La corbata, en sus horas más bajas

El ‘business casual’ se impone en la indumentaria masculina en el trabajo, y bancos como Goldman Sachs o Santander relajan sus códigos de vestimenta

La corbata empieza a estar desterrada de los nuevos códigos de vestimenta laborales.
La corbata empieza a estar desterrada de los nuevos códigos de vestimenta laborales. Getty Images

La recomendación está impresa en la invitación de los asistentes al Investor Day, evento que el Banco de Santander organiza este miércoles en Londres: se requiere vestimenta informal de negocios. No es un hecho aislado, ya que los códigos de vestimenta en ambientes de negocio, y no solo en los relacionados con las profesionales liberales, se están relajando. Es el caso también del banco de inversión Goldman Sachs, cuyos banqueros y socios siempre han acostumbrado a gastar trajes a medida, que ahora ha decidido suavizar, así lo afirma su presidente ejecutivo, David Solomon, en una nota enviada a 36.000 empleados, el reglamento sobre el atuendo de sus profesionales. Esta medida ya empezó a aplicarse en la entidad en 2017 para los empleados del área de tecnología y de negocios digitales. Todo esto se debe, afirma Solomon, a “la naturaleza cambiante de los lugares de trabajo, en general, a favor de un ambiente más informal”.

Lo corrobora el sastre Alberto Calvo de Mora, al frente del taller artesanal Manuel Calvo de Mora: “Notamos que el típico mono de trabajo, el traje azul y gris, se utiliza cada vez menos, solo los altos ejecutivos lo piden. La mayoría prefiere chaquetas más informales, sin hombreras, con bolsillos de parche y sin forrar. Todo más llevadero, sin molestar”, explica este profesional, cuya firma forma parte de Círculo Fortuny. Una de las prendas damnificadas en este cambio hacia un modelo más casual es la corbata.

Tanto es así que firmas como Hermès, que tienen en esta prenda uno de sus productos estrella, han visto como los ingresos de seda y textiles aumentaron un 3% en 2018, el crecimiento más lento de todas las unidades de negocio del fabricante de lujo francés, que el pasado ejercicio facturó 5.966 millones, un 7,5% más. Y fue presidente ejecutivo de la compañía, Axel Dumas, quien reconoció durante la presentación de los resultados, según informa Bloomberg, que “hay un declive estructural”, en las corbatas, y para ello están “introduciendo más pañuelos para hombres”.
Esta tendencia forma parte, apunta Susana Campuzano, socia directora de Luxury Advise y directora del Programa de Dirección y Gestión Estratégica del Universo del Lujo de IE, de un cambio de hábitos en la sociedad, hacia una cultura del deporte, hacia una vida más sana, y esto se traduce en un estilo de ropa más informal. “Todas las firmas, incluidas las de lujo, están lanzando colecciones de zapatillas, de manera que puedes ir vestido con un traje y llevar unas sneakers, se ve en todas las marcas”, señala esta experta.

De hecho, el mercado de las zapatillas, según un informe sobre la industria del lujo de la consultora Bain & Company, movió en 2017 alrededor de 3.500 millones de euros, un 10% más que el año anterior, el sector de las prendas tejanas, 3.200 millones de euros, un 6% más, el de las camisetas, 2.500 millones de euros, un 25% más, y el de las parkas y anoraks, 1.100 millones de euros. Según esta misma fuente, las prendas de deporte facturan 186.000 millones de euros. “Los códigos son diferentes, y si la sociedad sueña con chanclas hay que darles chanclas. El vestir con traje y corbata, sobre todo en ambientes creativos, ha quedado obsoleto. Esto todavía no pasa en las consultoras ni en los grandes bancos, ambientes en los que todavía hay que ir arreglados, aunque bancos como Goldman Sachs siguen la tendencia informal”, señala Campuzano, que también advierte de la importancia del nuevo traje contemporáneo. El patrón lo dibuja el sastre Lander Urquijo, que concibe el terno actual como una prenda menos rígida, esto es, con tejidos de algodón, “que te puedas poner con zapatillas o con una camiseta”, un atuendo alejado de la seriedad del hábito que acostumbra a llevar un profesional de la banca. “Lo que si hemos notado es un descenso de la venta de corbatas en un 30%, ahora solo se vende para momentos especiales y no tanto para trabajar”, señala.

Que la corbata pueda estar en vías de extinción puede ser un drama para algunos. Ya no es el regalo estrella de las Navidades entre los varones, y poco a poco va perdiendo protagonismo, entre otras razones, por la irrupción de los millennials en el trabajo, lo que hace que firmas españolas como Lester, que nació en 1992 como fabricante de corbatas, hayan ampliado su abanico de prendas masculinas. “Me parece una aberración que los hombres ahora lleven traje sin corbata, pero esto son modas y la corbata volverá a estar en lo más alto, se puede llevar hasta con bermudas”, señala Carlos Satrústegui, consejero delegado de la firma.

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