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Se lo han pensado mejor: AEB, CECA y Unacc seguirán independientes

La banca está pasando ahora por su peor momento reputacional

Se lo han pensado mejor: AEB, CECA y Unacc seguirán independientes

No pudo ser ni será. Las tras patronales del sector financiero mantendrán su independencia. “En esta ocasión la unión no hace la fuerza. No todas las fusiones supone la creación de una entidad o sociedad más fuerte”, señala el director de una entidad financiera, en alusión al proyecto ahora abandonado de crear una sola patronal financiera. Hace unos años, justo después de que las cajas de ahorros tuvieran que ser rescatadas y su futuro pasaba por su segregación en fundaciones y en bancos, la patronal de estas entidades financieras, la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorros), y la de los bancos tradicionales, la AEB (Asociación Española de Banca), sufrieron una especie de amor odio que les llevó incluso a hablar de su fusión. En alguna cabeza, además, estaba la idea de crear una única patronal para las entidades financieras que incluyera a las cooperativas de crédito y cajas rurales, que ahora se agrupan en la Unacc (Unión Nacional de Cooperativas de Crédito) y Asemecc (Asociación Empresarial de Entidades de Crédito).

La razón era lógica. La reputación de las cajas de ahorros estaba en su peor momento, y tras su transformación en bancos la idiosincrasia del pasado que les había hecho diferentes había desaparecido. Además, las pocas que habían logrado salvarse de su nacionalización y venta (diez incluyendo a Pollença y Ontinyent), habían decidido esconderse entre bambalinas, por lo menos hasta que se apaciguara el temporal.

Los hombres de gris (aunque en gran parte eran mujeres y vestidas con elegantes trajes de colores) provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Central Europeo (BCE) y de la Comisión Europea (CE), que formaban la troika habían impuesto a las pocas cajas que se habían salvado del derrumbe del sector adoptar las mismas reglas de juego que los bancos tradicionales. Conclusión, para qué se necesitaban dos patronales para un mismo sector.

Además, llovía sobre mojado. Hacia un tiempo que la entonces Caja Madrid, presidida por Miguel Blesa, había expresado su deseo de salir de la CECA. Cajamar, aunque era una cooperativa de crédito, también había comentado en más de una ocasión su intención de abandonar la Unacc. Todo ello indicaba que la AEB lograría agrupar a entidades de los tres sectores financieros: bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito.

La AEB, incluso, modificó sus estatutos para dar entrada a entidades de otros sectores.

Pero no ha sido así. La CECA, presidida por Isidro Fainé, no solo ha logrado mantenerse sino que se ha reforzado con la incorporación también de las fundaciones bancarias, las principales accionistas de las antiguas cajas de ahorros. La AEB mantiene a sus mismos socios, los bancos tradicionales. Mientras que la Unacc ha perdido por el camino a alguno que otro, como es el caso de Cajamar y otras pequeñas cajas rurales que se han creado Asemecc.

Fuentes de estas patronales han asegurado que los responsables de AEB y CECA han decidido finalmente abandonar la idea de la fusión porque han comprobado que así hacen más fuerza.

“Es mejor tres que uno a la hora de hacer presión. No solo para presionar ante las autoridades españolas, sino también o más para hacerlo ante las internacionales”, explica un directivos del sector. Y añade: “En AEB y en CECA reclamamos prácticamente lo mismo, vamos de la mano en todas las peticiones u opiniones que realizamos porque las preocupaciones son comunes. Pero hemos llegado a la conclusión de que estar en más foros internacionales nos da más fuerza. Es mejor que los bancos tradicionales estén en la federación bancaria europea y las antiguas cajas en la de las cajas de ahorros, y las cooperativas en la suya. Tus propuestas serán recibidas por tres vías. Además, recogerás ideas, análisis, etc. por varias fuentes”.

En el fondo, además, existe otra razón que pocos confiesan abiertamente. Los bancos asociados a la AEB siguen achacando la crisis bancaria, cuyo rescate ha costado más de 122.000 millones de euros de dinero público según el Tribunal de Cuentas, a las cajas de ahorros. Este mensaje ha vuelto a ser repetido en las últimas semanas en todos los actos en los que algún banquero ha acudido, como en las presentaciones de sus cuentas de resultados correspondientes a 2016. Por ello, prefieren también mantener sus mundos sin mezclar.

Se da la circunstancia de que ahora la reputación de los bancos (entiéndase bancos y antiguas cajas) es peor que nunca. Los españoles tienen ahora una opinión más mala de las entidades financieras que en 2012, cuando hubo que rescatar a las cajas con dinero del contribuyente.

Esta se ha convertido ahora en una de las principales preocupaciones del sector. Además, no encuentran la tecla para parar el avance de esta mala imagen, consecuencia de la avalancha de sentencias de los tribunales contra lo que consideran malas, abusivas o poco transparentes prácticas de los bancos, sobre todo en la comercialización de hipotecas. Y la justicia europea avala los fallos de los jueces españoles.

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