El 'banco malo'

El Gobierno evita que Sareb tenga que ampliar capital

El cambio contable del Gobierno le permite elevar a 5.000 millones sus recursos propios

Sareb
Jaime Echegoyen, presidente de Sareb.

Sareb vuelve a la vida. Gracias a un reciente cambio contable aprobado por el Gobierno, se da viabilidad al proyecto a la vez que se libera al Estado y la banca, sus principales accionistas, del temor a tener que acudir a una pronta ampliación de capital.

El Consejo de Ministros del pasado 2 de diciembre tomó dos medidas clave. Una, la que se llevó el grueso de los titulares, fue la decisión del Gobierno de ampliar dos años más el plazo que tiene el Estado para privatizar las nacionalizadas Bankia y BMN. La otra, que quedó algo eclipsada por la anterior, fue un mero cambio contable pero que tiene enormes consecuencias para la viabilidad de Sareb.

La sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria había visto truncado su proyecto vital, ser una sociedad de liquidación que tratara de saldar en 15 años los activos inmobiliarios tóxicos de la banca rescatada y asistida con dinero público, tras un varapalo normativo del Banco de España. El supervisor requirió que la sociedad retasase toda su cartera de activos y afrontara las minusvalías que encontrara contra resultados, lo que el año pasado acabó consumiendo su capital y le obligó a convertir buena parte de la deuda subordinada con la que nació para apuntalar su solvencia.

En concreto, Sareb se vio obligada a realizar una provisión de 3.012 millones de euros, 2.044 de ellos a cuenta del ejercicio 2015, consumiendo 1.568 millones de capital que se llevaron por delante los 350 millones que le restaban. Para seguir adelante, los accionistas accedieron a convertir en capital 2.170 millones de los 3.600 que habían aportado como deuda subordinada lo que dejó la firma con 953 millones de capital y 1.429 millones en deuda subordinada.

Ante la posibilidad de que en los siguientes ejercicios Santander (con un 17,28% del capital de Sareb), CaixaBank (12,44%), Sabadell (6,93%) y Popular (5,97%), entre otros, como principales accionistas privados, y el FROB (con el 45,01%) por parte del Estado, tuvieran que acabar cubriendo una previsible ampliación de capital, el Ejecutivo tomó cartas en el asunto.

A principios de diciembre, el Gobierno cambió la legislación para que las minusvalías latentes detectadas durante la retasación continua de la cartera que debe realizar Sareb dejen de impactar en sus resultados y puedan afrontarse contra el patrimonio.

Así, Sareb, que prepara en estos momentos sus cuentas de cierre de 2016 y que deberá reexpresar las de 2015 para hacerlas comparables, sumará a sus 950 millones de capital y sus 1.400 millones de deuda subordinada, 2.300 millones que recupera de las provisiones realizadas para afrontar la normativa contable del Banco de España y que pasan ahora a ser recursos propios.

La firma que preside Jaime Echegoyen contará, por tanto, con más de 4.600 millones de euros en recursos propios con los que, solo al final del periodo, en 2028, deberá abordar las minusvalías que se hayan generado durante sus 15 años de vida útil.

Sin perspectivas de lograr beneficio

El cambio normativo, en todo caso, no supondrá que Sareb vaya a entrar en beneficios. La entidad carga con unos importantes gastos financieros –pues compró su carga con deuda pública cuyo interés debe cubrir- y operativos, incluyendo cientos de millones en impuestos, en concepto de IBI o IVA por sus pisos y transacciones.

La entidad, por tanto, seguirá previsiblemente arrojando pérdidas, pues su objetivo nunca fue ganar dinero sino ir saldando los inmuebles heredados de la banca rescatada. Una misión que deberá cumplir para 2028, año que se vuelve a dibujar como un horizonte alcanzable gracias al cambio normativo introducido por el Gobierno, que rellena el tanque de capital del banco malo para su particular travesía por el desierto.

Sareb vende un 20% tras externalizar su gestión comercial

La sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria continuó reduciendo su pesada carga, inicialmente de 51.000 millones de euros en inmuebles, suelos y créditos a promotor de la banca asistida y rescatada. En 2016, el llamado banco malo logró cerrar la venta de 14.000 inmuebles (entre pisos, oficinas y suelos), un 19,6% más que en el ejercicio anterior, apoyándose fundamentalmente en la venta de viviendas a particulares mientras que el mercado mayorista se vio frenado durante los tres primeros cuartos del año ante la parálisis política y la incertidumbre electoral.

La situación provocó que el ritmo de operaciones corporativas se disparara especialmente tras la formación de Gobierno coincidiendo con el último cuarto del año, en el que ya de por sí se eleva tradicionalmente la actividad inmobiliaria pues a la presión de los vendedores por cumplir objetivos se le suma la de los grandes compradores por acabar de invertir lo presupuestado para el ejercicio. En este marco, Sareb logró cerrar en diciembre la venta de la mayor cartera de su historia: Eloise, un paquete con un perímetro inicial de 1.000 millones que quedó rebajado finalmente al entorno de los 600 millones y que se adjudicó Goldman Sachs.

El banco malo ha logrado, de esta forma, reducir su carga tóxica por debajo de los 40.000 millones de euros gracias en buena medida a las campañas comerciales puestas en marcha durante el año y a la externalización de su gestión comercial, pues las plataformas inmobiliarias Altamira, Haya, Solvia y Servihabitat gestionan el grueso de su cartera. Desde su creación, Sareb ha vendido 49.200 inmuebles.

Un modelo para sanear la banca europea

Sareb se ha convertido en un modelo a estudiar para la creación de una suerte de banco malo europeo que la Autoridad Bancaria Europea ha propuesto crear para dar salida a 250.000 millones de euros en préstamos fallidos de la banca europea. En esta línea, el vicepresidente de la Comisión Europea para el Euro y Diálogo Social, Valdis Dombrovskis, reclamó este martes “una acción significativa, decidida y coordinada para acelerar la limpieza de los balances” de los bancos y la creación de “un mercado secundario para estos” créditoso que “podría funcionar a nivel europeo”.

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