'Dealer' de arte contemporáneo

Ronald Harrar: “El arte puede ser una buena cartilla de ahorro”

Es una autoridad en el mundo del arte en Nueva York. Se dedica a aconsejar y a conseguir obras para coleccionistas. La paciencia es una de sus virtudes. En breve se instalará en Madrid

Basquiat
Ronald Harrar, en su piso de Nueva York, con la obra 'Love, de Robert Indiana.

Todo comenzó en 2004, cuando él y su esposa Valerie decidieron invertir el dinero recibido como regalos de boda en una obra de arte: una Menina de Manolo Valdés. La pieza ocupa un lugar destacado en el piso neoyorquino de Ronald Harrar (Caracas, Venezuela, 1975), en pleno barrio de Chelsea. Vive rodeado de obras de Anish Kapoor, de Manolo Valdés –con el que mantiene una relación cercana–, de Robert Indiana –con una de sus obras, Love, posa en esta entrevista–, de Takashi Murakami, de Keith Haring, de Lucio Fontana, de Tom Wesselmann, de Elias Crespin...

¿Cuándo decide dejar el negocio familiar de pastelerías y empezar en el mundo del arte?

Me había graduado en gerencia de hostelería en la Universidad de Nueva York (NYU) y la idea era que yo continuara con las pastelerías de mi familia en Venezuela, pero viviendo en esta ciudad me enganché al mundo del arte. En esta ciudad no hay límite por la cantidad de museos, galerías, artistas, subastas. Y empiezo a asistir a ferias internacionales, a intentar conseguir obras, a conocer a los artistas, a buscar las mejores condiciones y términos, y la gente empieza a confiar en mí, sobre todo el grupo familiar y los amigos, que quieren que les asesore cuando van a comprar una pieza de arte.

¿Es un negocio rentable?

Es rentable si se sabe manejar bien, no hay que dejarse llevar por las calenturas del mercado. Lo más importante es comprar la obra que a uno le guste y sobre todo que esté bien de precio, y para eso están los especialistas, para ayudar a que la compra sea un éxito. Uno compra obra de un determinado artista porque piensa que es una buena inversión, y hay que asegurarse de que el artista sobre todo tenga un buen currículo. No apuesto por artistas emergentes.

¿Por qué prefiere a los consolidados?

Les tengo respeto a los jóvenes que venden obras por 15 millones de dólares y que siguen produciendo. Les tengo respeto, pero yo no me meto en ese juego, ya que puede haber especulación y el artista puede hacer algo que no le corresponde. Basquiat vale lo que vale [la pasada semana una obra sin título del artista neoyorquino, fallecido en 1988, batió un nuevo récord al subastarse por 99 millones de euros] porque hay pocas obras suyas.

En los últimos tiempos el coleccionismo ha ido en aumento.

Sí, porque ya no hay que ser exitoso para coleccionar. Ahora hay ferias de arte para todo el mundo. El arte dejó de ser exclusivo, ahora compran arte desde los jóvenes a los mayores. Además, el arte puede ser una cartilla de ahorro, a la que se puede acudir en cualquier momento porque hay mercado para dar salida a cualquier obra. Muchas veces también se venden piezas para mejorar la colección. Yo lo que vendo lo reinvierto de nuevo en obras de mejor nivel. Es una adicción...

De la que no se puede desenganchar.

Es muy difícil. El coleccionista, una vez que ha comprado una pieza, empieza a pensar en la siguiente. Yo estoy pensando en que quiero comprar un Warhol. Suelo comprar unas cuatro o cinco obras, dependiendo del año.

¿La crisis económica ha hecho aflorar mucho arte al mercado?

Sí, pero también hay familias que se divorcian o que el dueño de la colección muere y deciden sacarlas al mercado. Las obras de arte no son de nadie, van cambiando siempre de propietario. Y es una buena manera de diversificar activos patrimoniales. Antes se invertía más en negocio inmobiliario y ahora el arte es una opción más.

¿Cómo se evita la especulación en el arte?

Hay que tener cuidado cómo, qué y de quién se compra. Por ejemplo, puede haber grupos pequeños que compran diez obras de un artista, luego las subastan y controlan el mercado. Pero el mercado no es manipulable.

Nadie sabía quién era el coleccionista japonés [Yusaku Maezawa] hasta que compró el Basquiat. El arte da estatus social

¿Por qué se invierte en arte?

Si te agarra la afición, no puedes salir. Hay gente que compra arte por estatus social, pero el 90% se engancha por afición. El arte te da más prestigio que tener el mejor coche. El coleccionista japonés que ha comprado el Basquiat [se refiere a Yusaku Maezawa, fundador del gigante de comercio online Start Today] nadie sabía quién era hasta que empezó a comprar arte. Se puso en el mapa mundial. Si hubiera comprado el mayor avión o el coche más potente nadie se habría enterado. El arte da estatus social.

¿Los jóvenes están interesados en el coleccionismo?

Con las redes sociales están más expuestos al arte, pero se necesitan fondos. Los que vienen de familias más adineradas ya piden como regalo obras de arte. También es un regalo de moda en las bodas. Para regalar una vajilla o cubertería de plata, mejor una obra de arte que te alegra la casa. Es bonito porque detrás de cada pieza hay una historia de lucha para conseguirla, para que te la den a ti y no a otro, para obtener los recursos. Yo he esperado más de tres años para tener una obra que quería, visitando o escribiendo a la directora de la galería, mostrando un interés formal.

Nueva York es una ciudad competitiva, ¿cómo se consigue la confianza del cliente?

En la ciudad más competitiva hemos conseguido hacernos un nombre, aunque la competencia en el mundo del arte es pequeña y sana. Creo que soy sinónimo de seriedad, profesionalismo y honestidad.

Busca casa en Madrid para abrir negocio, ¿qué pretende aportar al mercado español?

En estos momentos hay una comunidad de Latinoamérica muy interesante; además, hay mucho interés en España por el arte. Voy con mucha humildad, a ver qué puedo aportar y qué me puede aportar a mí. Será una dinámica extraordinaria. Trataré de incorporar sobre todo artistas internacionales a las colecciones existentes y colaborar para empezar nuevas colecciones. Veremos qué nos depara el destino.

Normas