Cinco museos de Madrid recrean una casa de época

Los centros van más allá de lo artístico y forman una vivienda del siglo XX

El proyecto también contribuye a la divulgación cultural y social de entonces

Cinco museos de Madrid recrean una casa de época

Los museos Cerralbo, Lázaro Galdiano, Artes Decorativas, Romanticismo y Sorolla, además de albergar obras de arte, tienen en común otros elementos. Los cinco se ubican en palacetes de Madrid de los siglos XIX y XX, y antes de ser museos sirvieron como hogares. Sin embargo, a pesar de ser concebidos como viviendas, sus vidas posteriores han hecho que algunas de sus estancias no se conserven. Por eso, en una iniciativa que lanzan por primera vez, pero que tiene intención de repetirse más adelante, los cinco centros se unen para conformar una casa completa, sumando cada uno de ellos las estancias que mejor mantienen. Cinco museos hacen una casa es un proyecto que nace del Ministerio de Cultura, con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, y que verá la luz del 14 al 18 de noviembre, con diferentes visitas programadas en cada uno de ellos.

Estos espacios, que recrean la vivienda de la época, son tanto externos como internos, desde el jardín y el propio edificio del Museo Lázaro Galdiano al salón de baile y la sala del baño del Museo Cerralbo, la escalera de honor y cocina valenciana del Museo de Artes Decorativas, el comedor y dormitorios del Museo del Romanticismo y el salón y estudio del pintor del Museo Sorolla. Bajo esta idea, explica Luis Alberto Pérez Velarde, conservador del Museo Sorolla, “la actividad se convierte en una experiencia totalmente diferente a la de la visita convencional”.

Cuando alguien acude a un museo, prosigue, la visita suele centrarse en las obras y en el estilo artístico de estas. Esta vez, sin embargo, el protagonismo se traslada también a los espacios históricos, a la arquitectura y a los recuerdos que quedan perennes en el edificio. Hay que tener en cuenta que “estos no son museos de galerías y paredes blancas y lisas. En ellos permanecen la decoración y el ambiente en el que vivieron los artistas y coleccionistas”, añade Pérez Velarde.

El Museo Sorolla ha elegido para mostrar el taller del artista y el salón de la casa. “El taller es uno de los mejores conservados de toda Europa. En él se ven los pinceles, las paletas, las colecciones, la biblioteca y cómo trabaja el pintor”, añade. El salón, por su parte, conserva la cristalera, el suelo de mármol y otros materiales nobles típicos de la época.

“Nosotros aportamos el jardín y el edificio en sí”, explica Elena Hernando, directora del Lázaro Galdiano. El espacio verde, aunque se rehabilitó en 2004, “se planteó tal y como habría sido a comienzos del siglo XX, con caminos sinuosos y plantas comunes de la época, como el ophiopogon negro, los hebes negros y las hortensias holandesas”, añade Hernando.

El edificio, por su parte, es de un estilo sobrio, con planta rectangular, torreón y un patio interior que da al salón de baile. Con esta iniciativa “queremos transmitir nuestra esencia: que somos museos que un día estuvieron habitados, por lo que detrás del arte hay una dimensión humana, ya que está todo establecido y pensado para ser una vivienda”, prosigue la directora del Lázaro Galdiano.

Por eso, además del ámbito puramente artístico, detrás del proyecto también se esconde el propósito de contribuir a la difusión histórica, social y cultural del Madrid burgués de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. “No recreamos solo la vivienda del artista o el coleccionista que habitó aquí, sino la casa de la burguesía adinerada de entonces”, señala Asunción Cardona, directora del Museo Nacional del Romanticismo. En su caso, se ha seleccionado el comedor, “que es una sala de representación, un espacio social de reunión y encuentro que simboliza de alguna forma a la familia a la que pertenece el edificio. También presentamos los dormitorios, tanto el masculino y el femenino, que muestran muy bien las diferencias de género de aquellos años”. En la alcoba de la mujer, añade Cardona, se percibe muy bien el papel social de las féminas. “Se conservan muy bien, por ejemplo, el tocador, los juegos de agua, los tarros de cremas y los perfumadores. Nacemos de lo artístico, pero también vamos a lo social”.

La idea del proyecto, recuerda Pérez Velarde, es que el visitante pueda acudir a ver los cinco museos y hacerse una idea completa de lo que la iniciativa quiere transmitir. “Es un juego que hemos creado, y es realmente completo cuando se pueden ver todas las ­estancias”.

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