La obra social que resistió la crisis

Fundación Caja Burgos gestiona un presupuesto de 15,7 millones

Mesa redonda en la pasada edición de ForoBurgos, sobre gestión empresarial, organizado por Fundación Caja Burgos. Desde la izquierda, Andrés Fontela (Fontela & Recarte), Javier Villacampa (Grupo Antolin) y Alberto Gavilán (Adecco).
Mesa redonda en la pasada edición de ForoBurgos, sobre gestión empresarial, organizado por Fundación Caja Burgos. Desde la izquierda, Andrés Fontela (Fontela & Recarte), Javier Villacampa (Grupo Antolin) y Alberto Gavilán (Adecco).

Las cajas de ahorros en España han desempeñado siempre una intensa obra social, dando impulso a proyectos culturales, medioambientales y de acción social necesarios para dar cohesión a la sociedad. Pero la crisis de 2008 dio lugar a una profunda rees­tructuración del sector financiero que acabó con las cajas de ahorros. Si bien solo con su actividad bancaria, pues la labor social que desarrollaban pervive convertidas ahora estas entidades en fundaciones bancarias.

Es el caso de la Fundación Caja de Burgos que, despojada ya de su actividad financiera, mantiene la social que ejercía antes de la crisis. “Las cajas llegaron a invertir antes de la crisis 2.000 millones en obra social, hoy estamos en 800 millones, y además 500 millones corresponden a una sola (La Caixa), con lo cual hoy unas cuantas hacemos otros 300 millones”, indica Rafael Barbero, director general de la Fundación Caja de Burgos. “Visto así es una pérdida, pero con 800 millones somos el mayor inversor social de este país”, destaca.

La Fundación Caja de Burgos se ha convertido en una de las principales fundaciones bancarias a nivel nacional, con un presupuesto de 15,7 millones en 2018. “Es aproximadamente lo que hacía Caja de Burgos en 2005, 2006 en su actividad social”, apunta Barbero.

“Nuestra labor hoy es desarrollar la sociedad de nuestro entorno”, señala el director general de la Fundación Caja de Burgos

“Nuestra labor hoy es desarrollar la sociedad de nuestro entorno”, señala el director general de la Fundación Caja de Burgos, que es la provincia de Burgos, principalmente, y Castilla y León en general. Un desarrollo de la sociedad en el que desempeña un papel fundamental el tejido empresarial. Por eso en 2012 la fundación incorporó una línea de apoyo al dinamismo empresarial, con un programa de emprendimiento –“para ayudar al que tiene una idea y quiere validarla antes de salir al mercado a que lo haga asumiendo los mínimos riesgos posibles– y otro de crecimiento de pymes.

“Burgos es una provincia muy industrial, más de lo que la gente conoce, pero de pequeñas empresas”, asegura Barbero. “Una pequeña empresa tiene unas capacidades limitadas y nosotros intentamos que coja tamaño para que su competitividad mejore. Les ayudamos a definir los planes estratégicos de crecimiento que les permitan ganar competitividad”, explica.

También como parte del desarrollo empresarial, la fundación acaba de crear con sus propios fondos una sociedad de capital riesgo, Asocia Inversión, “para complementar la financiación bancaria de las empresas y que afronten con viabilidad proyectos de crecimiento”; organiza ForoBurgos, “una cita anual que intenta ser de referencia nacional para temas de gestión”, y ha lanzado La Locomotora, “una aceleradora para atraer proyectos de ámbito industrial innovador a Burgos para que se desarrollen”.

Emprendimiento rural

“Otro tema que estamos trabajando, y no es fácil, es el emprendimiento rural, con el interés de fijar población en el entorno rural”, precisa el director general de la fundación.

Barbero reconoce que si bien la fundación no ha sufrido una rebaja sustancial en lo que es inversión social, sí que ha tenido que adaptarse a la nueva situación. “Nos ha llevado a intentar no solo cubrir las necesidades sociales que nos traslada la sociedad, sino también intentar hacerlo de una forma creciente, pero crecientemente sostenible, y también ser un poco novedosos, que las propuestas que hagamos a la sociedad también mejoren”.

Los ingresos de la fundación provienen de sus actividades propias –"cobramos por casi todo, aunque no cubrimos casi nada, porque cobrar es dar valor a lo que hacemos y además genera ingresos para hacer más cosas”, apunta Barbero– (39,9%), la gestión de su tesorería (23,5%) y de los dividendos de las acciones que posee en CaixaBank (36,6%). La entidad maneja un patrimonio de unos 220 millones de euros y en la actualidad desarrolla más de 7.000 actividades al año de las que se benefician medio millón de usuarios. Cuenta con 25 centros sociales que son gestionados por una plantilla propia de 172 personas.

La fundación tiene un plan hasta 2020 con el que busca crecimiento “de una forma sostenida. Buscamos, paso a paso, cada año destinar más fondos a inversión social”. “La palabra innovación intentamos tenerla siempre presente”, enfatiza Barbero.

Apuesta por la cultura

Además de apoyo al tejido empresarial, la fundación trabaja en el ámbito de la asistencia y la solidaridad; la cultura; la educación; el medio ambiente, y la salud y el bienestar.

La fundación mantiene una fuerte apuesta por la cultura, a la que dedica un 25% de su presupuesto, “como medio de desarrollo de la persona, intentando que llegue a todos los estratos sociales”, resalta Rafael Barbero. Y lo hace en dos facetas: una expositiva, para lo que cuenta con varios centros de exposición, uno muy especial, el Centro de Arte Contemporáneo CAB, que este año celebra su 15 aniversario; y de programación cultural, con promoción de artistas locales, así como artistas reconocidos, como la soprano Barbara Hendricks, el tenor Javier Camarena o Joan Manuel Serrat, entre otros.

La Fundación Caja de Burgos gestiona una escuela infantil y dos centros educativos en régimen concertado, con el que intentan complementar la formación reglada con la sensibilización en valores y la mejora de habilidades. “Nos permite que sea un taller donde probamos nuestros proyectos, que luego ofrecemos a los demás centros educativos”, señala Barbero. Como proyectos de robótica y otro de sensibilización al emprendimiento, denominado Planea, que en 2015 fue Premio Nacional al Éxito Educativo.

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