Directora general del Colegio Europeo de Madrid

Emma Pérez: “A partir de los seis años se puede enseñar liderazgo”

Dirige este centro docente, en Las Rozas (Madrid), que ha adoptado y personalizado la metodología educativa del estadounidense Glenn Doman. En él hay cerca de 60 profesores y 750 alumnos

Emma Pérez Madorrán, directora general del Colegio Europeo de Madrid
Emma Pérez Madorrán, directora general del Colegio Europeo de Madrid

Embarazada de su primer hijo, Emma Pérez (La Rioja, 1960) comenzó a familiarizarse en Filadelfia (EE UU) con el método educativo de Glenn Doman, basado en la estimulación cerebral de los niños a partir de los tres meses de vida. El objetivo: potenciar y desarrollar su educación desde edades muy tempranas. Tras licenciarse en Magisterio y Psicología y entrar en contacto con este mundillo, llegó a la Escuela Infantil Bebin, fundada por Martine Marsá en Madrid en 1991, de la que hoy es directora general, junto con el Colegio Europeo de Madrid, abierto siete años más tarde, y en los que practican todos estos métodos educativos.

Pregunta. ¿Qué se le puede enseñar a un niño o niña de tres meses de edad?

Respuesta. A través de una propuesta metodológica diferencial, se le puede ir enseñando todo. En España la educación obligatoria comienza a partir de los seis años, pero nosotros empezamos a trabajar mucho antes, desde que acaban las bajas maternales, ya que hay un vacío educativo enorme hasta llegar a esa edad. Muchas familias llevan a sus pequeños a las guarderías para que se los guarden, pero sin una propuesta educativa óptima, el potencial de esos primeros años se pierde.

Los orígenes del método Doman

El método Doman surgió hace más de 50 años en Estados Unidos, cuando el doctor Glenn Doman comenzó a trabajar en el tratamiento de niños con lesiones cerebrales provocadas por accidentes, malformaciones o problemas durante el parto.

Doman consideraba que, si bien es cierto que había neuronas muertas, aún quedaban neuronas vivas que con la estimulación adecuada en una edad temprana podían aprender y establecer las conexiones necesarias para hacer la función de aquellas que ya no estaban. Así, descubrió que si una parte del cerebro podía asumir las funciones de la parte dañada, los niños sin ningún problema cerebral, con la misma estimulación, podrían multiplicar su potencial.

El citado método se pensó en un inicio para que fuesen los propios padres de los chavales quienes lo llevasen a cabo, pero 50 años más tarde varias escuelas e instituciones educativas lo han adoptado y personalizado.

P. ¿Por qué son tan importantes esos primeros años?

R. Es la etapa en la que el desarrollo neuronal y psicológico se convierte en protagonista. Si entre los cero y los seis años hay un potencial descomunal, de los cero a los dos años es muchísimo mayor. Por eso, a partir de los tres meses de vida trabajamos en programas de desarrollo visual, táctil y auditivo. Todo se basa en ir introduciendo información en los niños a través de los sentidos. Por ejemplo, gracias a la música clásica. Pero no cualquiera. Está demostrado que las melodías de Vivaldi y Mozart, o los cantos gregorianos, provocan en los pequeños un impacto receptivo mayor que otras músicas.

P. ¿Qué se logra con todo esto?

R. Estimular a los niños para que desarrollen su potencial mucho antes. La clave es ofrecer oportunidades de aprendizaje en los periodos de máxima plasticidad neuronal, siempre adaptándolos a cada alumno. Biológicamente, un niño no puede aprender a leer antes de que se produzca la fusión del cuerpo calloso del cerebro, pero una vez que esta ocurre, a partir de los tres años puede conseguir leer si recibe los estímulos necesarios y se le enseña para ello. En nuestro caso, se está cubriendo en un 80% el objetivo de lectura a los cuatro años. Incluso hay pequeños de tres, casi siempre niñas, porque su desarrollo del lenguaje es mayor, que ya leen. De la misma forma que otros hasta los cinco o seis años no lo hacen. Y no pasa nada porque aprendan más tarde, pero si pueden hacerlo antes, ¿por qué no aprovecharlo?

P. ¿Y hablar?

R. Aquí nos damos cuenta de lo importantes que son los estímulos externos. Por ejemplo, notamos mucha diferencia entre los niños que están con cuidadoras que se dedican a, únicamente eso, cuidarles, que aquellos que pasan el día con sus abuelas. Estos últimos hablan mucho más. Más allá de esto, algunos de nuestros alumnos dicen algunas pocas palabras, como un saludo, con cuatro meses de edad. Eso ya es algo significativo. El ser humano puede hacer muchas más cosas antes de cumplir tres años de las que creemos.

P. ¿Y después de los seis años?

R. En 1998 fundamos el colegio porque muchos padres lo pidieron para que sus hijos siguiesen, ya que perdían capacidades y no avanzaban tanto en otros centros. A partir de los seis años se pueden empezar a introducir otras habilidades o competencias, como el liderazgo o el emprendimiento, siempre y cuando se trabaje la creatividad y el desarrollo grupal y se dejen de lado los métodos desfasados. El aula de informática, por ejemplo, ya no es necesaria en los colegios. Los ordenadores ya no sirven en las aulas porque los niños son nativos digitales y los conocen desde que nacen.

P. ¿Qué deberían hacer las escuelas?

R. Introducir a los alumnos en el mundo real. Los nuestros trabajan con tabletas desde que tienen dos años como recurso didáctico y desde los cinco, con programas de robótica. Hemos desarrollado, además, un laboratorio digital, llamado European Valley, en el que trabajamos en diferentes proyectos con varias empresas. En él trabajan todos los alumnos, desde infantil hasta bachillerato, en varios proyectos junto a empresas como Microsoft o Telefónica. Por ejemplo, desarrollan una aplicación de viajes y ahí aprenden geografía, programación e idiomas, ya que también tienen que traducir y diseñarla en diferentes lenguas. Como se dijo en el último Foro de Davos, el 65% de los jóvenes trabajarán en profesiones que hoy se desconocen. No sabemos cuáles serán, pero si llegan con la mayor cantidad de competencias desarrolladas, tendrán más posibilidades de éxito.

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