Rato, de aspirar a presidir el Gobierno a condenado a 4,5 años de cárcel

Fue el español más influyente a nivel internacional

Rajoy impulsó su candidatura a presidir Caja Madrid (hoy Bankia)

Juicio de las tarjetas black
Juicio de las tarjetas black

Llegó a ser el español más influyente y respetado en todo el mundo. Era el ejemplo del triunfado. Tanto es así que incluso se especuló en una época determinada de España con que podría ser el sucesor de José María Aznar en el Partido Popular y también en el Gobierno. No se cumplieron estas especulaciones, aunque fue el vicepresidente económico con más poder de la historia del país, y ascendió a lo más alto que ha conseguido un político español, convertirse en el gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), pese a que decidiera volver a España antes de que finalizase su mandato en Washington.

Ahora, la condena de Rodrigo Rato por el uso de las tarjetas black confirma la drástica ruptura de una parte de la historia del país, la del boom económico, con las cajas de ahorros como brazos armados de políticos y comunidades autónomas. Estas entidades se habían convertido desde finales de los años 80 del siglo pasado hasta su declive en 2012, en un retiro dorado. Los Gobiernos autonómicos, e incluso, el central pagaban favores sentando en los consejos de administración de estas entidades a los representantes que consideraban oportuno.

Eso es lo que pasó con Rato. El exministro y ya también exgerente del FMI fue nombrado presidente de Caja Madrid en 2010, ya con una institución deteriorada, intoxicada de ladrillo y con una alta tasa de morosidad sin aflorar. Era el declive de la que fuera durante tres siglos ejemplo de entidad financiera para las capas sociales más humildes.

Mariano Rajoy decidió colocar a Rodrigo Rato al frente de Caja Madrid en un momento delicado para la entidad y para el sector de las cajas de ahorros. La institución madrileña contaba con siete millones de clientes y unos activos de 191.000 millones de euros, pero sus cimientos ya empezaban a tambalearse, tanto que en junio de ese año Caja Madrid aprobó su fusión con otra caja, Bancaja, también vinculada al PP, y también con alta dosis de ladrillo y morosidad. Esta unión se apuntaló con otras pequeñas cajas (la Insular de Canarias, Caixa Laietana, y las cajas de Ávila, Segovia y La Rioja). Una bomba de relojería que tardó solo dos años en explotar.

Rajoy, su mentor en Caja Madrid, había sido su rival en septiembre de 2003 en su pretensión por ser el candidato popular a la presidencia del Gobierno. Pero al final fue Mariano Rajoy quien se alzó con la presidencia. Como premio de consolación Rajoy impulso su candidatura a presidente de Caja Madrid.

El anterior presidente de la entidad madrileña de ahorros, Miguel Blesa, peleó por seguir en el sillón de la entidad, pero, tras 13 años en el cargo, no lo consiguió. La maquinaria de las tarjetas black por las que ahora Rato es condenado por el Supremo a 4,5 años de cárcel ya estaba en marcha.

¿Qué hubiera pasado si Esperanza Aguirre, entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, hubiera ganado la batalla a Rajoy en Caja Madrid y hubiera colocado a su candidato, su vicepresidente Ignacio González? La respuesta es ciencia ficción, pero es posible que a Rato se le haya pasado por la cabeza esta pregunta en algún momento.

Rato (Madrid, 1949) es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Administración de empresas por la Universidad de California (Berkeley). Comenzó su andadura política en 1979 en Alianza Popular (AP), formación por la que fue diputado por Cádiz tras las elecciones legislativas de 1982, y secretario general adjunto entre 1983 y 1989.

Amigo de Aznar, fue nombrado vicepresidente segundo, ministro de Economía y Hacienda entre 1996 a 2000, y ministro de Economía entre 2000 a 2004, con los dos Gobiernos del PP.

Durante su vicepresidencia se privatizaron empresas como Endesa, Tabacalera, Repsol, Telefónica o Gas Natural, o incluso Argentaria (hoy BBVA).

En junio de 2004 fue nombrado gerente del FMI para renunciar por sorpresa en octubre de 2007. Este hecho le permitió tres años después acceder al cargo de presidente de Caja Madrid, que ocupó hasta 2012.

Ese año Rato fue sustituido por el entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, también por sorpresa, para nombrar a José Ignacio Goirigolzarri. Bankia (se le cambió el nombre antes de salir a Bolsa en julio de 2011) fue nacionalizada.

También ese año una denuncia de la ya desaparecida UPyD por supuesta estafa y falsedad contable en Bankia puso en la picota a Rato. Comenzó su auténtica caída, con continuas visitas a la Audiencia Nacional, donde el próximo mes de noviembre hará frente al juicio por la salida a Bolsa de la entidad en la que Anticorrupción pide también para él cinco años de cárcel.

Pero no es la única cuenta pendiente con la Justicia. La justicia madrileña tiene abierto desde 2015 otro caso contra Rato por presuntos delitos fiscales, corrupción y blanqueo de capitales. 

Normas