El impacto de la inteligencia artificial en el sector legal: la revolución está en los procesos

La idea del abogado-robot deja paso a una visión más realista sobre los efectos de las nuevas tecnologías

De izquierda a derecha: José Medina (Wolters Kluwer), Eugenia Navarro (ESADE), Carlos Sáiz (Ecix) y Santiago Gómez (Uría Menéndez).
De izquierda a derecha: José Medina (Wolters Kluwer), Eugenia Navarro (ESADE), Carlos Sáiz (Ecix) y Santiago Gómez (Uría Menéndez).

Durante mucho tiempo, cualquier charla o jornada sobre la aplicación de la inteligencia artificial en el sector legal derivaba en un intenso debate sobre si los abogados serían sustituidos (o no) por robots o, en el peor de los casos, cuánto tardaría en producirse este fenómeno. Algunos, incluso, vaticinaban que sería en un plazo muy corto de tiempo; no más de cuatro o cinco años.

Superado el fervor inicial, y gracias a las conclusiones que permiten extraer las primeras probaturas hechas por las firmas y las empresas del sector, el diagnóstico de los expertos es que el gran cambio que introducirá la inteligencia artificial no tienen tanto que ver con la sustitución del abogado, sino con la mejora paulatina de los procesos, ganando en eficiencia y productividad. Esta es la principal conclusión de la jornada El impacto legal de la IA en el sector legal organizada ayer por ESADE y Wolters Kluwer, encuentro en el que se radiografió el estado de implantación de esta tecnología en el sector.

Más lento de lo esperado

Los ponentes coincidieron en señalar que la introducción de herramientas de inteligencia artificial requiere más tiempo del esperado. Es el caso de Uría Menéndez, que ya entrena dos sistemas informáticos para que puedan analizar contratos. “Pero el proceso no es tan sencillo”, explicó Santiago Gómez, su director de Tecnología e Innovación, porque el entrenamiento de las máquinas requiere “muchísimas horas” y, además, a los algoritmos les cuesta más operar con el castellano que con el inglés.

José Medina, director de Tecnología de Wolters Kluwer, insistió en la idea de que, a pesar de las expectativas creadas, no puede esperarse una “gran ruptura” en la prestación de los servicios legales. “Del marketing suele pasarse a la frustración, pero lo cierto es que la introducción de la tecnología se irá haciendo poco a poco”.

Resistencias

En este proceso, una de las resistencias que debe vencer los bufetes es el miedo de los propios abogados a la tecnología. “Pero tenemos que asumir que como humano tenemos serias limitaciones y las nuevas herramientas pueden compensar esos déficits”, aseveró Carlos Sáiz, socio de Ecix Group.

Los ponentes también apuntaron la incomodidad que produce en cualquier profesional el hecho de pasar a ser sometido a un mayor control y medición de su actividad, tal y como permiten las nuevas herramientas. “No es fácil salirse de la zona de confort”, resumió Medina.

¿Quién desaparecerá?

Existe un gran consenso en el sector legal sobre que los profesionales que tienen más riesgo de desaparecer devorados por las posibilidades que ofrecen las tecnologías son aquellos que realizan una labor repetitiva y rutinaria. Idea que suscribieron los intervinientes en la mesa y que Eugenia Navarro, profesora de Estrategia y Marketing Jurídico de ESADE resumió así: “No hay duda; lo que pueda estandarizarse, se estandarizará”.

Esta asignación a las máquinas de aquellos procesos menos creativos, no obstante, es una oportunidad para los despachos para liberar recursos humanos y materiales para otras tareas. De hecho, Gómez se mostró partidario incluso de la externalización de algunos de ellos. “Como en el surf, los que no se suban a la ola se llevarán un revolcón”, advirtió.

Democratización

El director de Tecnología de Uría también puso el acento en otro de los grandes debates en torno a la irrupción de la tecnología en los despachos, como es su efecto igualador o distanciador entre las firmas en función de su tamaño.

Gómez suscribió la idea de que, dado que los despachos más pequeños pueden contratar las nuevas herramientas a proveedores externos (sin tener que afrontar ellos mismos el elevado coste de desarrollarlas), estas producirán un efecto “democratizador” e incrementarán la competencia entre organizaciones de distinto nivel. Todo ello, eso sí, “sin descuidar la ciberseguridad”, zanjó Sáiz.

La revolución del dato

Big data. Junto con la inteligencia artificial, la segunda revolución que está por venir en el sector legal es la revolución del dato; es decir, el aprovechamiento de toda la información que ofrecen las herramientas de big data. Los despachos, sin embargo, se están encontrando con varios problemas para poder explotar este filón. Uno de ellos es el propio consentimiento de los clientes, que no siempre se encuentran cómodos prestando sus datos para que estos sean combinados con los de otros, para poder ser analizados.

Millones. El segundo de ellos es la gran cantidad de información que se necesita para alimentar las propias herramientas. “Para que a través del big data podamos sacar conclusiones fiables hacen falta millones de datos”, expuso José Medina, de Wolters Kluwer.

Small data. Santiago Gómez, de Uría, también puso el acento en que hay mucha información que puede extraerse del small data; es decir, de los datos a pequeña escala. “Todo abogado tiene que tener sus métricas: cuántas horas dedica a un asunto, cuántos clientes le plantean una determinada consulta, etc. Y de ahí también puede extraerse mucha información”.

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