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Los puntos flacos de los dictadores

Las revoluciones son como ‘startups’: muchas veces el fundador debe echarse a un lado

Homenaje a Castro en La Habana.
Homenaje a Castro en La Habana.

El carismático Fidel Castro se parecía a otros dictadores paternalistas de derechas y izquierdas en su ego desmesurado, que acabó frustrando a su pueblo. Los cubanos, al igual que otros latinoamericanos, necesitan instituciones más que salvadores.

Castro demuestra que las revoluciones son como startups. Los fundadores suelen tener que quedarse a un lado para que su creación prospere. Cuando el jefe se aferra al poder, el sueño puede marchitarse y morir. La fe en sí mismo que llevó a Castro a pensar en 1956 que un grupo de rebeldes bajo su mando podría derrocar al dictador Fulgencio Batista en un par de años no era tan diferente del “campo de distorsión de la realidad” a veces atribuido a Steve Jobs. Este último tuvo que alejarse de su creación de forma deshonrosa, y acabó volviendo a Apple quizás más sabio. Castro no se movió en cinco décadas.

De hecho, se convirtió en una marca. Ha inspirado a millones de personas a luchar contra la injusticia, y con razón. Las mejoras en salud y educación del castrismo fueron encomiables, y una generación de líderes izquierdistas latinoamericanos más moderados le debe mucho.

Maduro haría un mejor servicio a los pobres aprendiendo de los errores de Fidel Castro e imitando a su hermano Raúl

Pero igual que todos los proveedores de soluciones políticas mágicas, Castro también infantilizó a su pueblo, con restricciones draconianas a la prensa y las libertades individuales, como si solo la figura paterna omnipresente –en Cuba ni se le nombra: basta con mover la mano indicando su barba– lo supiera todo.

El Gobierno cubano. ahora dirigido por su hermano Raúl, de 85 años, afirmó en 2014 que la isla había perdido 110.000 millones de euros en 55 años debido al embargo de EEUU. Según nuestros cálculos, con un sistema de libre mercado Cuba podría haber alcanzado la renta per cápita de Puerto Rico, 25.000 euros, cuatro veces más de lo logrado por la revolución.

El incompetente Nicolás Maduro, que está debilitando enormemente las instituciones y hundiendo la economía de la nación con las mayores reservas de petróleo del mundo, sucedió a Hugo Chávez, que adoraba a Castro. Mientras, Raúl se ha comprometido a dimitir en 2018, terminando por fin con los personalismos. Maduro haría un mejor servicio a los pobres aprendiendo de la debilidad del dictador Fidel e imitando a Raúl.

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