El impacto económico de ser la capital rural de España

Diez pueblos compiten por el título que otorga el portal de viajes Escapada Rural

Vista de Aínsa, en Huesca.
Vista de Aínsa, en Huesca. GETTY

En medio de la conocida como España vaciada, que no vacía, el pueblo de Sigüenza (Guadalajara), como sus semejantes, trata de resistir a la despoblación y a la falta de recursos y trabajo. En su caso, sin embargo, lo tiene algo más fácil que el resto. En 2017 se convirtió en la capital del turismo rural, iniciativa promovida por Escapada Rural. Desde entonces, ha visto cómo se ha incrementado el turismo significativamente, hasta llegar a los 114.000 visitantes al año, según datos del ayuntamiento. “Es el sector más importante para nosotros. Más de 1.000 personas viven de él en un pueblo con poco más de 4.000 habitantes”, explica Óscar Hernando, concejal de Turismo de Sigüenza.

El reconocimiento llegó el mismo año en el que varios proyectos empresariales culminaron. “Por una parte, se crearon 75 plazas hoteleras más, con varios puestos de trabajo consolidados”, prosigue Hernando. Además, el pueblo se ha convertido en un referente gastronómico gracias al Hotel Restaurante El Doncel y el Relais & Châteaux Molino de Alcuneza, dos restaurantes con estrella Michelin. “Sigüenza está en una zona que tiene un problema muy grande de despoblación. El turismo y este tipo de reconocimientos son un apagafuegos parcial a este drama. No hacen que vuelva la gente, pero sí ayudan en parte a evitar que más habitantes se vayan”.

Un año después de Sigüenza le tocó el turno al municipio de Aínsa-Sobrarbe, a los pies del pirineo aragonés. En su caso, del mes de septiembre, cuando se entregaron los galardones, a diciembre de 2018, la zona recibió un 40% más de visitas que en el mismo periodo del año anterior. “Durante los primeros meses de 2019 vemos también cifras que superan con creces los mejores datos de la serie histórica que empieza en el año 2000. Han pasado ya unos meses desde que nos dieron el reconocimiento, pero esto no decae”, cuenta Enrique Pueyo, alcalde de la localidad.

Este tipo de medidas, continúa, suponen una buena dosis de visibilidad a nivel nacional, “ya que nosotros, como la mayoría de zonas rurales, tenemos poca capacidad para promocionarnos”. En el caso de la localidad oscense, añade Pueyo, el premio también ha supuesto un impulso para las 25 villas y aldeas de la zona, que captan todo lo que el pueblo principal no puede llegar a absorber. “Hay mucho turismo fuera de temporada, y eso alarga los contratos de trabajo, frena la temporalidad y ayuda a la economía local”.

Vista de Sigüenza, en Guadalajara.
Vista de Sigüenza, en Guadalajara.

En Aínsa-Sobrarbe, donde el 85% de la población vive del turismo y el resto se reparte entre la agricultura y la ganadería, la tasa de paro registrada supera por poco el 7%, por debajo del 11% con el que Aragón cerró 2018. “Todo esto nos ayuda a que el pueblo se mantenga. Crea movimientos, trabajo, inercias, dinero... Es cierto que no podemos enfocarnos únicamente al turismo rural, pero sí nos da mucho aire”.

En Sigüenza, que cerró el pasado ejercicio con una tasa de desempleo del 12%, también lo tienen claro: “Necesitamos más alternativas laborales, pero tenemos claro que este es un sector que nos mantiene a flote”, dice Hernando. El pueblo de Guadalajara, por ejemplo, consiguió atraer en 2018 a casi 10.000 turistas extranjeros. Reino Unido, Francia y EE UU, con más de 1.000 visitantes cada uno, fueron los países con más representación.

Los pueblos de España siguen buscando oxígeno. Este año, de 215 candidatos y 10 finalistas, solo uno conseguirá alzarse con el reconocimiento el próximo 9 de mayo. Almagro (Ciudad Real), Buñol (Valencia), Cangas del Narcea (Asturias), La Hiruela (Madrid), Montblanc (Tarragona), Navaluenga (Ávila), Parada de Sil (Orense), Santillana del Mar (Cantabria), Setenil de las Bodegas (Cádiz) y Trujillo (Cáceres) pelean por el título.

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