El Teatro Real estrena 'Capriccio', la última ópera de Strauss

A partir de una obra del escritor Stefan Zweig, la protagonista, la condesa Madelaine, reflexiona sobre el valor del presente y del pasado

La soprano Malin Byström (condesa Madeleine) y bailarina Clara Navarro (condesa niña), en una escena de 'Capriccio'.
La soprano Malin Byström (condesa Madeleine) y bailarina Clara Navarro (condesa niña), en una escena de 'Capriccio'.

El Teatro Real de Madrid estrena el próximo lunes 27 de mayo la ópera Capriccio, de Richard Strauss, una reflexión sobre la ópera como obra de arte, a modo de broche de las últimas obras de esta temporada, en la que se celebra el bicentenario del coliseo madrileño. Capriccio, estrenada en Múnich en 1942, a partir de una idea original de Stefan Zweig, fue la última ópera que escribió Richard Strauss (1864-1949) y llega ahora a Madrid en coproducción con la Opernhaus de Zürich, con dirección musical de Asher Fisch y la dirección escénica de Christof Loy.

Según el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, se trata de una obra maestra que supondrá un “acontecimiento mayúsculo”, puesto que no solo es una de las más singulares del compositor alemán, sino una de las más importantes del propio género, al tiempo que funciona como conclusión en el 200 aniversario del Teatro Real. El director musical de la pieza reconoció durante la presentación que se trata de una ópera difícil, y es poco frecuente que se represente al menos fuera de Alemania. “Es una excelente tarjeta de visita por parte del Teatro Real”, señaló.

Fisch dirigirá a un reparto que contará en los papeles principales con la soprano Malin Byström, el barítono Josef Wagner, el tenor Norman Reindhardt, el barítono André Schuen o el bajo Christof Fischesser, junto a la orquesta titular del Teatro Real. Según señaló el compositor, la ópera arranca con una introducción poco habitual en la que la orquesta comenta el drama en estilo recitativo, acompañando a los cantantes en este modo casi hasta el final, y no tiene el protagonismo habitual. Además, la orquesta es más reducida y cuenta con poca percusión. “Mi objetivo es que el público siga la trama sin tener que leer casi los subtítulos”, explicó Fisch.

El personaje central de esta ópera es la condesa Madelaine, una mujer con gran sensibilidad que refleja en esa indecisión ante la elección de uno de sus dos pretendientes, la necesidad de definir los valores y los afectos que determinarán el resto de su vida, sintiendo que el presente pronto será pasado.

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