Luis Vidal: "Madrid ha de ser más útil para captar empresas británicas"

Es coautor, junto a Renzo Piano, del Centro Botín de Santander, y uno de los mayores especialistas internacionales en diseño de aeropuertos, entre ellos la T2 de Londres y la T4 de Madrid

Arquitectura
Luis Vidal, arquitecto.

Lleva a gala que cada edificio o proyecto que se levanta desde el estudio Luis vidal + arquitectos, abierto en 2004, recibe un reconocimiento. Luis Vidal, (Barcelona, 1969), estudió arquitectura en la Universidad de Greenwich (Reino Unido) y se especializó en el diseño de aeropuertos e infraestructura de transportes. Ejemplos de ello son la Terminal 2 del aeropuerto de Heathrow (Londres), la T4 de Madrid Barajas, donde dirigió el proyecto, o el nuevo aeródromo de Varsovia. Acaba de regresar de Santander, de inaugurar el Centro Botín, del que es coautor junto a Renzo Piano. De conversación pausada y firmes convicciones, que pone de manifiesto en la siguiente anécdota: “Un profesor decía que antes de ser arquitecto habría que casarse dos veces, haber estado en prisión y haber dado la vuelta al mundo. He estado de visita en una cárcel, he dado la vuelta al mundo varias veces, pero solo estaré casado una vez, eso lo tengo muy claro”.

Usted se formó como arquitecto en Londres, ¿ya era consciente de la importancia de ser internacional?

La arquitectura es global, no se transporta fácilmente, se aprende sintiéndola, disfrutándola. Es una combinación de valores, de luz, acústica, olor, textura, color, olfato...

¿La arquitectura tiene olor, a qué huelen sus obras?

Por ejemplo, el Centro Botín, que acabamos de inaugurar, está al lado del mar y de los jardines de Pereda. Es una suma de olores, una combinación de todos ellos, y es importante que vayan acompasados con el resto de valores, con una adecuada luz natural, ni mucha ni poca; la textura, el color, la calidez, que se reflejen los cielos... ¿Qué olor emana Madrid? A frescura, a cosmopolita, huele a ciudad próxima, es un olor agradable, a después de un chapuzón. El olor es un sentido, por eso lo introducimos en los edificios, que se puede grabar.

 ¿Qué requisitos ha de tener hoy día un edificio para ser admirado?

Ha de tener una implicación local con elementos globales, debe ser útil y formar parte de un engranaje, ha de llevar un ingrediente cada vez más importante como es la vegetación. Un edificio tiene que tener vocación de formar parte de un barrio, es un eslabón de una ciudad. El mundo se va organizando por ligas de ciudades. El sector financiero se concentra en Londres, Singapur y Nueva York; los centros museísticos están en Madrid, Londres, San Petersburgo, París y Nueva York. En el mundo corporativo, Madrid tiene un reto, hacerse útil. Tiene una gran oportunidad, si es capaz de adaptarse y adecuarse de cara al futuro.

¿Qué planes debe acometer para ello?

Debe haber una transformación de los edificios, sobre todo de los pequeños, que necesitan actualizarse. Por ejemplo, el edificio de Castellana 77 [gestionado por la inmobiliaria GMP y ocupado anteriormente por Saint Gobain], en su época respondió a un modelo concreto, y ahora lo hemos transformado para ofrecer nuevas soluciones y adaptarse a las necesidades del mercado y del futuro. Ahora tiene identidad propia, es una dirección reconocible.

¿Qué demanda el mercado hoy día?

La gente pide espacios comunes, de intercambio, de momentos; una forma de trabajo más flexible, más luz natural, a la vez que espacios más privativos. Hay una transformación, sobre todo en Estados Unidos. Antes eran las empresas las que decían cómo trabajaban sus empleados, ahora es el talento, que es móvil, flexible y global, el que marca a la empresa.

Volviendo a Madrid, ¿tiene realmente opciones de aprovechar la oportunidad del brexit y convertirse en capital financiera?

Tiene que hacerse más útil, porque puede tener la oportunidad de captar empresas que están en Reino Unido, pero solo si es capaz de adecuar su parque inmobiliario. También puede ser candidata a recibir sedes europeas, si somos capaces de transmitir una imagen moderna, dinámica y flexible. Una ciudad debe combinar diferentes elementos, como son los espacios comunes, el transporte público o el ocio, de manera que tenga un uso compartido, que es realmente lo que funciona.

Todos los trabajos que llevan el sello de su estudio reciben reconocimientos, ¿a qué cree que se debe?

No buscamos los premios, pero hemos conseguido con cada edificio al menos un premio. Hacemos los edificios pensando en el usuario, en el dueño, pero también en toda la población que hay alrededor, de manera que se pueda adaptar a todos los cambios, entre ellos el climático. Cuando planteamos la Terminal 2 de Heathrow, decidimos abrir el techo al cielo para que la gente viera que hace sol. Deberíamos recuperar la memoria de nuestros abuelos, sobre todo para evitar el desperdicio energético. Un país puntero como España en energía eólica y solar, debería tener un marco menos regulado para incentivar más su uso.

La crisis inmobiliaria azotó de lleno a los arquitectos, ¿se ha recompuesto el sector?

La profesión tenía un superávit, y si lo analizamos per cápita de los más elevados, y eso es bueno que ocurra, como también sucede en medicina o con la abogacía.Teníamos profesionales con cualificaciones superiores por encima de la media de los países industrializados, y eso permite exportar talento, y es motivo de orgullo. Porque el mundo del futuro pasa por las cuatro ces: competir, que es lo que nos hace mejores, convivir, compartir y conectar.

¿Qué recomendación le daría a un joven que desea seguir sus pasos?

Que conozca mundo, vivir todo tipo de circunstancias y ser permeable. Un arquitecto es un solucionador de problemas, y para eso tiene que entenderlos y sobre todo tiene que saber escuchar.

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