La RSC hace suyos los retos marcados por la ONU para 2030

Seres y Deloitte presentan la V edición del ‘Informe del impacto social de las empresas’

Desarrollo sostenible pulsa en la foto

Durante 2017, un total de 77 compañías, que entonces conformaban el 70% del Ibex y el 34% del PIB español, invirtieron más de 846 millones de euros en proyectos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Así lo afirma el quinto Informe del impacto social de las empresas, elaborado conjuntamente por la Fundación Seres y Deloitte y presentado ayer en Madrid. De él se extrae, tal y como recordó Ana Sainz, directora general de la citada fundación, que “la RSC ya no es una moda, sino que ha llegado para quedarse. Las empresas cada vez son más conscientes de su potencial como agentes de cambio”. Así, los casi 850 millones de euros destinados a estas causas por las organizaciones supusieron un 10% más de dinero que en la edición anterior, llegando a un total de 32,7 millones de personas, de las que 24 millones fueron beneficiarios directos, un 32% más que en 2016.

Una de las principales evoluciones respecto a otras ediciones pasa por la adopción por parte de las empresas de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que aprobó la ONU hace tres años con vistas a 2030. Según los datos del informe, se confirma que las organizaciones han hecho suyas la mayor parte de estas demandas, en un 90% de los casos, involucrándose en proyectos que buscan acabar con la pobreza y con el hambre, promover la educación de calidad o la igualdad de género o impulsar la sostenibilidad en las ciudades o en los fondos marinos del océano. Del total de euros destinados a estos proyectos, un total de 397 millones recayeron fuera de las fronteras españolas.

La Agenda 2030 de la ONU, que lanzaba una serie de mínimos de aplicación universal para intentar promover un mundo más justo, pedía a todos los países un esfuerzo conjunto para lograr este objetivo en el año señalado. Sin embargo, prosiguió Fernando Ruiz, presidente de Deloitte en España, se debe tener en cuenta la nueva situación del entorno, de la sociedad y de la economía, que deja entrever que el compromiso de los países no es del todo suficiente para lograr esta meta. “Estamos en una época de grandes cambios, y para que estos sean lo menos dañinos posibles, es imprescindible la involucración de las empresas. La RSC es fundamental en esto”, explicó Ruiz.

De esta forma, según los datos recolectados por Seres y Deloitte, las organizaciones empiezan a dar que hablar de forma significativa en varios de los ODS de las Naciones Unidas. Un 70% de los grupos estudiados participa en proyectos relacionados con el trabajo decente y el crecimiento económico. Le siguen las iniciativas de salud y bienestar y las de igualdad de género, ambas con un 63% de participantes. Otros, como los retos enmarcados en la producción y en el consumo responsable, la acción por el clima o las alianzas entre distintos agentes para lograr los objetivos marcados, alcanzan un 60% de implicación.

A la cola están las iniciativas por la vida submarina, con un 5%, y las que trabajan por la erradicación del hambre y el impulso de la vida en ecosistemas terrestres, en un 21% ambas. “Que un 90% de las empresas articulen su estrategia de RSC en torno a los ODS muestra la importancia que está adquiriendo esta tendencia”, añadió Ana Andueza, socia de consultoría del sector público en Deloitte.

Los ODS más habituales están directamente relacionados con las capacidades que las empresas participantes en el estudio tienen para contribuir a los cambios que demanda la sociedad: el trabajo decente y calidad de vida de los trabajadores, la igualdad de género, la salud y calidad de vida, y el consumo y producción responsables. Al otro extremo existe un grupo de objetivos que está tímidamente planteado en el seno de las organizaciones, como la erradicación de la pobreza, la disposición de agua limpia y saneamiento, y la promoción de energía no contaminante. Las compañías muestran un interés nimio en ellos, explican los expertos, probablemente por la falta de disponibilidad de los recursos necesarios para poder abordarlos.

Este informe, al ser la quinta edición consecutiva, permite además establecer un balance y analizar la evolución de la RSC en el mercado productivo español, así como identificar tendencias. Tras cinco ejercicios, como primera conclusión, se extrae que el número de empresas participantes en el informe comienza a consolidarse, pasando de 50 compañías en 2013 a 68 en 2014, 77 en 2015, 79 en 2016 y de nuevo 77 en 2017. Este crecimiento evidencia que el número de beneficiarios directos ha crecido un 32%, pasando de las casi siete millones de personas en la primera edición a las más de 24 millones en 2017.

El número de beneficiarios directos ha crecido un 32%, llegando a 24 millones de personas

El volumen de empleados participantes en este tipo de iniciativas también ha aumentado a lo largo de este ciclo, duplicándose en los dos últimos años. En la primera edición, fueron 84.800 los empleados involucrados, cifra que ascendió a 110.000, 119.000 y 194.000 en los tres años siguientes. “En 2017, más de 300.000 trabajadores participaron en estos proyectos”, confirmó Ana Sainz.

Uno de los ejes que quizá tiene más impacto en lo relativo a la RSC es la inserción laboral de trabajadores. Cabe destacar que el 32% de los más de 9.000 proyectos que se han desarrollado en 2017 lo han hecho en torno al empleo. En concreto, un 24% de las iniciativas se han orientado a generar oportunidades de trabajo e integración laboral, convirtiéndose así en el área que ha concentrado el grueso de las propuestas. El 9% restante de esta rama se ha enfocado, por su parte, a la formación para el empleo.

Con estos datos sobre la mesa, el volumen de personas integradas laboralmente a final de año sigue creciendo de manera notable, y casi duplicando los datos de 2016 en la edición de este año. En estos cinco ejercicios, las compañías participantes han integrado a 30.800 personas, 38.200, 57.300, 64.200 y 118.200 profesionales respectivamente.

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