Catalina D'Anglade, en su espacio de trabajo
Catalina D'Anglade, en su espacio de trabajo

Catalina D'Anglade: “Los artistas son mentes privilegiadas que pueden hacer de todo”

Dejó su trabajo como ‘headhunter’ para crear su propio taller de diseño de joyas

Colabora con artistas para unir el diseño con su otra gran pasión: el arte

De estudiar derecho y trabajar en uno de los grandes despachos de España a convertirse en diseñadora de joyas con una influencia directa del arte. Un camino complejo pero que ha recorrido Catalina D’Anglade (Madrid, 1973), que desde 2015 dirige el taller de diseño que lleva su nombre y en el que trabaja junto a otras tres personas. “En mi familia somos todos bastante creativos, pero yo me fui por los estudios de derecho. Hice un máster de dos años, aprendí idiomas...Iba más enfocada al mundo corporativo que al arte”, explica en su oficina, un espacio diáfano diseñado por ella misma. La gran mesa que domina la sala le sirve para ubicar sus herramientas de trabajo.

Pasó por los departamentos de procesal y mercantil de Garrigues. Su rutina no le acababa de llenar y lo dejó para ir a la firma de cazatalentos Boyden. “Me pareció muy divertido. Me gusta mucho hablar con la gente, escuchar...”, pero se decidió a dar el paso al mundo del arte y el diseño. Una pasión que le viene de su madre, quien regentó una tienda de moda. Ambas solían viajar a las ferias de Nueva York o Londres, y absorbió de ella esas inquietudes. Dirigió una bienal de escultura para después fundar su propio negocio. “Creé Catalina D’Anglade con la idea de hacer una especie de laboratorio de ideas donde se pudiese incorporar gente interesante para hacer cosas distintas”.Por ejemplo, con la peletera Elena Benarroch, con la que trabajó en el diseño de un bolso, o con el artista Rafael Macarrón, con quien ha hecho una colección de varios objetos. “La idea es involucrar a los artistas fuera de su mundo, sacarles de las galerías para que la gente vea que son mentes privilegiadas que pueden hacer de todo”.

Su proceso de diseño no sigue pautas establecidas. Como explica, cualquier cosa puede llegar a inspirarla. “Un viaje, ver los pétalos de una flor, o cuando sacas punta a un lápiz... La inspiración puede venir de cualquier lado”, afirma. Aunque no le fue sencillo convertir sus diseños en realidades físicas. “Hemos tenido que buscar fábricas en España que funcionaran bien, aunque fuesen más caras que las de fuera. Estuvimos varios meses de prueba y error”. Le encantaría poder trabajar con muchos materiales distintos, por eso asevera que, “si pudiese, tendría en plantilla un ingeniero para ver hasta dónde se puede trabajar con los materiales”.

Catalina D'Anglade: “Los artistas son mentes privilegiadas que pueden hacer de todo”

La diseñadora se muestra satisfecha con el recibimiento de sus primeras colecciones. Una de ellas tiene a Manhattan como protagonista, adonde viaja cada dos meses. “La visité de pequeña y me quedé enganchada. Me encantaría vivir allí”. Sus rascacielos están hoy en su oficina en forma de anillos, brazaletes y pendientes. También en una bola de nieve que le regaló su madre cuando era niña y que le acompaña desde entonces.

Normas
Entra en EL PAÍS