¿Está justificado el castigo del mercado a Popular?

Santander parece ser la única entidad que sigue interesada en el banco

La institución pedirá al BCE medidas de liquidez ante la posibilidad de más salidas de depósitos

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Pánico en Banco Popular y contención de la respiración en el sector financiero español, que el viernes vieron cómo los títulos de la institución que preside Emilio Saracho se desplomaban bajo todo tipo de rumores, como un posible rescate ante el desinterés de sus rivales por su compra, o su posible intervención. “Pero solo son eso, rumores”, insistía un alto ejecutivo de un banco el viernes.

A pesar de que no existían un motivo oficial aparente, según reconocen todas las fuentes consultadas, los títulos de Popular han caído en barrena. Si el jueves fue considerado un día negro para la entidad que preside Emilio Saracho tras caer sus títulos un 17,90%, el viernes el terror se apoderó del valor, que llegó a caer un 27% a partir de las 15:00 horas, tras iniciar la sesión con una subida del 6% y llegar casi al 8%. Al final, logró remontar ligeramente y sus títulos descendieron un 17,4%, para situar el precio de su acción en 0,41 euros, el más bajo de su historia.

Cerró su peor semana con una capitalización de 1.737 millones de euros, cifra que pone al banco a tiro de opa para cualquiera de las principales entidades financieras españolas o internacionales, o incluso para los fondos especulativos, según aseguran varias fuentes financieras consultadas por este periódico. El lunes su capitalización ascendía a más de 2.700 millones de euros.

En las tres últimas sesiones ha cambiado de manos más del 20% del capital, y ha perdido también más del 50% de su capitalización desde principios de año. Ni supervisores, ni expertos del sector, ni tan siquiera posibles interesados en Popular podían explicar el dramático ataque que han sufrido los títulos de la firma que preside Emilio Saracho desde el miércoles pasado.

Las incertidumbres que sobrevuelan sobre su futuro, en el que se espera su próxima venta sin descartar una intervención en los últimos meses explican en gran parte la caída en picado de sus acciones. Pero también el hecho de que se ha convertido en el valor más especulativo del mercado español.

Todas las fuentes consultadas aseguran, de hecho, que inicialmente el desplome de los últimos días de sus títulos obedece más a movimientos especulativos por cierre de posiciones de los hedge funds, o por movimientos de los fondos de alta frecuencia o robots automáticos que dan órdenes de compraventa en milésimas de segundo una vez que la acción traspasa la barrera de precio marcada.

No hay que olvidar que hasta el pasado 26 de mayo los bajistas controlaban el 12,06% del capital de Popular, casi un récord en el banco, solo superado el pasado 28 de abril, cuando estos fondos especulativos sumaban el 12,370%. Este ataque de las posiciones cortas llevó hace más de un año a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) a abrir una investigación para comprobar la procedencia de estos inversores especulativos.

Precisamente, la gestora de fondos internacionales BlackRock ha reducido su participación en Popular desde el 4,09% hasta el 1,775%, según consta en los registros de la CNMV. Concretamente, la compañía se ha desprendido de unos 97,15 millones de acciones de la entidad, de acuerdo con la notificación remitida al supervisor con fecha de 1 de junio.

Desde el banco señalan que no ha habido ningún tipo de novedad que justifique el desplome de su acción estos días. Lo mismo aseguraba el viernes por la mañana el Gobierno en boca del ministro portavoz, Íñigo Méndez de Vigo, quien en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, recordó que Popular pasó las pruebas de estrés del pasado verano y en estos momentos, a pesar de las dudas del mercado, no existe en el Gobierno “ninguna preocupación mayor”.

Insistió en que Popular es un banco privado y el sistema financiero español es de los más sólidos de Europa tras el saneamiento de sus balances de los últimos años.

Aclaró que el titular de Economía, Luis de Guindos, no pudo hacer ningún comentario sobre la situación de Popular el viernes al encontrarse en Washington.

La CNMV, mientras, insistió el viernes en que no había que suspender la cotización del banco, pese al castigo en Bolsa. De hecho, recordó las declaraciones de un día antes del presidente de la Comisión , Sebastián Albella, quien comentó que el órgano supervisor estudia “con atención” la volatilidad de Popular, aunque aseguró que hay que dejar al mercado “seguir funcionando”.

Otras fuentes conocedoras de la situación de Popular coincidieron en que no existía ningún detonante especial en estos días que pudiese provocar el desplome de sus títulos. Incluso potenciales compradores del banco desconocían el detonante de la caída del valor de la firma y lo achacaban más a motivos especulativos.

De cualquier forma, el tiempo corre contra este valor castigado casi diariamente por los mercados, ya que “el efecto bola de nieve es muy normal a la vez que peligroso en una entidad financiera”, recuerda un directivo financiero, que además asegura que a la huida de los accionistas se une la de los depositantes, con lo que el problema se agrava ya que la liquidez, que nunca fue el problema de Popular, puede convertirse en su puntilla si el BCE no le pone remedio. “Y mecanismos para surtir de liquidez a cualquier banco tiene”, añade este directivo.

La semana que comienza se ha convertido ya en crucial para Popular, no solo porque habrá que ver cómo responde el mercado a su ya muy debilitada capitalización, además de sus clientes, sino también porque será clave conocer los apoyos con los que cuenta su presidente tanto entre los accionistas relevantes del banco como de los supervisores, especialmente los europeos, de los que dependen ahora las entidades financieras del continente.

De momento, el martes está prevista, si no se precipita todo, una reunión entre el presidente y consejero delegado de la entidad, Emilio Saracho e Ignacio Sánchez-Asiaín, respectivamente, con directivos del Banco Central Europeo. El objetivo es intentar despejar todas o gran parte de las dudas que se ciernen sobre el futuro de Popular, entre las que se incluyen su posible intervención si no consigue venderse de forma privada en los próximos días. Saracho lleva en su maletín todo un plan de actuación para intentar salvar el banco. Si no logra convencer a las autoridades europeas es posible que decida poner en manos del BCE y del Mecanismo Europeo de Resolución (MUR), con diferencias de actuación y de conceptos entre ambos, el destino de Popular.

El debate, de hecho, se ha producido ya en el seno del consejo de la entidad, aunque su objetivo prioritario es llegar a una solución que sea favorable para los accionistas de la institución que hace una década fue la más solvente y eficiente de España y de Europa.

Inicialmente, Saracho pretendía pedir más tiempo para ejecutar su plan estratégico, que, según afirman fuentes del banco, se está cumpliendo, “aunque las pedradas del mercado están impidiendo su efecto”.

Su reto era reclamar al BCE una ampliación del plazo para conseguir mejorar su ratio de solvencia, hoy en situación ajustada, pero que cumple con las exigencias de los supervisores internacionales. El problema se produciría en 2018, cuando el BCE le reclamará más capital, como al resto de la banca. También pretende o pretendía solicitar medios para evitar que la salida de depósitos pudiera ahogar su liquidez, si bien desde el banco eluden hacer comentarios al respecto. Todo, claro, si el precio que pudieran ofrecer los posibles interesados en comprar Popular, entre los que ya parece que solo se ha quedado Santander, se encontraba muy por debajo del que consideraban los accionistas aceptable en caso de que presentarán ofertas vinculantes.

Pero tras el cierre del valor del viernes a 0,41 euros por acción, difícilmente se podrá reclamar un precio más elevado. Más cuando el riesgo de multimillonarias demandas judiciales por parte de accionistas minoritarios y de relevantes inversores puede echar por tierra las intenciones de compra de posibles interesados. Y eso que Popular cuenta con un colchón para cubrir pérdidas, entre los que pueden incluirse los litigios, de unos 9.000 millones de euros, de los que 4.907 millones de euros corresponden a créditos fiscales, según datos de cierre de 2016.

La posibilidad de que la subasta se quede desierta también ronda entre las especulaciones del mercado. De momento, los posibles interesados deberán presentar sus ofertas el próximo 10 de junio, como estaba previsto inicialmente, aunque el banco esperará unos días más para comprobar si a última hora aparecen más interesados o para intentar convencer a los potenciales compradores para mejorar la oferta.

El banquero de inversión, que nunca pensó que podría ser tan compilado presidir Popular, llevará también incluido en su plan los nuevos resultados de la tasación de los 40.000 activos tóxicos analizados uno a uno en las últimas semanas por una tasadora independiente. De momento, y según los últimos datos que se conocen, la intención de Popular es finalizar este examen el lunes o el martes, una vez que ya se ha examinado el 80% de estos activos que suman en total 36.839 millones de euros.

Según el volumen de activos inmobiliarios ya retasado, las cifras prácticamente se repiten, por lo que la entidad no espera grandes variaciones una vez concluida la tasación. De ahí, que consideran que con una ampliación de capital de unos 3.000 millones a 4.000 millones, cantidad que superaría ampliamente las nuevas necesidades de provisiones, según apuntan fuentes financieras, podría devolverse al mercado la confianza en Popular.

El problema ahora es que si se confirma que destacados inversores del banco plantean demandar a la entidad por las grandes pérdidas sufridas tras la última ampliación de capital, darían al traste también con el plan A (venta) o B ( ampliación de capital) de Saracho.

El banquero también ha presentado al BCE como gesto de aceleración del proceso de saneamiento de Popular, el cambio en menos de 100 días desde que sustituyó a Ángel Ron, del 50% del consejo de administración, ahora gran parte independientes. También argumentará ante el BCE que está cumpliendo el plan de venta de activos no estratégicos. Ha vendido una pequeña financiera de Popular, ha llegado ya a un acuerdo, a falta de su firma, para la venta de su filial estadounidense TotalBank al chileno BCI, y el jueves firmó la venta del 48,8% del capital de TargoBank a su socio francés, que controlaba el 51,2 restante por 65 millones. Además, ha acelerado la venta de inmuebles.

Pese a todo, más de un banquero ha decidido no irse de fin de semana por si se precipita el final de Popular. Aunque, como insisten todas las fuentes consultadas, “no hay motivo de alarma. Lo sucedido el viernes son movimientos especulativos”.

 

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