Ciencia

Las recetas de los científicos para salvar su profesión

España destina un 1,25% de su presupuesto a la I+D+i, frente al 2% de Europa

Asuntos comola biomedicina pueden ayudara educar en la ciencia

Las recetas de los científicos para salvar su profesión

Al echar la vista atrás y repasar el historial de los premios Nobel en los distintos ámbitos científicos, solo dos españoles aparecen en la lista: Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa. El resto de galardonados suman una ristra de nacionalidades en la que los estadounidenses, alemanes, franceses, ingleses o japoneses se reparten los primeros puestos. “Esto no se debe a una característica propia de los habitantes de la península Ibérica que nos impida contribuir al progreso de la ciencia. Nuestros últimos hallazgos derivados del desciframiento de los genomas de centenares de españoles desmienten que tengamos un misterioso gen anticiencia”, bromeó el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, Carlos López Otín, durante la presentación, la semana pasada, del número 249 de la revista Claves, en el que se repasan algunos de los obstáculos que la ciencia encuentra en España.

Por eso, descartado el primer dilema, varios científicos explicaron las que, a su juicio, son las principales trabas reales con las que esta disciplina se topa en su camino. Y una de las mayores es la situación de la universidad, cuna de cualquier proceso o trabajo científico. “Yo tuve la suerte de empezar la carrera cuando Franco murió. Desde ese momento, la ciencia en la universidad creció, se fortaleció y se estancó. Ahora es cuando está muriendo”, sentenció el catedrático de Química Orgánica de la Universidad Complutense de Madrid Miguel Ángel Sierra. Y uno de los principales culpables, prosiguió, es la propia universidad, por una parte por el sistema de promoción, “que no premia la meritocracia”, y por otra, continuó su colega y catedrático de Física en la Universidad Autónoma de Madrid, Cayetano López, “por la excesiva burocracia, que termina haciendo mucho más pequeña una financiación que ya de por sí es escasa”.

Esta es, además, una situación que parece no mejorar con el paso del tiempo. José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid, afirmó que el hecho de que la Secretaría de Estado de Ciencia vuelva a estar asociada al Ministerio de Economía no hace más que acrecentar esta situación de escasez de fondos. El presupuesto de España para la I+D+i se sitúa en el 1,25%, frente al 2% de la media europea y el 3% de los países en cabeza en esta materia. El pasado año, España vio reducida un 35% la financiación, lo que supuso una pérdida de entre 12.000 y 15.000 millones de euros en inversión.

No obstante, aunque la producción científica dependa en su mayor parte de la financiación, no todo es dinero. “España llegó a estar en el séptimo y octavo puesto mundial de producción hace muchos años, pero nunca tuvo tanta financiación como los principales países. Por eso es gravísimo que estén dejando caer todo lo que se ha conseguido”.

Sin embargo, esta realidad también denota una oportunidad. “Si a pesar de no haber contado con tantos recursos hemos llegado a los primeros puestos, significa que potencial hay”. Por eso, otra tarea importante de suplir es extraer todo ese potencial que la universidad española, germen y punto de partida, tiene. “Eso se soluciona en gran medida estableciendo planes de estudios duraderos, que no se modifiquen en por lo menos 30 años, y a partir de ahí empezar a ver los frutos”, argumentó Sierra, quien añadió que uno de los grandes errores del mundo científico ha sido pensar “que la sociedad nos debe algo. Si no le decimos a la gente lo que somos y lo que hacemos, no van a apoyarnos ni respaldarnos”.

En este sentido, las ramas científicas tienen hoy una buena oportunidad para reivindicarse. “Los avances y la innovación o el progreso biomédico están llevando a debate ciertos temas de los que, para poder hablar, es necesario tener unos mínimos conocimientos. Por eso es una buena oportunidad para acercarse y educar a la sociedad en la cultura de la ciencia”, explicó López.

La importancia de la igualdad

Como la ciencia es imprescindible para mejorar el mundo, no puede, en opinión de la catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla Adela Muñoz, “prescindir del talento de las mujeres”. Pese a que el aumento de mujeres en el ámbito científico es palpable, en España “no supera el 38%”.

Para hacer más justo el sistema y dar iguales oportunidades, la Comisión Europea recomienda que los comités de evaluación y selección sean mixtos, “o garantizar que los procesos de selección sean abiertos e imparciales. No podemos olvidar que otra de las raíces del problema es la maternidad, y aunque las bajas por maternidad son una propuesta, yo no creo en ellas porque perpetúan la idea de que la crianza es responsabilidad fundamental de las madres”. El problema, prosigue Muñoz, requiere de soluciones más imaginativas, “ya que, por ejemplo en la investigación, un parón prolongado afecta mucho”.

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