. En estos casos, el vendedor suele ceder”.

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