La tecnología que hay tras los cosméticos de Mercadona

La falta de lealtad hacia las marcas trastoca la industria

La tecnología permite responder más rápido a los cambios de mercado

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Proceso de fabricación en la fábrica de RNB Cosméticos.

Unos consumidores cada vez menos fieles a las marcas, que exigen rapidez en un mercado cambiante y que demandan una personalización total de los productos que compran. Estas tres cuestiones traen de cabeza a la industria de la cosmética y la perfumería en España, un sector, como tantos otros, que se ha visto obligado a modernizarse para poder cumplir las expectativas de los clientes y seguir siendo competitivo. Pero, eso sí, con unas particularidades que hacen mucho más complicada esta transformación.

“Nos estamos adaptando a un cambio total de la industria. Los clientes ya no son leales, el mercado demanda productos nuevos constantemente y además de pedirlos, los quiere al momento. Todo ello provoca que tengamos que cambiar todo el proceso de fabricación y distribución”, explica Aurelio Tornero, director general de fábrica de RNB Cosméticos, la empresa proveedora de cremas y perfumes de Mercadona. Por esa razón, tecnologías como la impresión en 3D, la robótica colaborativa, la analítica de datos o la realidad aumentada ya se ven en este tipo de plantas. Uno de los ejemplos que ya ilustran este cambio es el tratamiento de datos, con el objetivo de optimizar al máximo los procesos. “Gracias a la tecnología miramos absolutamente todo: las temperaturas a las que se elabora cada crema, la velocidad a la que se agitan o mezclan los productos, qué ingredientes son realmente significativos... Todo en tiempo real. Así es posible optimizar todo”, prosigue.

Esto también resulta útil, por ejemplo, a la hora de aplicar políticas respetuosas con el medio ambiente, ya que la sostenibilidad es uno de los puntos que más preocupa a los consumidores. “La tecnología también permite obtener medidas estadísticas acerca del consumo de luz, de la limpieza de las máquinas o de si es mejor hacerlas funcionar en paralelo o por separado. Todo es medible”, añade Tornero. Aunque esto es solo el principio. “La principal preocupación que hay en el sector es la gestión de la demanda y poder reaccionar a tiempo ante un cambio de mercado”, cuenta Ana Santiago, consejera delegada de Sisteplant, empresa proveedora de servicios de ingeniería industrial para diferentes sectores, como el cosmético. “Las fábricas más avanzadas ya tienen conectada la demanda con la planta, que trabaja en tiempo real con lo que pide el mercado. Tradicionalmente se hacía todo para dejarlo en stock y a partir de ahí distribuirlo, pero hoy en día ningún producto tiene asegurada la supervivencia, por lo que se intenta fabricar todo a partir de la demanda”, explica.

La tecnología que hay tras los cosméticos de Mercadona

Así lo corrobora Aurelio Tornero. “Nosotros recibimos todos los días las ventas e inventarios de Mercadona. Así, en función del consumo cambiamos o mantenemos la producción. Antes la planificación iba mes a mes, ahora va al día”. Por eso la mayor revolución se encuentra precisamente en este punto, en cómo poder modificar al momento la cadena de producción en función de las ventas. La tecnología también ayuda en este cometido, que Tornero ejemplifica con el orden de preparación de un producto u otro: “Si en la misma máquina haces una crema exfoliante y después una hidratante, entre medias tienes que limpiar. Si el orden es el contrario, no es necesario, ya que la primera es muy suave. Eso la planta lo sabe, y ahorra al mismo tiempo costes y tiempo”.

Recibimos cada día las ventas de Mercadona y así adaptamos la producción

Aurelio Tornero, director de fábrica de RNB Cosméticos

Todo el proceso va encaminado, en gran medida, a la flexibilidad en el servicio. “El mercado exige agilidad y rapidez. Los gustos, las tendencias y el diseño se transforman constantemente. Por eso hay que ser dinámicos a la hora de lanzar nuevos productos, con todo el trabajo que ello conlleva”, cuenta la directora del departamento de adquisición y calidad de Perfumes Loewe, Elisa Rica. Para ello, continúa Ana Santiago, la tecnología también se convierte en una aliada: “Con impresión en 3D se pueden hacer pruebas de prototipado rápido, imprimiendo envases, recipientes, frascos y así ver al momento si se ha acertado o no con el diseño”. “De momento solemos utilizarla solo para modelos. Simulamos botellas o diseños de envases, y así vemos sus dimensiones, cómo encajan entre sí los diferentes elementos que tienen, cómo se ven en un estante como los que hay en los Mercadona, etc.”, ejemplifica Tornero. Se trata, en definitiva, “de amoldarse a las exigencias de los clientes, sabiendo gestionar la información propia y la que proporciona el mercado”, recuerda Rica.

Toda esta automatización supone, asegura Tornero, una gran ventaja. “Tener todo controlado a tiempo real evita disgustos. Por ejemplo, ahora todas las botellas o recipientes se llenan con un control de peso que avisa al momento si hay algún error. Eso antes lo hacía alguien del control de calidad. Ahora, antes de que algo se rompa, es posible modificar un comportamiento”. Pero el potencial en la industria parece ser mucho mayor: “Ya se trabaja en algunas empresas con recipientes que cambian de color cuando el producto caduca. En otras los drones ya hacen el inventario de productos dentro del almacén”, detalla Ana Santiago. Hacia dónde se dirige el sector también parece estar claro, aunque aún queda mucho trabajo por hacer: “Vamos hacia la personalización, hacia las cremas diseñadas para cada cliente, monotorizando al usuario, sabiendo si tiene alergias, cómo le afecta la polución, cuáles son las peculiaridades de su piel...”, afirma Santiago. Son procesos que aún siguen siendo muy costosos y difíciles de llevar a la práctica, pero el objetivo es que cada consumidor pueda adquirir su propia crema o perfume.

Las tareas pendientes del sector

El sector de la cosmética y la perfumería mueve en España en torno a los 6.700 millones de euros de consumo, “más que el vino, el aceite o el calzado”, tal y como explica Oscar Mateo, del área de formación y estudios de mercado de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa). Por eso, con esas cifras no queda otro remedio que innovar continuamente. Y para ello hay que escuchar a los consumidores. En España hay siete millones de conversaciones en redes que hablan de innovación en el sector, “cuatro millones más que en el sector automovilístico. Ahí los clientes hablan de cómo quieren que sean los productos, su tamaño, colores, que respeten al medio ambiente... Hay que tener en cuenta su opinión, porque si no te quedas fuera”. También es importante acabar con todo el mito que hay alrededor de la digitalización, “haciendo hincapié en que el cambio es tan posible de llevar a cabo como necesario”, recuerda Oscar Mateo.

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