Calzado

Gorila caminará hacia el extranjero en 2017

La firma de calzado para niños cumple 75 años

Un cartel de calzados Gorila de los años sesenta.
Un cartel de calzados Gorila de los años sesenta.

Después de 75 años de andadura y dos propietarios distintos, Gorila celebra su cumpleaños con las miras puestas en la expansión internacional. El consejero delegado, Basilio García, cifra sus esperanzas de viajar a nuevos mercados en obtener como regalo de cumpleaños el olvido la crisis gracias a un incremento de las ventas del 15% en 2017. Ya en 2015, según los datos de la propia compañía, consiguió vender 300.00 pares de zapatos por los que obtuvieron 7 millones de euros en ingresos.

Unos tres cuartos de siglo atrás, la icónica figura de King Kong encaramado a la fachada del Empire State Building no solo se constituyó como un símbolo de la ciudad de Nueva York, sino que también tuvo su correspondencia al otro lado del charco. En plena posguerra española, el taxista mallorquín Jaime Salom tomó al primate más famoso del cine como inspiración para la nueva marca de calzado que había creado: Zapatos Gorila.

“Cuando una madre o un padre toma la decisión de comprar un zapato a sus hijos, busca un calzado resistente que pueda utilizar hasta que se le quede pequeño”, resume García la esencia de la compañía desde su fundación a principios de los años 40. El responsable sostiene que de cara al futuro mantendrán estos “reconocibles valores” de su calzado y los tratarán de combinar con un peso creciente del diseño y de la tecnología en la fabricación de sus productos. Siempre con un mismo leitmotiv: “conservar la actual relación calidad-precio”, explica.

Los 75 años de Gorila no han sido un camino de rosas. Tras la muerte del fundador, en 1991 la compañía fue adquirida por el Grupo Hergar debido a sus problemas económicos y para cumplir con la distribución comprometida. Esto supuso abandonar su Palma natal por una nueva fábrica en La Rioja y llevó a la dirección a Basilio García. Gorila se integró entonces con Callaghan, otra marca española de calzado para adultos, mientras que la mallorquina se especializó en el de los más pequeños.

Las pretensiones de expansión del actual jefe de Gorila conectan con las de su antecesor en los años cincuenta. Entonces, Salom decidió expandir la pequeña fábrica de zapatos de su garaje a la Península Ibérica. La principal baza con la que contaba entonces Gorila era tener la patente en España de un nuevo material que dotaba a sus zapatos de una resistencia especial, por lo que rápidamente se hicieron famosos en todo el país. A eso contribuyó –según explica Coral Cenizo, escritora de un libro conmemorativo sobre la historia de Gorila– una de las primeras campañas de marketing con cuñas de radio y spots en televisión.

De esta época data uno de los iconos de la compañía: las pelotas verdes de goma con un gorila serigrafiado que regalan con cada par de zapatos. El propio consejero delegado aclara que ni el crecimiento ni la futura expansión al extranjero les harán retirar la pelota de sus cajas, fabricadas en su origen con la goma restante de la producción de zapatos. Recuerda que durante la posguerra eran uno de los pocos juguetes que tenían los niños que usaban ese calzado. “Representa el vínculo emocional por el que los padres compran a sus hijos los zapatos Gorila”, comenta.

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