Inversión

Qué puede enseñarnos una paloma del mercado eficiente

Sacamos grandes conclusiones partiendo de la base de que somos racionales, pero a veces nos ganan otros vertebrados

Imagen del concurso televisivo del dilema de las puertas, con el auténtico Monty Hall como presentador y auténticos norteamericanos como público.
Imagen del concurso televisivo del dilema de las puertas, con el auténtico Monty Hall como presentador y auténticos norteamericanos como público.

Imaginen que son participantes del concurso televisivo de los 60 recogido en la foto. El presentador, Monty Hall, le muestra tres puertas cerradas; tras una de ellas se esconde un premio (coche) y tras las otras dos (por algún motivo que se me escapa), cabras. usted debe elegir una. [Aviso, si ya conocen la paradoja de Monty Hall sáltense un par de párrafos].

Una vez seleccionada, abre una de las otras dos, sin premio, dándole la opción de cambiar su elección. ¿Qué haría usted, cambiar de puerta o mantener la elección porque las probabilidades son las mismas?

Walter T. Herbranson y Julia Schroeder hicieron un experimento con estas premisas. Con la particularidad de que, además poner a prueba al habitual grupo de estudiantes, lo hicieron con un grupo de palomas. Ambos tipos de vertebrados participaron en 30 rondas distintas. En la primera de ellas los estudiantes cambiaron su decisión un 57% de las veces (en otras palabras, les resultaba indiferentes ambas opciones). En la número 30 fueron un 65,7%. Las palomas cambiaron de elección un 36% en la primera ronda, y un 93% en la número 30.

Como explica Clara Grima en su (muy recomendable) libro “Que las matemáticas de acompañen”, el hecho de que el presentador seleccione una de las puertas sí es un evento que altera las probabilidades. No la de la puerta elegida, que sigue siendo la misma, una sobre tres. Las otras dos puertas tenían entre ambas un 66% de probabilidad de tener el premio. Como el presentador tiene que abrir una que no tenga premio, esta probabilidad del 66% se concentra en la que queda.

Las palomas no saben todo esto, pero observan, aprenden y y actúan en consecuencia. Los humanos somos más de tener razón.

Catedrático (alado) en probabilística y eficiencia de mercado.
Catedrático (alado) en probabilística y eficiencia de mercado.

Si nos fiásemos de la teoría del mercado eficiente, deberíamos dar por buena la probabilidad que se deriva de las decisiones del grupo: da igual cambiar la elección o mantenerla. Si hubiese un “precio” de cada puerta sería, basándonos en el conocimiento colectivo, en torno a un 50% del premio. Pero los humanos no siempre somos racionales en las decisiones económicas. A veces somos más tontos que las palomas. ya dijo Richard Thaler, Nobel de Economía 2017, nos parecemos más a Homer Simpson que los consumidores/trabajadores modelo que salen en los libros (son recomendables las transparencias usadas en el discurso de recepeción del premio).

Compramos cosas que no necesitamos porque están de oferta. Preferimos que nos den 10 euros a recibir 30 y nos quiten 20. Nos resistimos a vender un piso porque pensamos en cuánto nos costó, como si eso fuese asunto del comprador... Los ejemplos de sesgos cognitivos y decisiones irracionales son múltiples (The Atlantic escribe sobre ello), pero la economía tradicional está construida en torno a modelos racionales.

Y no funcionamos así. Thaler explica que no siempre nos comportamos como predicen los modelos. Y es precisamente en las decisiones más complicadas (comprar una casa, casarse, criar a los niños, cambiar de trabajo) aquéllas donde nos alejamos más del Robinson que nos presentan en los libros: las tomamos solo unas pocas veces en nuestra vida y por tanto es difícil o imposible aprender por propia experiencia.

Qué puede enseñarnos una paloma del mercado eficiente

La conclusión de que todos somos racionales y los mercados funcionan es que los precios son siempre los correctos. Es lo que establece (en su versión más literal) la hipótesis del mercado eficiente, y donde el choque con la realidad es más evidente. Cuando se inflan los precios de las cosas (especialmente de los activos financieros) personas e instituciones toman malas decisiones, se endeudan más allá de lo que pueden pagar, infravaloran el riesgo y destinan sumas de dinero desproporcionadas a inversiones de dudoso retorno. Las burbujas financieras nos enseñan machaconamente esta lección.

Sesgo cognitivo y premisas erróneas son una parte tan fundamental de las decisiones económicas como el raciocinio o la información. Son los ingredientes que nos llevan al ciclo inacabable de recuperación, confianza, euforia, complacencia, negación, pánico, capitulación, rendición, confianza… Quien no haya varias veces este serial es solo porque lleva poco tiempo observando la economía. Es una de las pocas cosas que sabemos que pasará. Pese a ello, nos pilla desprevenidos, o eso parece. Se puede casi oír al estudiante que en la prueba número 30 elige no cambiar de puerta afirmando: “No, pero esta vez es diferente”.

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