Nadia Calviño, de las cuentas del ‘brexit’ a ministra de Economía

Es responsable de presupuestos de la Comisión Europea

Será responsable del Tesoro, la política financiera y la negociación con la UE

Nadia Calviño, en una imagen de archivo.
Nadia Calviño, en una imagen de archivo.

Nadia Calviño será nombrada ministra de Economía del Gobierno de Pedro Sánchez, según han confirmado a Cinco Días fuentes cercanas al nuevo Ejecutivo. Será responsable de la política financiera y de la financiación del Estado a través del Tesoro, además de ser la cara española en las próximas negociaciones sobre el futuro de la eurozona. El nombramiento de un alto cargo europeo para esta cartera supone un gesto muy relevante de cara a las capitales europeas, especialmente en un momento en el que Italia se asoma al euroescepticismo.

Llegó como paracaidista a Bruselas y se marcha a Madrid como piloto de la cuarta economía de la zona euro. Nadia Calviño (La Coruña, 1968) completa así un viaje de ida y vuelta que la catapultó en 2006 desde la administración española hasta lo más alto de la Comisión Europea. Desde entonces ha sido una de las principales protagonistas en todos los asuntos de envergaduras de la última década, desde la reforma de la zona euro tras el batacazo de la crisis hasta la factura del brexit en las que ha arrancado a Londres casi 50.000 millones de euros.

Su reputación y tesón ha abierto puertas en Bruselas y en las principales capitales europeas y tiene hilo directo con los ministros de Economía de la zona euro, con la cúpula del Banco Central Europeo o con el equipo de Michel Barnier, máximo negociador europeo de la salida del Reino Unido de la UE. Unos contactos que pueden venirle muy bien no solo para su cartera de Ecomomia sino para todo el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez.

El inusual salto de Calviño a Bruselas sorprendió en su día a propios y extraños. Y no sentó del todo bien a los eurócratas de toda la vida, que motejan a los fichajes externos como "paracaidistas". Pero Calviño, licenciada en Derecho y en Económicas, no se arredró ante la fría recepción de alguno de sus nuevos colegas y continuó una senda que inició su carrera en la administración pública en 1994. Una senda que siempre apunta hacia arriba pero que ahora se enfrenta al mayor riesgo político de su larga carrera.

Por primera vez asume un cargo puramente político. Y lo hace en un Gobierno de dudosa duración y de incierta singladura. Su antecesor, Román Escolano, también renunció a un alto cargo europeo (vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones) y ha perdido la cartera en menos de tres meses.

Calviño nunca ha ocultado sus vínculos con la familia socialista española (su padre fue el primer director general de TVE del Gobierno de Felipe González), pero se había mantenido siempre en un terreno tecnocrático, donde ha demostrado una tremenda capacidad de trabajo y fino colmillo para lidiar con litigios tan enconados como el que provocó la fallida opa de Gas Natural por Endesa y el consiguiente choque del gobierno Zapatero con Berlín y Bruselas por frenar la opa alternativa de Eon. Pero al igual que Escolano, la nueva ministra siempre ha trabajado alejada de los focos. Y ahora deberá enfrentarse a la sobreexposición parlamentaria y mediática que acarrea el cargo de ministro.

Atrás deja una brillante carrera en Bruselas, donde ha llegado a lo más alto del escalafón de la Comisión Europea. Se incorporó en 2006 fichada por la entonces comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, que la descubrió durante la batalla eléctrica con España.

Pasó después al departamento de Mercado Interior, con el comisario Michel Barnier, donde ha sido una de las artífices de las reformas financieras y de la Unión Bancaria. En 2014 fue nombrada directora general de Presupuestos. Y en los últimos meses se ha dedicado sin respiro a preparar las cuentas de la UE para después del brexit, unos presupuestos (para 2021-2027) que ha intentado modernizar y racionalizar para adaptar al club a la nueva realidad económica (con más gasto en innovación y educación).

Tan apasionada por Europa como por sus raíces gallegas, Calviño ha asistido como eurócrata a numerosas reuniones del consejo de ministros de Economía y Finanzas (Ecofin), en las que a partir de ahora será la representante del Gobierno español. En esas citas padeció, como tantos otros, el nein constante del antiguo ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, contrario a la mayor parte de reformas planteadas por el departamento de Barnier.

La resistencia de Schäuble contribuyó a que la Unión Bancaria quedase incompleta. Una tarea pendiente que ahora Calviño intentará, sin duda, completar como ministra de Economía de un Gobierno que, previsiblemente, secundará el impulso de integración que encabeza el presidente francés, Emmanuel Macron.

Cinéfila, viajera, lectora empedernida y ejemplo vivo de la conciliación laboral y familiar (casada y con cuatro hijos), Calviño es definida por antiguos colegas en Madrid y Bruselas como pragmática y flexible. Sus críticos le reprochan un carácter impulsivo, reacio a ceder en las negociaciones. Pero tras doce años en la capital europea del compromiso es probable que regrese a Madrid como una experta en acuerdos que no satisfacen del todo a nadie pero tampoco dejan a nadie del todo insatisfecho. Una escuela que Calviño podrá rentabilizar en el período de ofertas y contraofertas, renuncias y sacrificios, que le espera en la vida política española actual. 

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