Los sueños de Cristina Iglesias inundan el Centro Botín

La muestra reúne 22 obras de la artista donostiarra, reconocida por la complejidad de su obra

La exposición puede verse hasta el 3 de marzo en el edificio diseñado por Renzo Piano

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Cristina Iglesias posa en el Centro Botín con una de sus obras.

Desde el comienzo, la escultora Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) ha mantenido una estrecha relación con el Centro Botín y su espacio de arte en Santander, obra del arquitecto italiano Renzo Piano, al ser la autora de una pieza permanente en el exterior de los Jardines de Pereda: cuatro pozos y un estanque en pieza, acero y agua llamada Desde lo subterráneo. Esta obra es la primera que recibe al visitante en la nueva exposición Entreespacios, que cuenta con la colaboración de la Fundación La Caixa, y que puede verse hasta el 3 de marzo. Se trata de 22 piezas seleccionadas por la propia artista y por el comisario de la muestra, Vicente Todolí, presidente de la comisión asesora de artes plásticas de la Fundación Botín.


Todas las obras, trabajadas con materiales que hablan, según explica la artista, como el acero pulido, el cristal, la madera o el polvo de bronce, comparten un marcado carácter espacial y en ellas Iglesias, que se considera más constructora que escultora, mira de manera poética el paisaje e integra sus mágicas puertas en el espacio. Una de las obras más sorprendentes y que invita al visitante a pararse y reflexionar escuchando el sonido del agua que fluye, cambiando de velocidad y de intensidad, es la composición titulada Pabellón verde, un cubo de unos cuatro metros, que acota de nuevo el espacio en una experiencia sensorial.

El recorrido, que ella misma define como deambular, continúa por algunos de sus trabajos más reconocidos, procedentes de colecciones particulares o de los fondos que guarda la propia artista en su taller. En la muestra se encuentran dos de sus famosas habitaciones. La Habitación vegetal III (2005) es una gruta natural de exuberante vegetación realizada con resina, polvo de bronce y fibra de vidrio, una pieza que invita al espectador a recorrer una serie de pliegues que frustran la posible mirada al exterior con una percepción de la perspectiva distorsionada por la forma en la que debe recorrerse. Otra habitación, la de Acero inoxidable (1996), es de majestuosas proporciones, cuyo exterior pulido refleja el universo que la rodea de una manera deformada.

Otra sorprendente pieza es la de sus famosos techos suspendidos, Pasaje I (2002), tejida con esparto, que introduce con una especie de techo orgánico una parte de la naturaleza en este mágico espacio, con vistas a la bahía de Santander. En opinión de Iglesias, todas las obras crean una ficción que se puede traspasar como lugares soñados. “Mis espacios son naturales inventados, con la idea de buscar, de perderse o de estar rodeado”, explicó durante la artista durante la presentación de la muestra.

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