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Ramón Barbero, a la izquierda, e Ivan Monells, socios de Brava Fabrics.
Ramón Barbero, a la izquierda, e Ivan Monells, socios de Brava Fabrics.

Brava Fabrics, las camisas que se ‘tejieron’ en un MBA

Ivan Monells y Ramón Barbero se conocieron en el MBA del Esade en Barcelona.

Sin experiencia previa en el textil, su apuesta por hacer unas camisas diferentes les está saliendo ganadora.

Los MBA están considerados como la formación de referencia para un directivo en potencia. Pero también pueden ser el lugar donde pensar y arrancar un pequeño negocio. Un MBA, en concreto el del Esade, unió a Ramón Barbero e Ivan Monells, socios fundadores de Brava Fabrics, una pequeña empresa de Barcelona cuyas camisas estampadas, ya sean bicicletas o cintas de cassette, tienen carácter propio apenas año y medio después de su creación.

Se trata de prendas con un toque hípster, aunque ellos se desmarcan de cualquier etiqueta respecto a la clientela a la que se dirigen. “Buscamos gustar. Nuestro objetivo no es que el cliente se compre solo una camisa chula, sino que se lleve una Brava para ponerse en un momento especial”, explica Ramón Barbero, de 36 años y economista de formación, dedicado a las tareas de branding. Su socio, Ivan Monells, de 30 años de edad, es ingeniero industrial e informático, y se encarga de los aspectos logísticos y financieros del negocio. Perfiles diferentes pero que, cuando trabajaron juntos en el proyecto de final de máster, percibieron que eran muy complementarios.

De ahí que decidieran iniciar una aventura en común, tras varias experiencias en solitario en negocios online. Estas, como explica Ivan Monells, les sirvieron para aprender y tener las cosas más claras. Entre ellas, que ese nuevo negocio tenía que ser de comercio electrónico. Estudiaron distintos sectores y observaron que la moda masculina tenía un fuerte potencial. “Optamos por las camisas porque es un producto que crea una barrera de entrada. Sabes que no te van a copiar, al menos, en el corto plazo”, dice Ramón Barbero. Reunieron sus ahorros, y con dos créditos para emprendedores, crearon Brava. En principio, el estampado no iba a ser su punto diferencial: “Queríamos hacer camisas distintivas, no necesariamente estampadas. Pero pronto vimos que era lo que tenía más éxito”, explica Barbero, que relata que los diseños que acaban en sus camisas son consensuados por el equipo, formado por tres empleados más y dos colaboradores.

El showroom de Brava se encuentra en el edificio Indiana House, en el barrio de Poble-Nou de Barcelona. ampliar foto
El showroom de Brava se encuentra en el edificio Indiana House, en el barrio de Poble-Nou de Barcelona.

No se consideran una empresa del sector textil, sino una marca de estilo de vida. No siguen a los referentes de la moda, sino a enseñas que han hecho del ecommerce un éxito, como la estadounidense Everlane o la española Hawkers. Una visión online compatible con una sensibilidad por la moda. Todas sus camisas tienen un corte manual, a tijera. Se producen en talleres barceloneses y bajo un precepto de comercio justo.

Este año esperan facturar 600.000 euros, frente a los 150.000 de 2015. El 80% de las ventas se producen en el canal online, mientras que el 15% se reparten entre su showroom barcelonés y diversas campañas de marketing, como los puestos en mercados urbanos. Su presencia el año pasado en el de Palo Alto, en Barcelona, acabó siendo un importante revulsivo para su lanzamiento.

Un crecimiento que les ha permitido elevar el ritmo de producción. Sacan cuatro colecciones al año, ahora de 10.000 prendas cada una pero, cada dos meses, introducen nuevo producto.“Así conseguimos trascender mes a mes, y animamos al cliente a seguir comprando”, comenta Barbero. Camisas de manga corta, bermudas, ropa interior masculina, y vestidos y blusas de mujer completan hoy su oferta, siguiendo siempre la línea que les hace distintos. Su siguiente paso será ampliar capital en 2017.

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