Los jóvenes abogados ya no aspiran a ser socios

En grandes despachos, la sociatura requiere entre 10 y 15 años

Las firmas legales adaptan la carrera a la medida de cada profesional

Los jóvenes abogados ya no aspiran a ser socios

Si hace unos años la aspiración para un abogado que empezaba en un gran despacho era llegar a ser socio, en la actualidad parece que la tendencia ha cambiado. Como señala Adela García de Tuñón, directora de recursos humanos de DLA Piper, "estamos viviendo un cambio de paradigma en la carrera de los abogados, mucho más flexible de lo que era antes, y convivimos con diferentes aspiraciones y desarrollos profesionales dentro del sector jurídico". Algo que también destaca Nuria Martín, directora de recursos humanos de Cuatrecasas: "Las nuevas generaciones aportan una nueva percepción de la carrera y del mundo profesional y hacen que nos replanteemos cómo atraer y retener el talento".

Es por ello que las grandes firmas han decidido flexibilizar y adaptar sus planes de carrera a cada abogado. Como dice Ignacio Paz, socio y miembro del comité de recursos humanos de Herbert Smith Freehills España, "se trata de hacer un traje a medida en función de la situación y aspiraciones de cada uno". Loreto de Blas, HR manager de la oficina de Hogan Lovells en Madrid, puntualiza que en la firma "no hay planes de carrera alternativos a alcanzar la condición de socio, sino carreras profesionales adaptadas a cada abogado".

Uno de los principales objetivos de los letrados más jóvenes que se incorporan a un gran despacho como Uría Menéndez es, según su secretaría general, Iciar Rodríguez-Inciarte, formarse y trabajar en asuntos complejos con profesionales de los que puedan aprender. Precisamente, el plan de carrera en este bufete se basa en el principio de up or out, según el cual los abogados son evaluados anualmente y, solo si su desempeño alcanza un determinado nivel, continúan su evolución en la firma.

Por su parte, Lourdes Ramos, directora de recursos humanos de Garrigues, apunta a que el crecimiento profesional es la principal aspiración de los más jóvenes; por ello, desde el despacho se centran en ofrecerles desde el principio de su carrera "formación continua, participar en las operaciones más relevantes del mercado en un contexto internacional, movilidad geográfica y la posibilidad de realizar actividades académicas y pro bono".

Las firmas consultadas coinciden también en que las nuevas generaciones de abogados han cambiado su forma de concebir el trabajo en los despachos respecto a las generaciones anteriores. Loreto de Blas explica que "los abogados jóvenes reclaman una involucración directa con el cliente y un entorno internacional, además de flexibilidad y conciliación". De hecho, como destaca Iciar Rodríguez-Inciarte, las nuevas generaciones entienden que el trabajo ha de ser "colaborativo y quieren opinar sobre los asuntos o proyectos en los que trabajan y aportar sus ideas". Nuria Marín alude también a que los jóvenes prefieren trabajar por objetivos y que valoran mucho "la felicidad laboral, el buen ambiente de trabajo y la transparencia en la gestión de personas". Todo ello unido a una cada vez mayor demanda de oportunidades a nivel internacional.

Un camino muy exigente

A este cambio de tendencias en las pretensiones de los profesionales más jóvenes se une que el camino hacia la sociatura es cada vez más exigente y competitivo. Tal y como afirma Lourdes Ramos, "alcanzar la condición de socio implica un alto grado de exigencia, dedicación y vocación de servicio a nuestros clientes".

Se trata de una carrera de fondo en la que llegar dicha meta requiere una media de entre 10 y 15 años y, en ocasiones, a pesar de la entrega y la dedicación, el objetivo no está garantizado. Y es que, además de las evaluaciones de desempeño, los méritos y capacidades individuales de cada abogado, existen otros factores externos, como la situación del mercado, el estado de la economía o la madurez y el tamaño del proyecto, que influyen directamente en su promoción dentro de las firmas legales.

Otro elemento importante a la hora de nombrar a un socio, como indica Adela García de Tuñón, es que el candidato tenga un business case, es decir, que prepare un plan de negocio en el que recoja cómo va a contribuir al crecimiento del negocio del despacho en su conjunto, en el que contemple desde el desarrollo de clientes hasta el desarrollo de equipos.

Tradicionalmente, hay que superar cuatro etapas para llegar a la categoría de socio: júnior, asociado, asociado sénior y una inmediatamente anterior a la sociatura que tiene una denominación distinta según el despacho: legal director en DLA Piper, asociado principal en Garrigues y Uría Menéndez, y of counsel en Herbert Smith y Hogan Lovells. Además, en el caso de Uría Menéndez existe una fase inicial para los abogados de primer año en la que durante sus primeros 12 meses en la firma rotan por, al menos, dos áreas prácticas.

Los socios en DLA Piper son internacionales y de cuota, y para llegar a esta categoría los candidatos deben contar con el apoyo de su group head y managing partner, es decir, su responsable del área y el socio director y pasar distintas pruebas, incluido un examen en materia de financiera y de riesgos. Del mismo modo, en Garrigues, Cuatrecasas, Herbert Smith y Uría Menéndez solo existen socios de cuota. De hecho, de los despachos consultados solo Hogan Lovells cuenta también con socios que no son de cuota. En esta firma la decisión final sobre el ascenso al cargo de socio dependerá del área de práctica internacional a la que pertenece cada uno.

Composición de la sociatura

La promoción interna sigue siendo el mecanismo más utilizado para llegar a la sociatura en los grandes despachos. En Garrigues, Cuatrecasas, Herbert Smith y Uría Menéndez entre el 82% y el 95% de sus socios han hecho carrera en las propias firmas hasta llegar a esa posición. Aunque en el caso de Garrigues reconocen que en los últimos años, debido a su "fuerte apuesta internacional, en particular en Latinoamérica, han incorporado directamente nuevos socios".

Por su parte Hogan Lovells y DLA Piper se desmarcan de esta tendencia con un 50% y un 44%, respectivamente, de socios que han alcanzado esta categoría por promoción interna. En el caso de Hogan Lovells, Loreto de Blas comenta que, "aunque el despacho apuesta por la promoción interna, no hay que olvidar que somos un despacho joven y en crecimiento, por lo que hemos reforzado algunas áreas de práctica con la incorporación de socios de otras firmas". La edad media de los socios de estas seis firmas legales oscila entre los 45 y los 49 años.

Como ocurre en otros sectores, las posiciones jerárquicas más altas siguen estando mayoritariamente ocupadas por los hombres; de media, solo entre un 10% y un 22% de los socios de estos despachos son mujeres. No obstante, según señalan, estos porcentajes están en alza. Por ejemplo, en Uría Menéndez destacan que "en los últimos cuatro años han nombrado un 30% de socias y, en concreto, en el último año, el 50% de los nombramientos de socios fueron mujeres".

Claves para llegar a ser socio

Excelencia técnica. Tener un brillante expediente profesional que acredite un nivel superior de conocimientos en Derecho.

Generación rentable de negocio. Capacidad de captar clientes y de detectar oportunidades de negocio que beneficien al crecimiento del despacho.

Gestión de equipos. Capacidades como saber hacer partícipes a todos los miembros del equipo del asunto sobre el que se esté trabajando, cuándo premiarlos, cómo superar las debilidades y adversidades que sobrevengan, realizar una asignación razonable del trabajo o establecer canales de comunicación efectivos.

Reputación en el área de especialización. Conseguir la credibilidad y el prestigio dentro de la rama práctica en la que se esté especializado.

Capacidades comerciales. Conocer las necesidades de los clientes para poder prestarles los servicios que demandan, así como transmitirles seguridad durante todo el proceso de contratación.

Liderazgo. Habilidades como ser capaz de motivar, comunicar y empatizar con los demás para conseguir que le sigan en sus proyectos e iniciativas. Así como saber reaccionar y adaptarse a las circunstancias que sobrevengan.

Manejo de las nuevas tecnologías. Su presencia en la actividad jurídica es cada vez mayor por lo que es una habilidad muy valorable.

Experiencia internacional. Ser capaz de moverse profesionalmente en un entorno global es cada vez más importante.

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