Las obsesiones de Giacometti reunidas en Bilbao

Más de 200 esculturas dan forma en el Guggenheim a la exposición

La muestra dedicada al artista suizo podrá visitarse hasta el 24 de febrero

La obra 'Mujeres en Venecia'.
La obra 'Mujeres en Venecia'.

Más de 200 esculturas, en yeso, arcilla y bronce, pinturas y dibujos de Alberto Giacometti (1901-1966) se exhiben desde este viernes en el Museo Guggenheim de Bilbao, en la que puede ser una de las más completas retrospectivas del artista suizo. La muestra, patrocinada por Iberdrola, ofrece algunas piezas de gran valor porque en contadas ocasiones han sido expuestas, por la fragilidad de su composición. Es el caso de las ocho esculturas en yeso que componen el conjunto Mujeres de Venecia, un encargo que hizo para la Bienal de Venecia de 1956, y que desde el pasado mes de junio se exhiben en el recién inaugurado Instituto Giacometti de París. Se trata de unas figuras femeninas, frágiles, colocadas en la misma posición, aunque todas ellas son diferentes.

Precisamente, el universo de la mujer es una de las obsesiones que marcan la trayectoria del artista, criado en un ambiente creativo. Su padre, el pintor neoimpresionista Giovanni Giacometti, del que se exponen tres cabezas realizadas por el hijo, es quien le inicia en la pintura y la escultura. Y le marca las directrices, le anima a marcharse a París a buscar su propio estilo, recordó ayer una de las comisarías de la muestra y responsable de la Fundación Giacometti de Paris, Catherine Grenier. Es allí donde entra en contacto con las vanguardias, como se refleja en Mujer cuchara (1927), una de las piezas más relevantes de esta época, que creó en yeso y posteriormente realizó en bronce, donde interpreta la geometría del cubismo, las formas estilizadas del arte africano y la simplicidad formal de la modernidad europea. “Más tarde se acerca al surrealismo, pero posteriormente se desvía de este movimiento para dar un paso más y volver a lo real”, señaló Grenier, durante el recorrido por la muestra, frente a la sala que acoge su paso por el existencialismo.

Y regresa a otras de sus obsesiones, como son la figura humana, alargada y filiforme, las cabezas, los pedestales y zócalos, las miniaturas, la perspectiva, la escala... El propio artista, que nunca abandonó su pequeño taller alquilado de apenas 26 metros cerca de Montparnasse, resumió su evolución en la siguiente reflexión: “Trabajando en lo natural llegué a hacer esculturas minúsculas, de tres centímetros. Hacía esto a mi pesar. No lo entendía. Empezaba grande y acababa minúsculo. Lo comprendí más tarde: no se ve a una persona en su conjunto hasta que uno se aleja y se hace minúscula”.

Giacometti jugó con las diferentes escalas desde 1938, y dos décadas más tarde concentra toda su investigación sobre la dimensión y la figura humana en La pierna, una pieza encaramada en un pedestal altísimo, y que recuerda a la escultura antigua.

En la muestra, que podrá verse hasta el próximo 24 de febrero, también se encuentra la obra más conocida del artista y una de las esculturas más famosas del siglo XX, como es Hombre que camina (1960), un gesto que ya le había interesado tres décadas ante como se pude apreciar en Mujer que camina, inspirado en la tradición de las estatuas griegas.

Los 40 años de trayectoria de Giacometti se completan con una amplia colección de más de 2.000 dibujos y pinturas, de los que se exhibe un pequeño repertorio. “Como pintor no es tan conocido, pero es relevante en cuanto a cantidad y sirve para ampliar la mirada de su trabajo”, explicó la comisaria, que insistió en la capacidad del artista para ir a lo esencial, atreverse con diferentes estilos y de esta manera reinventar la escultura. 

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