La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, y el presidente de Freixenet y de la Fundación Incyde, José Luis Bonet.
La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, y el presidente de Freixenet y de la Fundación Incyde, José Luis Bonet.

La industria española se conjura para abrazar la digitalización

La financiación de las investigaciones y la administración del big data, retos

La ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, destaca la estabilidad política como aval

Estamos en una posición más que razonable para asumir retos, pero tiene que pasar algo para que no perdamos la oportunidad”. Así definió ayer el futuro de la innovación tecnológica en España Josep Maria Martorell, director asociado del Barcelona Supercomputing Center, el mayor ordenador de España y uno de los más grandes de Europa. Lo hizo en el congreso Tendencias tecnológicas que cambiarán nuestra sociedad, organizado por la Fundación Incyde, la Cámara de Comercio de España y el Consorci de la Zona Franca, en la Llotja de Mar de Barcelona. En él se debatió sobre el alcance de la llamada revolución digital en el país, además de certificar que existe un talento importante entre los jóvenes emprendedores españoles. Pero también surgieron dos avisos: que no hay que olvidar la dimensión humana y ética de una revolución técnica, rápida e imparable; y que la rapidez de los cambios tecnológicos hace que sea indispensable invertir sin descanso en I+D+i, algo que, aseguraron muchos de los ponentes, no es tan evidente en España.

La definición de Martorell sobre el futuro del panorama tecnológico, a caballo entre el optimismo y la prudencia, surge de un análisis compartido por la mayoría de ponentes del congreso. España vivió entre 2000 y 2010 una época dorada en el desarrollo de la investigación, con un gran crecimiento y una sociedad que rápidamente se adaptó a los cambios tecnológicos, como muestra, por ejemplo, la alta penetración de smartphones en España. Pero para afrontar la revolución digital y los retos que plantea, queda mucho por hacer en materia de financiación.
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que la inversión en I+D en 2016 fue solo un 0,7% mayor que en el año anterior, mientras que el crecimiento del PIB fue del 3,3%. Así, el desembolso, tanto público como privado, fue en 2016 del 1,19% del PIB, frente al 1,22% del año anterior. En el contexto europeo, España ha perdido tres posiciones con la crisis, y se sitúa en el puesto 17 de los 28 estados miembros.

El ritmo del cambio actual requiere de una inversión sin descanso en innovación y desarrollo

Frente a este reto de la financiación se sitúan organizaciones como la Fundación Incyde. Desde su creación en 1999, es responsable de la formación de más de 140.000 emprendedores y de la puesta en marcha de la mayor red de viveros de empresas de Europa: desde 2002 se han incubado casi 7.000 compañías, el 80% de las cuales sigue en activo. “El liderazgo de un país o de una industria depende de su capacidad para anticipar el futuro”, recordó José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de Incyde. Este liderazgo se ha ejercido gracias, en parte, al Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) y a su programa sobre innovación para los años 2014 a 2020, que suponen una aportación de 98 millones de euros.

Bonet recalcó que para lograr una posición de ventaja en esta nueva revolución industrial hay que invertir en los sectores estratégicos. La sanidad, la industria farmacéutica, el sector agroalimentario y el deporte fueron señalados como claves para el futuro de la economía española. “La innovación es intrínseca en la salud, ningún paciente espera que no se le aplique la última tecnología”, explicó Ana Ojanguren, directora de relaciones institucionales de Abbott. Los ponentes destacaron el alcance de los descubrimientos: de prevenir un cáncer de mama a alargar la vida profesional de un deportista, pasando por la optimización en los procesos de producción del cava o del jamón de Jabugo. Pero, recordaron, para ello es necesario invertir y debatir para estar al frente de la transformación.

Josep Maria Martorell, director asociado del Barcelona Supercomputing Center; Teodoro García, doctor ingeniero de telecomunicaciones; Cristian Rodríguez, del Barcelona Tech City; Aleix Valls, consejero delegado de Liquid, y Roger Montañola, director de Diplodat Technologies, en una de las mesas del congreso.
Josep Maria Martorell, director asociado del Barcelona Supercomputing Center; Teodoro García, doctor ingeniero de telecomunicaciones; Cristian Rodríguez, del Barcelona Tech City; Aleix Valls, consejero delegado de Liquid, y Roger Montañola, director de Diplodat Technologies, en una de las mesas del congreso.

Otro desafío tiene que ver con las implicaciones éticas que conllevan los cambios. ¿La robotización de la economía significará más desempleo? ¿Es posible la privacidad y la confianza con el acceso masivo a datos personales? ¿Cómo reciclaremos las profesiones ante los imparables cambios tecnológicos? “La transformación digital es más transformación que digital: obliga a repensar las empresas y a reciclar los puestos de trabajo”, aseguró Aleix Valls, exdirector de Mobile World Capital, y actual director del proyecto de consultoría digital Liquid. El economista Daniel Lacalle subrayó que la robotización no destruirá el estado del bienestar, sino que, al contrario, es una oportunidad para llevar el progreso a toda la sociedad. Para ello será necesario que tecnologías como el blockchain o las criptomonedas sean lo más transparentes posibles y respeten la privacidad de los datos personales.

En el plano político, el secretario de Estado de Agenda Digital, José María Lassalle, puso en valor la capacidad de España, y en especial de Barcelona, de adaptarse a la revolución digital, y pidió que la capital catalana “siga siendo la ciudad que abre España al mundo”. En este sentido, defendió que Barcelona es la mejor ciudad para acoger un evento tecnológico de primer nivel como el Mobile World Congress y aseguró que las virtudes de la sociedad española y catalana “son imbatibles, a pesar de lo que ha ocurrido en los últimos meses”, en referencia a las turbulencias por el proceso independentista catalán.

Más concreta fue la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, que cerró el congreso asegurando que la innovación “no depende solo del talento, sino también de la confianza que dan los Gobiernos”. “Quiero trasladar un mensaje de confianza al talento de los ciudadanos para seguir innovando, para invertir y para unirnos en los valores democráticos”, concluyó.

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