Tribuna

Transporte marítimo: certezas y previsiones

Según los últimos datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), 2017 será el año en el que el comercio internacional crezca entre el 1,8% y el 3,1%, frente a una previsión inicial que indicaba un repunte del 3,8%. Lamentablemente, 2016 no ha sido mucho mejor, y frente a unas previsiones iniciales de la OMC que lo situaban en el 2,8%, lo cierto es que terminaremos el ejercicio con un modesto incremento del 1,7%, incluso por debajo de la tasa de PIB estimada a nivel mundial, que se sitúa para este año en el 2,2%

Por tanto, nos encontramos ante el menor ritmo de crecimiento del comercio desde que se desatara la crisis financiera en 2009, y las consecuencias directas de esta situación, al menos para el sector del transporte marítimo, responsable del 90% de los intercambios comerciales que se producen en el planeta, no se han hecho esperar. Actualmente, nos hallamos ante un excedente de capacidad de carga que ha supuesto una fuerte caída en el nivel de precios de las principales rutas marítimas. Esto ha desatado una fuerte competencia entre los principales actores de esta industria, entre los que se cuentan empresas navieras, astilleros y puertos.

Quizás como en ningún otro momento en la historia marítima, 2016 ha sido el marco temporal en el que se ha producido el mayor número de asociaciones y alianzas entre empresas navieras. Y la tendencia no se va a detener en el año venidero. De hecho, 2017 marcará el punto de partida para que la mayor parte de estos nuevos consorcios comiencen a operar. Las mayores compañías del mundo se consolidarán en solo tres grupos principales (la Alianza, Ocean Aliance y el consorcio recién creado 2M+H), con una cuota de mercado superior al 70%, y su poder se hará sentir de diferentes formas, y quizás no todas favorables para los usuarios de este modo de transporte.

Es evidente que la consolidación de estas empresas en un número más reducido de jugadores deparará para sus integrantes un uso más eficiente de sus recursos y, en cierta medida, les blindará de situaciones comprometedoras como la que vivió hace unos meses la naviera surcoreana Hanjing. Hay que recordar que esta empresa, séptima naviera del mundo por capacidad de carga, protagonizó la mayor suspensión de pagos de la historia del transporte marítimo, con un pasivo de 4.500 millones de euros. Asimismo, los nuevos gigantes del mar reformarán su poder de negociación y fijación de precios y aumentarán su presión sobre el resto de agentes económicos que configuran la cadena logística mundial, entre los que, de forma destacada, emergen los puertos y el resto de servicios que se prestan en ellos. Además, como consecuencia de este proceso que aspira a mejorar los ratios de eficiencia de la industria del transporte marítimo, mediante el acceso a economías de escala, el aprovechamiento de sinergias y el fortalecimiento del músculo financiero de las navieras, en 2017 asistiremos a nuevos avances en el proceso ya iniciado de transformación tecnológica de esta industria.

Transformación que no solo afecta al propio diseño y fabricación de los buques, más eficientes desde el punto de vista energético y con mayor capacidad de carga, con el fin de generar ahorros de explotación, sino que va encaminada a mejorar los procedimientos en todos los campos relacionados con el sector.

Nos referimos a la simplificación real de los procedimientos aduaneros en los puertos y la generalización de la información electrónica para la reducción de la carga administrativa que pesa sobre las empresas, lo que se convertirá en adelante en uno de los factores de competitividad más importantes para las empresas con visión exterior. Asimismo, el empleo de plataformas electrónicas para contratar los servicios de transporte relacionados con la exportación y la importación se convertirá en un estándar de operación a nivel mundial, con la posibilidad de acceder a cotizaciones en tiempo real de precios y a la contratación y seguimiento de las mercancías desde cualquier origen y destino en el mundo.

En suma, la senda de cambios y transformaciones por la que avanza el sector marítimo, aparte de incidir en la propia estructura del mercado, apunta también hacia la digitalización del sector. Se trata de una palanca imprescindible para incrementar la eficiencia y la competitividad de una industria clave de la economía, que más pronto que tarde dará como resultado una integración electrónica de todos los actores involucrados: exportadores, importadores, navieras, consolidadores y compañías aéreas, así como proveedores de servicios adicionales, ya se trate del almacenamiento, agentes de aduanas o seguros de transporte internacional. Será el mayor avance en términos de eficiencia que se haya conocido jamás.

Iván Tintoré es presidente ejecutivo de iContainers

 

 

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