Arquitecto

Rafael Moneo: “Ha habido un exceso de construcción masiva en España"

Protagonista de una exposición en el Museo Thyssen de Madrid

La muestra consta de 52 proyectos

Rafael Moneo: “Ha habido un exceso de construcción masiva en España"

Ha sido el primer arquitecto español en obtener, en 1996, el prestigioso premio Pritzker. Rafael Moneo (Tudela, Navarra, 1937) es el protagonista de la exposición, Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2016), que se podrá ver del 4 de abril al 11 de junio en el Museo Thyssen-Bornemisza, que este año cumple 25 años y en cuya rehabilitación del palacio de Villahermosa intervino el arquitecto. Se trata de la primera retrospectiva, coproducida por la Fundación Barrié, el Estudio Rafael Moneo y el Museo Thyssen, en la que se exhiben 52 proyectos de más de medio siglo de trayectoria.

¿Cuál es su aportación a la arquitectura?

Mi trabajo ligado a la enseñanza, haber insistido en lo importante que es reconocer, ver a la arquitectura incluida como actividad cultural más que verla imbuida en los problemas de un determinado momento de la historia. Siempre me ha tocado hacerlo, porque se trata de un trabajo diferente del de otros profesionales.

¿A qué retos se enfrenta su profesión?

La arquitectura siempre ha ido de la mano, porque no ha sido diferente, de las actividades ligadas al trabajo artesanal. Los arquitectos del siglo XIX y XX tienen detrás oficios que pueden darse como desaparecidos. Ese abandono se debe, en parte, a los responsables de la construcción, y eso hace que la arquitectura tenga un carácter diferente. Habría que hacer distinciones entre las diferentes arquitecturas. La construcción de viviendas está en manos de operadores económicos o de producción industrial, que alejan al ciudadano de la arquitectura. El reto es responder al crecimiento de las ciudades, que se ha acelerado en las grandes urbes en los últimos años y en los países en vías de desarrollo en los últimos 25 años. Hay que ver cómo mantener la dignidad de la vivienda e incorporar la demanda de las técnicas que se requieren, en base a los criterios de sostenibilidad. Hoy está en manos de gestores y corporaciones privadas más que de los poderes públicos. Ha pasado a la esfera privada y eso pone en peligro la racionalidad de las viviendas.

¿Se han cometido excesos urbanísticos y arquitectónicos en los últimos años?

Seguramente, pero esperemos que los años que vienen sean menos susceptibles en esos excesos de construcción masiva.

Con la crisis económica, ¿los arquitectos han vivido momentos de gran dureza?

Muchísimo, en todos los sectores ha sido duro, pero los arquitectos lo han vivido muy mal. Lo que se observa es que el oficio de arquitecto va a cambiar, será mucho más difícil ejercer la profesión para las nuevas generaciones que para las anteriores. Los estudios de arquitectura grandes son empresas de proyectos donde la gestión se convierte en un problema en sí mismo. Tampoco será una profesión que desaparezca, el arquitecto seguirá vivo, pero será diferente de los predecesores. Habrá otro tipo de oportunidades para el profesional, desde la escenografía teatral a toda la actividad que contribuya a definir cualquier objeto. Hay que pensar en una educación de la arquitectura de más peso.

La sociedad demanda a los arquitectos determinadas responsabilidades

Rafael Moneo

¿Qué consejo daría a un joven arquitecto?

Es una profesión sensible a la evolución del mercado laboral, y como en cualquier tipo de trabajo extraer aspectos de interés, que un trabajo no impida que se manifieste el talento. Hay que mostrar entrega, ganas y voluntad, y que en la medida de lo posible se elija bien dónde y con quién se quiere estar, porque el aprendizaje no termina en las escuelas. Es importante el acierto de con quién se quiere trabajar, se aprende con los profesionales, con alguien próximo que te inicia en su profesión.

Usted también tuvo que salir de España para abrirse camino.

Yo salí de España para satisfacer una apetencia que no tenía. Eran otros momentos. Yo trabajaba con Sáenz de Oiza, al que no le gustaba compartir los proyectos con los arquitectos que trabajaban con él. Eran los años 60 tenía asalariados y tenía que compartir la obra, y yo busqué a un arquitecto fuera de España con el que pudiera compartir. Si quería tener ocasión de conocer a otro arquitecto que me atrayera, me tenía que ir. También estuve en Roma, la gran escuela de arquitectura.

¿Sigue trabajando, ha pensado en el relevo generacional dentro de su estudio?

Sigo trabajando. Voy al estudio y veo sobre todo dónde cabe algún tipo de mejora o juicio crítico. Me satisface hacerlo. Siempre encuentro un motivo para estar interesado en todos los trabajos. Me interesa sobre todo que se tenga en cuenta lo que una ciudad necesita, una obra tiene que tener su importancia en el marco en el que se produce, ha de integrarse bien. Tengo dos hijas, Belén y Clara, que se dedican a esta profesión, pero por las razones que sean siempre hemos pensado que era mejor que mantuvieran su independencia, que descubrieran sus propios intereses, aunque colaboramos en ocasiones, como en la bodega Descendientes de J. Palacios, en El Bierzo.

Arquitectos cuestionados como Santiago Calatrava [fue condenado a pagar tres millones de euros por los fallos en la construcción del Palacio de Congresos de Oviedo], ¿dañan la imagen de otros colegas?

Cada uno ejerce la profesión como debe hacerlo, pero la sociedad nos atribuye determinadas responsabilidades a los arquitectos. Cuando se producen equivocaciones no solo se debe echar la culpa al arquitecto, porque también interviene el cliente que encarga la obra.

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