Editorial

Sin excusas para el desbloqueo

Sin urnas en el horizonte, se daría el clima ideal para que los partidos políticos tomen las decisiones que les cuesta tomar. Pero lamentablemente nada indica que vaya a ser así

Las elecciones autonómicas celebradas este domingo en el País Vasco y Galicia ya no pueden servir de excusa para superar el peligroso bloqueo político en que España está instalada desde diciembre del año pasado. Si pudieran descartarse unas terceras elecciones generales consecutivas, que por desgracia no, el escenario político estaría despejado de llamadas a las urnas a medio plazo. Es decir, se daría el clima ideal para que los partidos políticos tomen las decisiones que les cuesta tomar porque están inmersos en un electoralismo sin fin. Lamentablemente, nada garantiza que pasado el 25S el panorama vaya a modificarse lo suficiente.

Tanto en Galicia como en el País Vasco salieron reforzados quienes ya ocupaban el Gobierno de la comunidad. Alberto Núñez Feijóo es el claro triunfador de la jornada, y se convierte en el único dirigente regional del PP que disfruta de una cómoda mayoría absoluta. Sale fortalecido, además, de cara a una futura sucesión de Mariano Rajoy. Su perfil es el de un político centrista, buen gestor y no contaminado por la corrupción, condiciones que lo sitúan en el primer plano en el PP. Nada indica, sin embargo, que el relevo de Rajoy esté en un horizonte cercano, a pesar de que probablemente ayudaría a propiciar acuerdos. En cuanto a Iñigo Urkullu, el líder del PNVmantiene una clara mayoría en un mapa político más fragmentado, pero en el que nadie le debería discutir la reelección. Su talante moderado, en un momento en que en Cataluña se impone el rupturismo, es bien valorado por sus votantes y un alivio para la estabilidad del Estado.

El PSOE es claro perdedor de la jornada, aunque el estallido de la crisis interna en plena campaña no hacía prever nada mejor. En Galicia los socialistas no logran resistir el ascenso de En Marea, confluencia en que participa Podemos, y cae a tercera fuerza. En el País Vasco pasan de tercera a cuarta, superada también por Podemos y empatada con el PP. Es un pobre consuelo argumentar que pudo ser peor. Que este varapalo vaya a hacer reconsiderar su postura al secretario general, Pedro Sánchez, instalado en el “no es no” a Rajoy y en buscar una alternativa de izquierdas nada realista, es dudoso. Sí es previsible que las tensiones internas en el partido se redoblen. En cuanto a los partidos emergentes, Podemos puede presumir del doble sorpasso, mientras que Ciudadanos no logra su objetivo de tener alguna presencia parlamentaria en dos comunidades donde nunca tuvo implantación.

Las lecturas en clave nacional no son, entonces, optimistas. Estamos como estábamos: a las puertas de unas terceras elecciones generales en un año, lo que resulta un disparate sin justificación. Hace falta un Gobierno estable, aunque estará obligado a difíciles equilibrios; hace falta una oposición firme y responsable. No los tenemos.

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