El Centro Botín acoge el sueño escultórico de Miró

Se trata de la primera muestra sobre el proceso creativo de uno de los maestros del surrealismo

Más de un centenar de piezas se exhiben en Santander hasta el 2 de septiembre

Escultura
Sala que acoge las piezas de color de Miró en el Centro Botín.

La mujer de Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1993), Pilar Juncosa, apenas le dio importancia a la faceta escultórica de su marido, al que calificaba de chatarrero. Es más, tenía prohibido que toda esa chatarra entrara en su casa, por lo que el espacio quedaba reducido al estudio del artista, en el que amontonaba cosas con el fin de hacer piezas enormes. Lo recordaba este lunes la experta en la obra de Miró, María José Salazar, y comisaria de la exposición Joan Miró: Esculturas 1928-1982, junto al nieto del artista y portavoz de la Successió Miró, Joan Punyet Miró.

Desde este martes y hasta el 2 de septiembre, gran parte de este trabajo escultórico y de su proceso creativo se exhibe en cinco salas del Centro Botín de Santander. La muestra, que abarca todos los periodos artísticos de Miró reúne más de un centenar de esculturas, además de dibujos; bocetos preparatorios de sus trabajos, fotografías del artista, vídeos en los que se puede ver el proceso de trabajo en la fundición, así como los objetos con los que creaba sus obras, gran parte de ellos inéditos.

Porque la fuente de inspiración de Miró era todo aquello que le rodeaba, desde un paseo por el campo a la transformación de objetos cotidianos, como unas sillas, en piezas artísticas. Lo recordaba su nieto durante la presentación de la muestra: “No paró de crear, utilizando un lenguaje universal, la quintaesencia de la poética surrealista, bucea en el mundo de los sueños, descifra y crea formas a través de una mirada surrealista”, describió el nieto, que define la obra de su abuelo de reflexiva, a la vez que intuitiva, “comprometida a la vez que lúdica y abierta a la experimentación”.

Una muestra de esa libertad y atrevimiento se refleja en una gran pieza, de las 18 de gran formato que se exhiben en Santander, una escultura de fibra compuesta por una pinza de tender la ropa, una castaña y un pistacho. También utilizaba todo tipo de materiales, como huesos, pintura, fibras de vidrio, poliuretano, resinas sintéticas, madera o bronce, al que acabó pintando para escándalo de los artesanos de las fundiciones con las que trabajaba. Todo esto obedece a un deseo: evitar ser previsible y repetitivo.

La mayoría de las piezas de la exposición proceden de la colección privada de la familia de Miró, de la Fundació Miró de Barcelona y de la Fundació Pilar i Joan Miró de Mallorca, además de obras cedidas por instituciones internacionales, como el MoMA de Nueva York, el Reina Sofía o la Fundación La Caixa, que colabora en la organización de esta muestra.

El primer espacio lo preside la escultura Personnage (1974), que resume el proceso creador al ensamblar diversos objetos que ejecuta finalmente en resina sintética pintada. Aquí se reúnen las primeras piezas del artista, muchas de ellas desconocidas, de pequeñas dimensiones y delicadas. Al lado, y con sentido didáctico se muestra el proceso creativo de Miró, así como los materiales, como jabones o un pavo de un belén navideño, que inspiran las esculturas, como es el caso de Tête de taureau (1970), que surge a raíz de un viejo olivo.

En la tercera estancia se exhiben obras singulares, como la trona de su nieto. En la siguiente parada se encuentran proyectos monumentales y esculturas filiformes. Aquí se encuentra, Porte (1974). Cierra la exposición las piezas en color del artista, con el verde, el azul, el rojo, el amarillo y el negro como protagonistas. Y, de fondo, el impresionante mar Cantábrico y la Bahía de Santander.

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